Los pueblos no renuncian a su toro

Los festejos populares taurinos en Extremadura cada vez atraen a más asistentes

Encierro de un novillo el domingo pasado en Torrejoncillo. :: J.L.G./
Encierro de un novillo el domingo pasado en Torrejoncillo. :: J.L.G.
J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

En muchos pueblos de Extremadura el momento más emocionante del año es cuando un toro bravo de 500 kilos dobla la esquina, avanza por la calle y enfila la plaza Mayor. Vecinos y forasteros con las pulsaciones por las nubes tratan de arrimarse al animal. El miedo es tan generalizado que ni quienes observan desde lo alto pueden evitar un escalofrío cuando los cuernos pasan por debajo del balcón. Son los festejos populares taurinos, una variante de la lidia tradicional en las plazas que cada año cuenta con más seguidores en la región.

Según datos de la Consejería de Medio Ambiente y Rural, en lo que va de 2018 la Junta de Extremadura ha autorizado ya 295 festejos populares en la provincia de Cáceres y 81 en la de Badajoz. Se entiende por tales festejos tanto encierros, como suelta de reses, aquellos declarados tradicionales y becerradas populares, una actividad que en algunos momentos puede parece anárquica por el ambiente festivo que la rodea, pero que tiene su regulación, la cual trata de hacer cumplir la Guardia Civil.

En lo que va de año, la Junta ha autorizado ya 376 encierros o sueltas de reses o becerras, la mayoría en la provincia de Cáceres

Está en el decreto 35/2017 de 28 de marzo, por el que se modificó el Reglamento de los festejos taurinos de Extremadura que data de 2010. Básicamente, las novedades de 2017 se basaron en la reducción de trabas burocráticas a la hora de tramitar las autorizaciones. Y es que el decreto establece como premisa «el fomento de la cultura taurina y de la tauromaquia, en su manifestación más arraigada en nuestra Región, cual es la celebración de festejos taurinos populares». De hecho, la cifra anual de festejos populares ronda en la región desde el año 2000 los 500 eventos sin bajar nunca de 450, unos números constantes que no se vieron tan afectados por la crisis como las corridas de toros o novilladas con picadores.

«Reminiscencia del pasado»

«El encierro es una reminiscencia del pasado, de cuando no había camiones. Los toros y los bueyes tardaban varios días en llegar de un sitio a otro por el campo y el día que entraban al pueblo para ser encerrados la gente salía a verlo porque era muy bonito (...). Ahora son fiestas de miedo y emoción. No hay normas en el sentido de que cada uno la vive como quiere, cualquiera puede participar y cada uno pasa el miedo que prefiere acercándose más o menos», explica Jesús Pérez Escudero. Este cauriense es un especialista en estas celebraciones y trabaja con algunas de las principales ganaderías asentadas en Extremadura como gerente de Arte y Sur, empresa dedicada al incipiente turismo de dehesa y toro.

Capea el domingo pasado en la plaza de la localidad cacereña de Torrejoncillo. :: JLG
Capea el domingo pasado en la plaza de la localidad cacereña de Torrejoncillo. :: JLG

Él tiene claro que el éxito de público en estos festejos populares en los que el toro es protagonista dinamiza por unos días la economía local, pues cada suelta hace un efecto llamada en los pueblos cercanos. Además, mantiene vivo el sector ganadero, de gran peso en esta región.

Pero también reconoce que tanta afluencia de gente incrementa las probabilidades de que haya heridos. No obstante, opina que cada vez se hacen mejor las cosas en los pueblos, con unas medidas de seguridad más fiables y unos protocolos que se perfeccionan cada año.

«El número de heridos –prosigue– es bastante moderado para la cantidad de gente que hay. Pasan muchas menos cosas de las que podrían pasar y eso que el conocimiento del toro por parte de público en general es escaso, diría que de dos sobre diez. Solo los que están muy cerca del animal verdaderamente saben lo que hacen. Eso sí, la reacción de un toro siempre es impredecible y lo mismo coge a un recortador profesional que a una señora que se despista. Diría que la mitad de las veces que hay una cogida el alcohol o las drogas tienen relación. Aunque no sea una causa absoluta, es evidente que merman los reflejos y generan una falsa sensación de valentía», explica Pérez Escudero.

