Día de Extremadura

Extremadura como apuesta

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Manuela Martín
MANUELA MARTÍNBadajoz

Si ustedes leen las entrevistas que hoy publicamos en las páginas dedicadas al Día de Extremadura experimentarán un chute de optimismo. En un momento en que es recurrente la queja de la España vaciada; en el que los periódicos hablamos a diario de las riadas de jóvenes que abandonan cada mes su tierra porque no encuentran oportunidades de trabajo, es reconfortante conocer las historias de profesionales extremeños que nunca se han ido, o que se han ido y han vuelto, y han conseguido el éxito en su tierra. En esta Extremadura tan alejada de los centros de poder que casi ningún extranjero (y todavía muchos españoles) no saben situar en el mapa de la Península.

Es emocionante leer cómo el historiador César Rina reconoce que no tenía pensado volver, pero que ahora no cambiaría Extremadura por ningún otro sitio; o conocer la pasión, el talento y el trabajo que están detrás del empresario Manuel López Pecero y de su éxito. De su trayectoria que le ha llevado a conquistar mercados con sus persianas desde Fuente del Maestre a todo el mundo.

En nuestra galería de entrevistados hay jóvenes, como Jesús Corbacho y Mónica Tierno. El primero es médico y emprendedor, dedicado a fabricar huesos en 3D para ayudar a los cirujanos, un ingente mundo por explorar. Mónica, en cambio, tiene la misión de insuflar modernidad y competitividad a un sector tradicional, la agricultura, desde su cargo de directora general de la Agrupación de Cooperativas del Valle del Jerte. Podía haberse quedado en Dinamarca, pero Mónica Tierno prefirió apostar por su tierra. Igual que Juan Manuel Salgado, un cocinero que salió de muchacho del barrio de San Roque en Badajoz para formarse y que consiguió trabajar en restaurantes de elite por toda España y ganar el Bocusse d'Or, y ahora ha vuelto para montar su propio restaurante en Badajoz. Medio año después de haber hecho esa arriesgada apuesta está contento.

Rosario Cerrato y Pedro Fernández Llario, veterinarios ambos, quieren investigar alternativas a los antibióticos desde Cáceres, y Marta Lozano, compositora, vive en Almendralejo y viaja a menudo para estrenar sus obras por todo el mundo.

En una población todavía más pequeña, Fregenal de la Sierra, han montado su empresa Beatriz Magro y Nuria Morales, una filóloga y una ingeniera química que abandonaron sus trabajos en Madrid para crear en su pueblo una fábrica de kombucha, un refresco basado en el té, que se vende en medio mundo. Con la marca Kom Vida están logrando abrirse camino.

El escritor Eugenio Fuentes nunca se marchó del todo de Extremadura, aunque reconoce que le gustan las ciudades grandes, y cree que sus libros quizá hubieran tenido más proyección fuera. Pero eligió quedarse en la periferia. Y se siente cómodo en un territorio del que aprecia especialmente la naturaleza.

Me dirán ustedes, y tendrían razón si lo hicieran, que hemos seleccionado unos entrevistados especiales: los que se quedaron, o volvieron, y han logrado el éxito profesional. Y que esa elección tiene trampa, porque igual que hay jóvenes y mayores que construyen una vida plena en la región, con un sueldo digno y una calidad de vida envidiables, hay decenas, centenares de profesionales, de artistas, de universitarios, de extremeños sin otro capital que sus manos y sus ganas de progresar trabajando, que han elegido quedarse y han fracasado. Y que a la postre se han tenido que marchar. O incluso que nunca tuvieron la opción de quedarse; nunca vieron el agujero por el que meter la cabeza, salir de la precariedad y ganarse un sueldo a fin de mes. Y tendrán razón. Muchos tienen tanto talento y tantas ganas de trabajar como nuestros entrevistados de hoy, pero no lo han logrado. Olvidarlos sería ocultar la cara de la Extremadura más inhóspita, la que no es capaz de acoger y ver progresar a todos su hijos. El axioma tan repetido de que 'si se quiere, se puede', no siempre se cumple en una tierra en la que no sobran las oportunidades y en la que el pulso económico late siempre más débilmente de lo que nos gustaría. Muchos jóvenes querrían quedarse y no han podido. Y es justo reconocer su frustración.

Nuestros entrevistados sí han podido y por eso encarnan la Extremadura más optimista, he escrito más arriba, más peleona. La que trata de revertir ese proceso de vaciamiento que no es un problema solo nuestro, sino de muchas otras regiones españolas y europeas.

Por fortuna, los extremeños de hoy, jóvenes y no tan jóvenes, se han sacudido los antiguos complejos de que en Extremadura no se puede trabajar o investigar al mismo nivel que en otros lugares que presumen de estar en vanguardia.

El mundo se nos ha quedado pequeño, el conocimiento viaja a la velocidad de la luz y el talento florece allí donde hay alguien que lo cultiva. También en Extremadura. Las entrevistas que les ofrecemos, con personas tan variadas, muestran que hay esperanza y que es posible construir una región de excelencia, de gente que trabaja con mimo en lo que sabe, sea la cocina de un restaurante, la fábrica de persianas, la cooperativa de cerezas o el laboratorio de la universidad. Todos nuestros entrevistados, tan distintos, tienen algo en común: la resignación no es nunca una opción.

Quizá la tarea pendiente para todos, empezando por quienes tienen responsabilidades públicas o privadas, está en ensanchar el terreno de las oportunidades para que cada día más extremeños puedan elegir entre marcharse a aprender y conocer mundo para luego volver, o quedarse y conquistar desde aquí mercados o lectores.

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