«He vivido la II Guerra Mundial, no puedo ser de ultraderecha»

La galerista alemana Helga de Alvear acaricia el sueño de ver sus 2.800 obras reunidas en un mismo espacio en Extremadura

Helga de Alvear durante la entrevista realizada el pasado miércoles en la sede de la fundación. ::JORGE REY/
Helga de Alvear durante la entrevista realizada el pasado miércoles en la sede de la fundación. ::JORGE REY
CRISTINA NÚÑEZCáceres

La considerada mayor coleccionista de arte contemporáneo de Europa se muestra en las distancias cortas con la misma naturalidad con la que dice haber montado su colección, a base de flechazos, de intuiciones, de enamoramiento. Algo que va mucho más allá del intercambio económico que implica su negocio. Helga de Alvear (Kirn, Alemania, 1936) llega sofocada de pegarse un tour completo por las obras de ampliación del centro de artes visuales Fundación Helga de Alvear, que probablemente se inaugure a finales de este 2019, nueve años después de la apertura de la primera fase, donde se han ido exponiendo parte de sus más de 2.800 obras. Con esta ampliación Helga de Alvear verá sus obras agrupadas en un solo espacio. «Es la ilusión de mi vida y la he cumplido al 100%», reconoce con una sonrisa que no la abandona y con la que habla de arte, pero también de política y de la vida, de la suya propia y de las que la han rodeado. El próximo miércoles la galerista estará en la inauguración de la Feria ARCO de Madrid, en cuyos orígenes también tiene mucho que ver.

–En España hablamos mucho de política. Nos espera una campaña electoral en la que será muy difícil que se le dedique tiempo al arte y la cultura.

–Hay que hablar de ello. Yo creo que en España falta cultura, educación e idiomas. Todo el mundo piensa que por tener esta colección soy rica y tengo que ser de derechas. Pero yo lo digo en todas partes: I have a dream (tengo un sueño), yo quiero que todo el mundo sea igual, sea cual sea su idioma, su color. Yo nací en el año 1936, era muy pequeña cuando empezó la Segunda Guerra Mundial. Teníamos que hacer gimnasia con máscaras de gas. Vivía en un pueblo muy cercano a la frontera de Francia. Ir al colegio era peligroso, teníamos un profesor que vivía en la casa de al lado y nos daba clase. Hay cosas que no se pueden olvidar, íbamos a casa de unos amigos de mis padres a llevarles comida. De pronto nos dijeron que no hacía falta que fuéramos porque se habían ido. Se los habían llevado a un campo de concentración, nunca más los volvimos a ver. Una guerra nunca se olvida. ¿Cómo voy a ser de ultraderecha si he pasado eso de niña?

–¿Es peligrosa la ultraderecha?

–Hombre claro, es muy peligrosa. Mira el señor Donald Trump lo que está haciendo. Afortunadamente hay una senadora que está luchando contra él.

–El año pasado tuvo que enfrentarse a la retirada de una obra de Santiago Sierra llamada 'Presos políticos en la España Contemporánea' en ARCO. ¿Hay mucha censura en el arte?

–Yo soy su galerista y yo tengo que poner lo que me diga el artista. La obra se llamaba 'Presos políticos', si se hubiera llamado 'Políticos presos' nadie se hubiera enterado. Pero eso fue el año pasado, este año llevo a un artista alemán con caballos de madera, y encima ponemos los derechos humanos.

–¿Cuándo empezó su sensibilidad por el arte?

–Yo quería ser pianista, pero mi padre me dijo que de eso no se podía vivir. Y dije, pues entonces idiomas. Me iba a los museos, a las óperas y así poco a poco he ido aprendiendo. Luego llegó la Feria de Basilea y Juana Mordó...

–Todavía hay público al que el arte contemporáneo le resulta incomprensible.

–Hay que aprenderlo. Mi lema es ver, conocer y querer. ¿Tú crees que la gente entendía a Goya antes? La Maja es más fácil, pero hay cosas... ese perro que se asoma... para mí Goya es el primer artista del siglo XXI. Hay que ir a los museos, la gente no va a los museos, la gente da la vuelta y se va. No es fácil entender esto, puedes ir 100 veces, pero tienes que informarte y hacerlo poco a poco.

–El centro insiste mucho en la labor didáctica y pedagógica. Los sábados se los dedican a los niños, que pueden hacer talleres.

–Para mí es lo más bonito que se hace aquí. Los niños no fallan, hay muchos que vienen todos los sábados. Mi nieto, cuando solo tenía tres años, se entusiasmó cuando vio el color de un artista que tenía en la galería. Es importantísimo llevar a los niños a los museos.

