Pueblos que viven del sol

Las fotovoltaicas que se construyen en la región han dejado sin paro a los municipios en los que se asientan

Ana Miranda, en el restaurante de su propiedad La Cantamora, en Usagre. / Pakopí
José M. Martín
JOSÉ M. MARTÍN

La carretera que une Usagre e Hinojosa del Valle es estrecha. Muy estrecha en algunos tramos de los 15 kilómetros que separan estas dos localidades. Tanto que si se cruzan dos vehículos tienen que rozar la vegetación seca que hay a ambos lados de la vía. En pleno mes de junio y con el sol calentando sin descanso el color amarillo predomina, aunque las fincas de olivos o las chumberas repletas de higos aportan otras tonalidades a un paisaje salpicado por tractores y remolques con pacas de paja.

De lo que no hay rastro es de placas solares ni de obras o de camiones que indiquen que entre estos dos pueblos de la provincia de Badajoz se está construyendo la mayor planta fotovoltaica de Europa. Un 'reinado', por otra parte, próximo a finalizar.

Tampoco se nota especial movimiento en las calles. En Hinojosa (489 empadronados) un vecino pasea un perro y, sobre las dos de la tarde, varias madres regresan con sus hijos del colegio. Es día laborable. Nadie más hasta que se empiezan a ver furgonetas de empresas. En Usagre (1.777 habitantes), un grupo de cinco jubilados charla en la plaza. No se ve a más gente. En el interior de los bares la imagen es más desoladora aún. Cerca del mediodía apenas hay clientes en los diferentes establecimientos próximos al ayuntamiento. «Desde hace varios meses no viene la gente del pueblo a tomar las cañas; está todo el mundo trabajando», dice Ana Miranda, propietaria de La Cantamora. Sin embargo, no cambiaría la situación actual. Ahora sirve más de 30 comidas diarias, cuando no solía poner más de dos. Todas a trabajadores de la construcción de la fotovoltaica llegados de fuera. «Nunca hemos tenido tanta gente para comer», reconoce mientras Bibiana Ruano, su madre, asiente al salir de la cocina y canta el menú: gazpacho, sopa, espinacas y pollo con salsa de naranja. «Dos primeros y dos segundos, siete euros y medio, con postre y bebida», informa la cocinera.

La hostelería y el sector inmobiliario son los que más están sintiendo las obras de la fotovoltaica. Encontrar un piso de alquiler en estos municipios es prácticamente imposible desde que empezó la construcción. «No hay nada para alquilar en el pueblo», comenta Dionisio Rosario, propietario del restaurante Ataíle, que tiene más de 60 comensales diarios en su local de Hinojosa entre las dos y las tres de la tarde.

La oferta de vivienda en alquiler en Usagre, que no es elevada, también se encuentra agotada. Los precios varían dependiendo del tipo de arrendamiento. Los pisos de tres dormitorios están sobre los 200 euros y las habitaciones sueltas rondan los cien euros, según Telesforo Prior, que tiene un pequeño estudio de arquitectura y hace algún servicio de inmobiliaria.

La nota común es que las empresas se encargan de buscar alojamiento a sus trabajadores. «Nosotros no pagamos nada, no sabemos ni lo que cuesta el alquiler», señala Juan Antonio Amador, mientras espera su comida.

Él lleva desde enero residiendo en Hinojosa del Valle y está comiendo por última vez, al menos de momento, en Ataíle. «Nos dedicamos al hincado de los postes y ya hemos terminado», comenta este trabajador que tiene su domicilio habitual en Puertollano (Ciudad Real).

El gran volumen de empleo que genera la planta hace que el aumento de población repercuta en todos los pueblos de la zona, tanto en la comarcas de Tierra de Barros como en la Campiña Sur. Iberdrola, responsable de la construcción, cifra en más de mil personas las que trabajarán en la instalación antes de su puesta en marcha en 2020.

