EXTREMEÑOS DE HOY 2018
CAPÍTULO 3- LA CRÓNICA

Cuando el HOY venía con el pan

En el antiguo Capitol, la gala funcionó como un estreno lleno de intriga, emoción e ironía

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Cuando Ana Peláez era una niña y el HOY llegaba a su casa cada mañana con el pan, en Cáceres había un cine llamado Capitol al que iban a ver películas Pedro Almodóvar, tras comerse una bamba de crema en la pastelería Isa, las internas de la Laboral y los soldados del CIR número 3 tras bajarse de decenas de autobuses que los traían a la ciudad.

En aquel tiempo, Ana Peláez vivía en Zafra y empezaba una historia de superación que la ha llevado a ser la primera mujer con discapacidad que forma parte del Comité de la ONU Contra la Discriminación de la Mujer. Lo que no imaginaba Ana era que algún día aparecería en aquel periódico que llegaba a su casa con el pan. Sucedió muchos años después, justo cuando el periodista Antonio Tinoco le hizo, en palabras de Ana, «la entrevista que mejor ha reflejado mi espíritu y mis ideas».

Cuando el HOY llegaba a casa con el pan, se levantó en Cáceres el cine Capitol: era el año 1947 y lo había diseñado el arquitecto Luis Martínez Feduchi, responsable del cine Capitol de la Gran Vía madrileña, del que tomaría el nombre. Ya se había descubierto en esos años la cueva de Maltravieso, aunque los cacereños sabían muy poco de ella. Pero ya ven, 70 años después, gracias al entusiasmo de Isidro Timón y Amelia David, aquel cine Capitol y aquella cueva del Paleolítico han unido sus destinos en un proyecto cultural llamado Sala Maltravieso-Capitol que el pasado jueves acogía la edición número 30 de Extremeños de HOY.

El ambiente en la calle Sancti Spiritus de Cáceres recordaba las bulliciosas tardes de los 70 con los reclutas, las internas de la Laboral y Pedro Almodóvar y sus amigos aguardando la sesión continua

Así que daban las ocho de la noche del pasado jueves y la calle Sancti Spiritus de Cáceres se convertía en un remedo de las bulliciosas tardes dominicales de los 70. Un gentío expectante aguardaba no el comienzo de la película, sino el inicio de la gala... Y allí estaba Ana Peláez, haciendo realidad lo inimaginable: ser reconocida, ella y su voluntad esforzada, por aquel diario que llegaba a su casa cada mañana con el pan.

Hace medio siglo, en el antiguo cine Capitol, las emociones se sucedían convertidas en coreografías inolvidables: si había besos, el público pitaba; si aparecía el bueno, aplaudía, y si cabalgaba el Séptimo de Caballería, el cine entero estallaba en un griterío ensordecedor: «¡I, i, i, o, o, o!». El pasado jueves, la nostalgia y los recuerdos se sustanciaron en correctos aplausos que escondían una emoción tan intensa como controlada. No era cuestión de gritar ¡i, i, o, o!, pero en algunos momentos sentimos ganas de volver a ser niños y de manifestarnos sin comedimientos. Por ejemplo, cuando Ana Peláez dedicó su premio con voz entrecortada a las mujeres y a los niños extremeños con discapacidad... Por ejemplo, cuando el llerenense Álvaro Martín, campeón de Europa de marcha, proclamó: «Os prometo que haré todo lo que esté en mi mano para conseguir lo que necesita Extremadura». Por ejemplo, cuando el cantautor Pablo Guerrero, tercer Extremeño de HOY de la noche, nos dijo en verso que, además de vivir en una tierra de luna y sentir la soledad de las viejas encinas, los extremeños pertenecemos a la raza de los enamorados.

La gala había comenzado «de cine». Javier Moreno Romagueras, responsable técnico de un espectáculo que, como cada año, funcionó con sincronía de reloj suizo, dio pie desde el patio de butacas al presentador, Carlos Pajuelo, responsable del blog de HOY «Escuela de Padres», que apareció en la gran pantalla como si fuera Gary Cooper en las sesión de tarde del Capitol y, solo ante el peligro, paseó por la cacereña plaza de Santa María hablando de rigor y de calidad periodística, consiguiendo atrapar en la oscuridad de la sala a un público que ya no dejó de sentir un «i, i, o, o» interior hasta el final de la noche.

El mago Jorge Luengo obraba el milagro de dejar boquiabierta a lo más granado de la sociedad extremeña con un ilusionismo eficaz, que Pajuelo resumía en una frase feliz: «Este mago es capaz de hacer que un niño coma brócoli». Y tras la admiración incrédula, la reflexión lúcida: Manuela Martín, directora de HOY, se estrenaba sobre el escenario de la gala. En su discurso, palabras como palancas, conceptos como pilares, ideas convertidas en motivos para creer en el periodismo: la búsqueda de la verdad como razón de ser, la seriedad, la autenticidad, la reivindicación, la diversidad, la apertura a todas las voces...

Manuela tiene en su haber algo que consiguen muy pocos: su trayectoria periodística ha conseguido que sea conocida solo por su nombre. En Extremadura, desde hace mucho, basta decir Manuela para que casi todo el mundo sepa a quién te refieres. Con ese bagaje, el final de su discurso fue tan motivador como el de Henry Fonda en «Las uvas de la ira» proyectado en la pantalla del Capitol en los años 40. Dijo Manuela que un periódico está hecho de manera crítica o no es un periódico y anunció que los diarios serios y creíbles como HOY saldrán más fuertes de este momento de crisis de la información y proliferación de noticias falsas porque los ciudadanos están empezando a detectar dónde está la verdad y dónde está el engaño.