«Yo quería ser pianista, pero mi padre me dijo que de eso no se podía vivir, y aprendí idiomas» INICIOS

«Mi lema es ver,conocer y querer,la gente tampoco entendía a Goya, no es fácil» ENTENDER EL ARTE

«Las mujeres tienen que luchar, pero no desde el victimismo, gritar no sirve para nada» FEMINISMO

–Inició su trabajo como galerista en un momento en el que la mujer aún no era frecuente en ciertos perfiles profesionales. ¿Cómo vive el feminismo?

–Yo nunca he notado ningún rechazo. Yo voy a ferias internacionales, compro lo que pago y listo. Expongo lo que quiero, y si a alguien no le gusta que mire para otro lado. Ir a la calle a gritar no sirve para nada. Las mujeres tienen que pedir respeto allá donde estén, empezando por su casa. Tenemos que luchar pero no desde el victimismo.

–¿Por qué vino a España?

–Vine en septiembre del 57 porque quería aprender el cuarto idioma. En seis meses ya hablaba español.

«El primer cuadro lo pagué a plazos de 5.000 pesetas»

Se acuerda nítidamente de cuál fue el primer cuadro que adquirió. Era una obra de Fernando Zóbel, un autor abstracto fundador del Museo de Arte Contemporáneo de Cuenca. «Hace más de 50 años lo pagué a plazos, 5.000 pesetas al mes, que era menos que 100 euros, pero a Juana le pareció muy bien». Se refiere Helga de Alvear a Juana Mordó, su mentora, una destacada galerista y defensora del arte de vanguardia. Helga de Alvear recogió su testigo. «Después de morir Juana estuve limpiando su galería y en un cajón, envuelto en un papel de seda precioso encontré un dibujo de Kandinsky, era un regalo que me había dejado, ella era amiga de la mujer de Kandinsky, Nina, que hizo una exposición y le regaló dos dibujos, le dijo que para sus gastos, eso no sucedería nunca ahora, era del año 21».

El esfuerzo de Helga de Alvear por ubicar su inmenso legado de arte contemporáneo se tradujo en el acuerdo alcanzado con la Junta de Extremadura para ubicar el centro de artes visuales FundaciónHelga de Alvear en la Casa Grande. La inauguración en junio de 2010 de la primera fase del Centro de Artes Visuales fue todo un hito para la ciudad. Tras la obra de ampliación la fundación pasará de 3.000 metros de extensión a 5.000 y 8.000 metros de jardín. Un presupuesto de 10 millones a cargo de la propia fundación y de la Junta extremeña harán posible que el sueño de la galerista se complete.

–¿Qué le pareció España en aquel momento?

–Bueno, me enamoré y entonces ya me gustó todo. Mi marido (el arquitecto Jaime de Alvear) estaba haciendo el barrio de Entrevías, en Madrid, con el padre Llanos. A personas que volvían de otros países y que habían ahorrado por 17.000 pesetas les hacían una casita con un jardín delante y un patio por detrás por si tenían un cerdo o una gallina. Decía que no quería construir pisos, porque la comunicación siempre funciona en un plano horizontal y no de arriba abajo.

«Para comprar para mí, para mi colección, me tengo que enamorar,tener corazonadas» ADQUISICIONES

«Vine en el año 57 para aprender el idioma y luego me enamoré, he sido feliz durante 50 años» ESPAÑA

«Yo no soy de derechas, tengo el sueño de que todo el mundo sea igual, sin importar su color» POLÍTICA

–¿Después de tantos años le ha calado algo el carácter español?

–Ahora ya digo lo que pienso, pero en ciertos momentos he tenido que sonreír por fuera para que no se notara lo que me estaba pasando por dentro. Tres días después de la inauguración del centro de artes visuales, en junio de 2010, murió mi marido, e inmediatamente después me tuve que ir a la feria de Basilea a presentar la fundación con los arquitectos. Fui muy feliz con él 50 años, pero los diez últimos fueron duros porque tenía Parkinson.

–Cuando presenta las exposiciones suele hablar de que se mueve por corazonadas a la hora de comprar sus obras.

–Yo para comprar para mí me tengo que enamorar. Tengo artistas buenísimos en la galería, pero para comprar para la colección me muevo por esas corazonadas. Al principio comprábamos también para que la gente volviera otra vez a ARCO y apoyar a Juana Aizpuru (creadora de esta feria de arte contemporáneo). En esos momentos iniciales compré a la galerista Denise René un Albers, que está ahora colgado aquí, en la fundación. El otro día pregunté en una galería que está haciendo una exposición de Albers por el precio de los cuadros y me dijeron que cinco o seis millones. Yo compré el mío para que la galería, que era la mejor galería francesa, volviera a ARCO el año siguiente, pero algo que no costara mucho. Denise me dijo que algún día costaría mucho dinero, pero para mí era un cuadrado. Ha sido así, poco a poco, como me he hecho coleccionista.