Los trabajos en las plantas que construye Endesa en Logrosán y en Talarrubias y Casas de Don Pedro están cerca de terminar. :
Los trabajos en las plantas que construye Endesa en Logrosán y en Talarrubias y Casas de Don Pedro están cerca de terminar. : / Armando Méndez

De hecho, las pequeñas localidadades en cuyo término municipal se asienta esta gran fotovoltaica no son las preferidas por los trabajadores. «La gente quiere Zafra, principalmente», asegura Luis Hernández, propietario de la inmobiliaria Alfa. Este núcleo de población es el más grande la zona, supera los 16.000 vecinos, y los alquileres son más caros: entre 300 y 350 euros. «El 90% están ocupados», certifica Hernández. Localidades del entorno, como Los Santos de Maimona, Puebla de Sancho Pérez o Fuente de Cantos también acogen a trabajadores.

Además, no solo se ocupan las casas, también las pensiones y hostales. «Nosotros estamos en una pensión en Calzadilla de los Barros (otro de los municipios cercanos)», detalla Miguel, sevillano. Su empresa, Pozosol, se dedica a las perforaciones que se realizan en el terreno, por lo que sus periodos de trabajo en Extremadura son más cortos. «Estamos un mes, por lo que no nos alquilan viviendas», añade.

La situación se repite en otras zonas en las que se están construyendo parques fotovoltaicos. «Ahora mismo es dificilísimo encontrar un piso en Logrosán», en palabras de Juan Carlos Hernández, alcalde de este municipio (2.015 habitantes), donde se están realizando tres plantas. «Se han llenado todos los alquileres», comenta Antonio García, alcalde de Talarrubias (3.420 habitantes), localidad con otras tres obras en marcha.

Seis de los parques fotovoltaicos situados en las comarcas de Las Villuercas (Cáceres) y La Siberia (Badajoz), que también ocupan parte del término municipal de Casas de Don Pedro (1.483 habitantes), son propiedad de Enel Green Power, la división de energías renovables de Endesa. Esta empresa cifra en más de 1.300 empleos los que van a generar las instalaciones, cuyas obras están muy próximas a finalizar.

Sin paro

Igualmente, coinciden los ediles a la hora de analizar los datos de paro de las localidades. «Todo el mundo que quiere trabajar lo está haciendo», es la frase, con leves variaciones, que utilizan.

En el bar Ataíle confirman este punto y su dueño asegura que hasta su bar se acercan responsables de recursos humanos de algunas empresas para saber si conoce a alguien que pueda trabajar. «Hacen falta puestos poco especializados y están tirando de todo el que quiera venir hasta aquí», apostilla.

El primer edil de Logrosán va más lejos. «Estamos en los mejores datos de empleo de hace más de diez años», puntualiza, y detalla que en algunos sectores es muy difícil encontrar a alguien que no esté empleado.

Una de las vecinas de este municipio que abandonó el paro es Anabel Guillermo. Comenzó en enero en las tareas de montaje de las estructuras. Antes de firmar el contrato realizó una formación específica que impartió Endesa. Ella está dentro del 15% de mujeres que hay en la plantilla, según la eléctrica, que también aporta que cerca de un 80% de los empleados son extremeños.

Susana López dejó el paro en marzo y trabaja en hostelería.
Susana López dejó el paro en marzo y trabaja en hostelería. / Pakopí.

El perfil de Anabel es más técnico, por lo que su jornada se extiende más que la de otros compañeros. «El trabajo es duro y estamos más de doce horas», reconoce esta empleada.

Para favorecer la contratación en los municipios y que los trabajadores tengan unas nociones mínimas de su labor y de las normas de prevención de riesgos laborales, los consistorios en colaboración con las empresas organizaron cursos formativos en varias localidades.