Él frecuenta estos festejos prácticamente desde que nació y a sus 43 años se puede decir que es un experto en la cuestión. Ha observado también una evolución: los animales que compran los ayuntamientos o las peñas son cada vez más grandes y de ganaderías consagradas, no como antes, cuando se elegían toros o novillos que se descartaban en las fincas. Ahora lo mismo se ve por cualquier pueblo de la región un Victorino que un Alcurrucén, dice.

La mayor parte de estas fiestas se concentra en la región en el norte de Cáceres, siendo Coria con sus Sanjuanes una referencia que atrae a miles de personas de toda España. Si este municipio tiene 12.800 habitantes, durante la última semana de junio solo las visitas a la oficina de turismo el año pasado superaron las 17.000.

Accidentes recientes

Como cada año, la lista de accidentes va creciendo conforme avanza el verano. Este 27 de junio, precisamente en Coria, un hombre de 35 años fue corneado en el pecho por un toro que después hirió a tres personas más, éstas de menos gravedad. En realidad el de este año fue uno de los festejos con menos incidencias en unas fiestas en las que no es raro contar algún fallecido tras una cogida, ya sea en las calles del pueblo o en la plaza habilitada para la lidia en el corazón de su casco antiguo, donde puede participar cualquier mayor de edad.

A apenas diez kilómetros de Coria, dos semanas después, el pasado 14 de julio en Moraleja, fue la persona encargada de la seguridad de las fiestas –el director de lidia– quien sufrió una cornada de veinte centímetros en una pierna y tuvo que ser trasladado en una UVI móvil hasta un hospital.

«Cada vez hay más afición porque cada cual pasa miedo como quiere acercándose más o menos»

«Cada vez hay más afición porque cada cual pasa miedo como quiere acercándose más o menos» JESÚS PÉREZ ESCUDERO, GERENTE DE ARTE Y SUR

No cesaron ahí los accidentes graves. El pasado 17 de agosto un hombre de 45 años que estaba de vacaciones en Aldeanueva de la Vera y se acercó a Cuacos de Yuste a ver sus festejos taurinos populares acabó en estado muy grave en la UCI de Plasencia tras una cogida que presenciaron su mujer y su hija. Ese mismo día, en Esparragosa de Lares, el segundo toro que soltaban en el pueblo por las fiestas patronales hirió nada más salir del toril a un hombre de 55 años, que sufrió cornadas en el abdomen y el tórax.

La anterior recopilación de sucesos acaecidos este verano no es exhaustiva. Los accidentes han sido muchos más y recientemente han llamado la atención de Ecologistas Extremadura, detractores de estas fiestas con animales que han aprovechado para pedir el cese de subvenciones y que sean los seguros los que se hagan cargo de los costes que ocasionan estos heridos al Servicio Extremeño de Salud.

Mayor seguridad

Manuel García Gómez, responsable de la clínica El milagro de la noche de Coria, es médico especializado en cogidas taurinas. Habitualmente es contratado en este tipo de festejos populares y confirma que aunque ahora hay más asistentes a estos encierros y capeas, hay muchos menos accidentes en términos absolutos. «Es más, comparado con los lesionados de cualquier deporte o con las víctimas de tráfico, la cifra actual de accidentados en festejos taurinos populares es muy baja, lo que pasa es que cuando ocurren llaman mucho la atención», afirma.

El doctor Manuel lleva más de tres décadas recorriendo prácticamente todos los pueblos de Cáceres y algunos de Castilla y León donde se suelta un astado por las calles. Por supuesto, conoce de cerca los Sanjuanes de Coria, donde se encarga de recibir a heridos de toda consideración, desde alguien con un esguince a una persona cosida a cornadas que termina falleciendo.

