El olivar intensivo inunda Extremadura

La superficie de este cultivo en regadío ha crecido un 53% en el último lustro | Los últimos datos oficiales hablan de 22.800 hectáreas, casi todas en parcelas donde antes se sembraban frutales, maíz o tomate

La superficie de olivos en intensivo y superintensivo ha crecido un 53% en Extremadura entre 2014 y 2018 / BRÍGIDO
Celestino J. Vinagre
CELESTINO J. VINAGRE

El olivar echa raíces en las mejores tierras de Extremadura. Su cultivo en regadío, bien en régimen intensivo y, sobre todo, en superintensivo, ha experimentado un crecimiento espectacular en los últimos cinco años. Tradicionales parcelas que antes ocupaban frutales, maíz o tomate empiezan a ser dominadas por decenas de olivos que en menos de dos años empiezan a dar sus primeras aceitunas gracias al aporte regular de agua y fertilizantes. Un panorama muy alejado del que caracteriza al olivar de secano, que aún sigue siendo mayoritario en la comunidad autónoma.

«La demanda mundial de aceite va creciendo. La productividad del superintensivo es mucho mayor y los costes muy inferiores respecto a los de secano. Eso explica por qué ha crecido tanto», resume José María Guerrero Pérez, de 38 años. Agricultor de La Zarza, en la comarca de Mérida. Tiene 42 hectáreas para ganarse la vida. Cada una supone una inversión inicial de 6.000 euros. En el paraje de La Dehesilla, en el término municipal de Alange, cuenta con nueve hectáreas de superintensivo en producción. Otras ocho plantará en breve. En cada hectárea hay una media es de 1.900 plantas.

Su parcela en La Dehesilla es el típico ejemplo del sistema de olivar superintensivo o en seto, con una densidad de entre 1.000 y 2.000 árboles por hectárea, que se recogen íntegramente con cosechadora y cuya vida útil es de aproximadamente quince años. Cada hectárea de superintensivo tiene un consumo de entre 2.000 y 3.000 metros cúbicos de agua, concreta el agricultor zarceño.

Mientras, en el olivar intensivo la densidad de los árboles es de entre 200 y 600 por hectárea, con una vida útil de producción que se duplica como mínima. También la recolección es mecanizada.

Frente a ellos aparece el sistema tradicional de olivar, el del secano aunque tenga aporte ocasional de agua. El más extendido no solo en España sino en Italia o Grecia. Un cultivo con baja densidad de árboles, entre 80 y 120 por hectárea. La recogida del fruto es manual en la mayoría de los casos. Los árboles cuentan con decenas de años e incluso con siglos de vida. Extremadura es la tercera comunidad autónoma del país con mayor cantidad total de superficie de olivar.

«La diferencia entre los sistemas de secano y los dos de regadío (intensivo/superintensivo) está en la rentabilidad, apuntala Guerrero. Reseña que al año y medio empiezan a producir en superintensivo. La media en esa fase inicial es unos 4.000 kilos de aceituna por hectárea. En fase adulta pueden dar 17.000 «pero no hay que mirar la productividad por aceituna sino por aceite, una media de 2.400 kilos de aceite por hectárea, aunque con 2.100 kilos ya empieza a ser una cantidad interesante», sostiene.

El agricultor de La Zarza cuantifica las diferencias de costes de forma resumida. «Hablando en pesetas, el coste por hectárea en el caso del superintensivo es de 5 pesetas. En el caso del olivo tradicional oscila entre 7 y 10 digamos en zonas llanas pero se eleva a 25 pesetas en el caso del olivar de secano que está en zonas montañosas o de pendientes», subraya.

José María Guerrero verifica el goteo en su olivar superintensivo ubicado en el paraje La Dehesilla, en el término municipal de Alange, en las vegas del río Matachel. ::
José María Guerrero verifica el goteo en su olivar superintensivo ubicado en el paraje La Dehesilla, en el término municipal de Alange, en las vegas del río Matachel. :: / Brígido

Inversión

Con estos parámetros se entiende mejor por qué la superficie de olivos en intensivo y superintensivo ha crecido un 53% en Extremadura entre 2014 y 2018.

Según datos oficiales aportados a HOY por la Consejería de Medio Ambiente y Políticas Agrarias, en 2014 la superficie de olivar de secano en Extremadura alcanzaba las 194.680,3 1 hectáreas. La de regadío era entonces de 14.969,92.

En 2018, Agricultura indica que el olivar de secano ocupaba 193,027,3 hectáreas mientras que el que estaba cultivado en riego llegaba ya a las 22.832,27 hectáreas.

En cambio, en ese mismo espacio de tiempo, las hectáreas de secano se han reducido en 1.500 (han caído un 1%).

Ese espectacular aumento del superintensivo explica básicamente otra cifra ilustrativa. La media de la producción de aceite de oliva en Extremadura en las últimas seis campañas es de 51.553 toneladas. En la pasada campaña la producción se situaba, con dato cerrado a marzo, en 71.087. Esto es, un 37,9% más que la media del último sexenio, según la estadística recogida por Cooperativas Agro-alimentarias de España.