«De HOY, amigos, se pueden ustedes fiar», redondeaba la directora del periódico su intervención y daba paso a la alcaldesa de Cáceres, Elena Nevado, reivindicativa para su ciudad, crítica con lo que no le gusta y clamando con énfasis contra quienes antes estaban con el megáfono reclamando un tren digno y ahora no tanto.

Fue el momento dramático de la noche, al que sucedió cierta intriga al anunciarse la subida al estrado del Presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara. «¿Será Vara el señor del megáfono?», se preguntaba un caballero sentado en las últimas filas de la sala. Si lo era, no se dio por aludido, retomó el hilo reflexivo de la gala y habló de agradecimiento a Vocento y a HOY por haber dado siempre voz a las reivindicaciones de los extremeños. Reconoció que sin este periódico, el camino autonómico desde 1983 no habría sido igual y reclamó la necesidad de contar seriamente las noticias y de que el periodismo sea sosegado y crítico. Para Fernández Vara, por encima de lo digital, están las libertades de prensa y expresión y entre sus motivos de orgullo está el vivir en una región con un buen periódico: HOY.

Jorge Luengo durante una de sus actuaciones con un cuenco tibetano

Descendía el presidente del escenario y los espectadores de la sala Capitol-Maltravieso pedían relax tras la tensión y la reflexión. Apetecía la ironía y esta llegó cuando el mago Jorge Luengo paseó un cuenco tibetano por el patio de butacas buscando un espectador que extrajera de él sonidos armónicos. Nadie lo conseguía hasta que un caballero lo golpeó con destreza y creímos estar en un monasterio budista. Luengo lo sacó al escenario y resultó ser uno de los líderes de la oposición municipal cacereña: Cayetano Polo, concejal de Ciudadanos.

Al rato, el mago iniciaba otro truco ilusionista con un lanzamiento de periódicos enrollados a las butacas. Quienes los cogían, subían al escenario y tenían su minuto de gloria. ¡Y oh casualidad! Pues indagamos al efecto y todo fue puramente casual... En fin, que salió a escena el otro líder de la oposición municipal cacereña: el concejal socialista Luis Salaya. No es de extrañar que más tarde, ya en el cóctel, la portavoz municipal de Podemos, Concepción López, se quejara, irónicamente y bromeando, de que el mago no hubiera ideado un tercer truco para completar el arco «parlamentario» municipal.

Intensidad, intriga, comicidad... Faltaba la esencia que atrapa a los espectadores en las butacas de un cine: la emoción. Pero llegó y a raudales. Primero se sustanció en sonrisas cuando Rocío Romero, redactora de HOY, nos contó, presentando al primer Extremeño de HOY de la noche, que el atleta Álvaro Martín empezó a correr escapando en los pasillos de su casa del lanzamiento de zapatillas de su madre. ¡Ay las zapatillas maternas, ese deporte de precisión en el que las mamás extremeñas habrían copado el medallero!

Carlos Pajuelo definía a Jorge Luengo con una frase feliz: «Este mago es capaz de que un niño coma brócoli»

Tras el entrenamiento doméstico, el llerenense marchó a Madrid con 16 años para convertirse en atleta de élite, al tiempo que se licenciaba en Ciencias Políticas. El resto, campeonatos, medallas, el triunfo absoluto europeo de este año y un joven sensato y emocionado que, desde el escenario, nos lanzaba un mensaje apasionadamente extremeño: «Quiero mejorar por mi tierra y por mi gente, dar a conocer Extremadura con mis títulos y medallas y que España reconozca que no nos da lo que demandamos».

Seguidamente, la periodista Anabel Hernández resumió la lucha por la vida de 600 millones de niños y niñas con discapacidad en la figura de la premiada Ana Peláez, que nos emocionó hasta el límite con una historia que empezaba cuando el HOY llegaba a su casa y ella no lo podía leer y acaba en la ONU, con Ana luchando por mil causas y leyendo su HOY en un formato accesible.

Y para acabar la noche, la lírica. La redactora Cristina Núñez presentó a Pablo Guerrero, sus 16 discos, sus 15 poemarios, sus 500 canciones, sus 50 años sobre el escenario, sus letras oliendo a verdad y a tierra y el cantautor leyéndolas con su voz nacida en las entrañas: los campos de jara, las viejas encinas, la tierra de luna, la raza de los enamorados...

Con una frase de Cristina: «Gracias, Pablo, por recordarnos que estamos hechos de nubes», salimos de aquel antiguo cine de reclutas, internas y cineastas en ciernes y nos dirigimos a un hotel llamado Don Manuel, que ocupa el solar de un antiguo colegio llamado San Antonio. Al acceder al salón donde se celebraría el cóctel, sonó música de jazz y, desde siete mesas altas y cinco grandes mesas rodeando columnas, nos tentaron los buns de amapola y los turrones de foie, el ceviche de rape y el mini caprese... Probamos, hablamos, disfrutamos y pasamos tan buen rato que, de regreso a nuestras casas, nos sentimos especiales porque, efectivamente, estábamos hechos de nubes y nos habían convencido de que el HOY seguirá llegando a casa con el pan.

Capítulo 1 - la gala

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