Cogida en Esparragosa de Lares este mes . :: FRANCISCO JAVIER JIMÉNEZ SÁNCHEZ
Cogida en Esparragosa de Lares este mes . :: FRANCISCO JAVIER JIMÉNEZ SÁNCHEZ

«En Coria en 1989 teníamos (durante una semana) entre 380 y 400 lesionados y el año pasado hubo 86. En cuanto a cornadas recuerdo cuando atendíamos entre 20 y 30 y ahora ha habido una o dos», indica como referencia. Este descenso de la siniestralidad se debe, según explica, a que hay una mayor tarea de prevención. Y también más profesionales implicados que retiran de la zona de riesgo a personas que no están en condiciones aptas o que llaman al animal cuando éste está a punto de coger a alguien.

Por supuesto, cita los avances médicos, los equipos quirúrgicos punteros que hay en los hospitales de Extremadura e innovaciones en instalaciones como quirófanos portátiles (él ideó uno) donde consiguen estabilizar a la víctima y evitan que pierda sangre antes de su traslado.

Alcohol y respeto al toro

Clemente Ramos Méndez es matador de toros y se ha debatido entre la vida y la muerte varias veces. Tiene 57 años y es de Torrejoncillo, aunque vive en Coria. Tuvo una empresa con la que organizó 31 festejos en otros tantos pueblos en un solo año, ha sido muchas veces director de lidia en encierros y capeas populares, tiene 36 cornadas, ha llegado a estar 38 días en coma por culpa de un toro y este verano ha sufrido su última cogida.

Es de los que afirma que no le gustan estas fiestas –«creo que al toro se le humilla demasiado», declara–, pero finalmente acude con su muleta y una vez allí siente un impulso irremediable de acercarse al toro. «Este año he estado en las fiestas de Portaje y en las de Aldeanueva de la Vera. La cogida fue de un novillo en Mata de Alcántara el pasado 9 de agosto y fue un poco a traición porque nadie me dijo que lo habían toreado», relata.

En su opinión, estas fiestas generan riqueza en bares y comercios del pueblo, «pero durante el encierro o la capea –señala– se ven muchas imprudencias hoy día, casi siempre porque va la gente bebida o porque le pierden el respeto al toro y eso no se puede hacer nunca, jamás».

Estas cuestiones tratan de corregirse cada año. Jesús Pérez Escudero ha colaborado en la redacción del reglamento que rige los sanjuanes de Coria– «recuerdo cuando iban unas quinientas personas y ahora son cinco mil», dice– . Además, ha impulsado los encierros y capeas de Moraleja y Torrejoncillo, entre otros.

Aunque va más gente, la cifra de accidentes se ha reducido, afirma un médico especializado

Dinamizan la economía local de los pueblos y mantienen vivo al sector ganadero en la región

En esta última localidad cacereña de 3.100 habitantes los organizó el pasado fin de semana. Soltaron nueve toros en apenas cuatro días, un trabajo que da empleo a 16 personas durante más de una semana entre pastores, vigilantes de los portones y director de lidia, el cual procura que el animal sea respetado y trata de quitar al toro cuando está a punto de cobrarse una víctima.

Para él, pocas fiestas tienen tanto tirón como aquellas en las que el toro es protagonista. «Si no hubiera toro o vaquilla la fiesta del pueblo tendría una barra, un castillo hinchable de Bob Esponja y poco más. No vendría nadie y al final dejarían de celebrarse», decía un ganadero de bravo presente en el encierro en Torrejoncillo del fin de semana pasado.

Para Jesús Pérez está claro: «Pon una obra de teatro gratis dos veces al día durante una semana en un pueblo, a ver cuánta gente va. Ahora programa la suelta de un toro y verás cómo las señoras mayores se presentan una hora antes del encierro con su bolsa de pipas y un paraguas para el sol a coger su sitio cada tarde. Si eso no es afición a algo...».