«Ha habido unos años con rentabilidad alta en el olivar y eso ha posibilitado que muchos hayan puesto árboles en superintensivo. Pero no solo agricultores. Durante la crisis ha habido capital externo al sector olivarero que ha decidido desembarcar e invertir en el superintensivo», relata Fabián Gordillo. Es el responsable de la sectorial de olivar de Cooperativas-Agroalimentarias de Extremadura.

Labores de poda del olivar para controlar su crecimiento. ::
Labores de poda del olivar para controlar su crecimiento. :: / BRÍGIDO

«Otros cultivos de regadío no tienen una rentabilidad tan alta como el olivo de riego. Y este tipo de olivar supone un tercio menos de coste que el tradicional de secano. En el secano sacar un kilo de aceite cuesta entre 2,5 y 2,8 euros/kilo. En el intensivo/superintensivo, entre 0,9 y 1,2 euros kilo. Además el de secano necesita como poco quince años para empezar a producir, el de regadío ya lo hace en el segundo», expresa Antonio Prieto, responsable del sector del olivar de UPA-UCE.

«El mercado ahora está absorbiendo toda el aceite producido por las nuevas hectáreas de regadío puestas en España y singularmente en Extremadura. Aunque eso no significa que tengamos que seguir abriendo mercados», puntualiza.

José Pino, gerente de la cooperativa La Unidad, de Monterrubio de La Serena, una de las grandes zonas productoras de aceite de oliva del país, explica que el intensivo/superintensivo tiene la ventaja particular de que se recogen las aceitunas más temprano. «Es mejor cogerlas en octubre que a finales de diciembre porque se coge más verde y aunque no tengamos unos rendimientos más altos se consigue mejor calidad. El olivo lo gana porque está más aliviado para los meses del invierno. Si está cargado y hay heladas dificulta la próxima floración».

El secano, a su juicio, tiene un valor concreto. «Ofrece un tipo de producto diferente, con variedades diferentes. El aceite de regadío es más homogéneo, el de secano, no. Lo que tenemos que hacer es defender un olivar diferencial en el caso de Monterrubio», matiza Pino.

Diferenciar producto

Fabián Gordillo, que es gerente de la cooperativa Virgen de La Estrella de Los Santos de Maimona, que comercializa uno de los más conocidos aceites extremeños, introduce otro aspecto en el debate sobre el presente del cultivo del olivar.

«La región tiene espacio de sobra para compartir olivar tradicional y de regadío. Es cierto que donde hay posibilidades de riego sustituye el olivar tradicional porque es más rentable pero también es cierto que el superintensivo no lo puede poner mucha gente en Extremadura. Hay zonas en las que no es posible aunque se quiera», remata Gordillo.

Junto a eso enfatiza que el olivar tradicional se está intensificando. «No quiere decir que se ponga riego de apoyo sino que están poniendo más pies por hectárea. Si ahora hay 60 y puede llegar a los 120, se llega», finaliza.

El olivar se encuentra en estos momentos en plena floración. ::
El olivar se encuentra en estos momentos en plena floración. :: / Brígido

La conclusión por parte del representante de Cooperativas Agro-alimentarias de Extremadura es que Extremadura debe «apostar por un cultivo que pueda llegar a ser rentable pero también diferenciador y el olivar de secano tampoco se puede dejar perder». En este sentido, Prieto considera que el olivar tradicional no puede desaparecer para que a su vez no se eliminen pequeñas explotaciones familiares.

Alberto Carrillo, gerente del grupo cooperativo Viñaoliva, reflexiona sobre el camino a seguir. Viñaoliva es la mayor productora de aceite de oliva de Extremadura, con un volumen medio anual de 10 millones de kilos. Es el grupo extremeño que más facturó (92,4 millones de euros) en el 2017, el último con facturación conocida.

«Hay que preguntarse qué posicionamiento quiere tener Extremadura dentro del mercado de la producción de aceite. O una estrategia diferenciadora, que debe ser la de la calidad del aceite, o una basada exclusivamente en reducción de coste. Mi impresión es que tenemos que buscar aceites de calidad, sostenibles medioambientalmente, porque no somos aún muy eficientes en el tema del coste. Nuestra debilidad está en la estructura empresarial, no en el campo», sentencia.

Viñaoliva ha firmado un acuerdo con la multinacional Deoleo para comercializar aceite virgen extra sostenible de Extremadura. Deoleo es la compañía de marcas como Carbonell, Hojiblanca o Koipe.

Carrillo matiza que «no son incompatibles» para el objetivo de calidad el olivar en regadío y el de secano aunque advierte que este último debe reconvertirse para seguir adelante. «El debate está más en el sistema de producción y en el implementación de procedimientos que mejoren la calidad del producto. En realidad, no solo estamos hablando de mejorar la producción sino también la promoción. Debemos vender al mundo no solo que producimos bien sino que lo hacemos protegiendo el medio ambiente».

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