Los ayuntamientos han actuado, y lo siguen haciendo, como agencias de contratación y como inmobiliarias. Han tratado de facilitar a las empresas las labores de búsqueda de viviendas para los trabajadores y recogido los contactos a las personas que tenían propiedades en alquiler. Al entrar en el consistorio de Usagre, que ha cambiado de alcalde tras las elecciones del pasado 26 de mayo, se puede ver algún currículo sobre el mostrador que separa las mesas de la zona de atención a los ciudadanos. El alcalde de Talarrubias confirma que la empresa X-Elio, promotora de dos de los proyectos en su término municipal, les ha pedido recientemente 15 currículos.

La construcción de los parques fotovoltaicos es la tarea que más empleo genera en las comarcas. Pero no la única. Susana López llevaba mucho tiempo en paro y desde el mes de marzo tiene un trabajo a media jornada en la cocina del restaurante Ataíle. Ana Miranda, en La Cantamora, también ha contratado a un camarero para las horas más fuertes del día.

Incluso hay negocios de hostelería que se han adaptado a las posibilidades que ofrece el aumento de potenciales clientes. Sandra Viejo, dueña del bar Casino, de Hinojosa del Valle, decidió hace tres meses incluir un menú a la hora de comer. De momento está cerca de las 20 comidas diarias. «Los viernes y los sábados, alguna más», expone.

Otros sectores, por el contrario, no están atrayendo a una mayor clientela pese al mayor número de vecinos. Al menos directamente, aunque siempre es positivo que haya más dinero en circulación. Las tiendas de alimentación apenas notan la construcción de las fotovoltaicas. «La inmensa mayoría de los trabajadores que vienen de fuera son hombres y comen fuera de casa; si vinieran familias sí habría un aumento de las ventas», explica el responsable del comercio Mari Carmen Benito.

Los trabajadores achacan más al horario y a los precios de los menús su elección de comer fuera. «Salimos a las dos y volvemos a entrar a las tres y media; no tendríamos tiempo de cocinar y las comidas están muy bien», admite Amador.

Los alcaldes coinciden, todo el que quiere trabajar lo está haciendo

El estanco y la farmacia tampoco están incrementando notablemente sus ventas. En el primero sí tienen controladas a cuatro o cinco personas de fuera de la localidad que acuden a última hora de la tarde a comprar tabaco. «Apenas un par de recetas más», dice la farmacéutica desde detrás del mostrador.

Impuestos

Los beneficios de las plantas para los pueblos también alcanzan a las arcas municipales a través del ICIO (Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras) y del canon urbanístico. Estos fueron utilizados por algunos ayuntamientos para proponer una bonificación sobre los mismos a cambio de favorecer las contrataciones de sus vecinos. Una vez que los parques empiecen a producir energía, las empresas también tendrán que hacer frente al IAE (Impuesto sobre Actividades Económicas) y el IBICE (Impuesto sobre Bienes Inmuebles de Características Especiales).

Todos ellos repercutirán en los presupuestos de los municipios. «Nos darán un mayor desahogo», entiende el alcalde de Talarrubias, que no ha calculado las cuantías exactas, pero sí tiene previsto destinar parte de los ingresos a «las canalizaciones y otros gastos para desarrollar unas cien hectáreas de regadío que sirvan para asentar población».

En Fuente del Maestre (6.778 habitantes) está prevista la construcción de una planta fotovoltaica y hay otra en funcionamiento. «El dinero se invertirá en la ampliación del polígono industrial», informa su alcalde, Juan Antonio Barrios.

También saben lo que es recibir impuestos de las renovables en Logrosán, donde hay una termosolar. «Nuevas inversiones y servicios sociales son los principales destinos del dinero», según Hernández, que resume el sentir general al admitir que «creemos que nuestro término municipal podría servir para otros proyectos renovables».

Los campos que se extienden a ambos lados de la carretera que une Hinojosa y Usagre también parecen un buen lugar para instalar más paneles. «Ojalá haya obras durante mucho tiempo», espera Viejo tras la barra de su bar.

Por el momento, en Aldeacentenera y Torrecillas de la Tiesa (Cáceres) se ha anunciado una nueva gran fotovoltaica. No será la única y muchos pueblos extremeños esperan ser los agraciados.

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