Infiltrados y traidores en suelo extremeño

El historiador oliventino Carlos Píriz ha investigado sobre el enemigo interior que trabajaba en el bando republicano durante la Guerra Civil

Infiltrados y traidores en suelo extremeño
J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

La Guerra Civil española todavía se invoca en cualquier debate más o menos áspero en relación con la política actual. Para muchas personas no es agua pasada, y por supuesto tampoco para los historiadores. Uno de ellos, el extremeño de 28 años Carlos Píriz González, se ha adentrado en archivos prácticamente inexplorados para elaborar una tesis doctoral que hace emerger cuestiones que permanecían ocultas. Entre sus averiguaciones figuran un listado de infiltrados o traidores, según se mire, que participaron en aquella contienda en lo que se conoce como Quinta Columna.

Este concepto hace referencia al enemigo interior, esto es, a personas de un bando que informaban al enemigo. También se usaría para explicar acciones en la Segunda Guerra mundial. El quintacolumnismo ha servido incluso para referirse, en palabras de un político británico, a los musulmanes asentados en Europa tras los atentados de 2015 en Reino Unido.

En palabras de Píriz, «es una organización clandestina a favor de los sublevados que trabajan en la retaguardia republicana». En el contexto de la Guerra Civil española la Quinta Columna era esencialmente un fenómeno urbano que se dio en Madrid, Barcelona y unas pocas capitales de provincia. Sin embargo, el oliventino Carlos Píriz ha investigado sobre su vertiente rural y ha llegado a la conclusión de que en Extremadura también estuvo vigente, aunque de modo secundario. «Siguen siendo unos servicios de información ocultos que trabajan en un segundo plano», afirma.

Arriba, aval de la posguerra sobre San-Agero; abajo a la izquierda, el olivantino Carlos Píris con su tesis; y a la derecha, cartel propagandístico republicano contra la quinta columna. / Archivo general de Ávila / J.M. Peña / Centro Doc. de la memoria histórica

En suelo extremeño –prosigue– hubo focos de quintacolumnismo en la zona de La Serena, en Almendralejo, La Haba y Cabeza del Buey que luego derivaron hacia Puertollano y Ciudad Real. «Pasaban información secreta republicana militar a los franquistas, esto es, infiltrados que informaban de las intenciones republicanas», según las indagaciones de este especialista extremeño, que habla de una doble voluntad de estas personas que lo mismo divulgaban información secreta para reprimir al enemigo como señalaban disidencias internas en un bando franquista en el que había falangistas, carlistas o monárquicos alfonsinos que no veían con buenos ojos el poder que estaba adquiriendo el general Franco.

Píriz es licenciado en Historia por la Universidad de Salamanca. Ahora está en paro, pero mientras estuvo en el departamento de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea siguió ampliando sus estudios y una vacante en un grupo de investigación lo llevó a interesarse por el fenómeno de la Quinta Columna. Cuenta que en 2003 se desclasificó un fondo documental del servicio de información y policía militar franquista. Son 800 cajas que se guardan en el Archivo General militar de Ávila y los dos primeros investigadores analizaron unas 200 allá por el año 2005. El extremeño las ha revisado prácticamente todas. De ahí salió el material más valioso para la tesis doctoral a la que ha dedicado los últimos cinco años de su vida, la cual defendió el pasado 19 de julio y que fue merecedora de sobresaliente 'cum laude'. El título: 'En campo enemigo: la Quinta Columna en la Guerra Civil Española. 1936-1941' («La contienda no es un cajón estanco entre esas fechas icónicas que son el 18 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939 sino que va más allá, porque antes del golpe de estado hay una conspiración y hasta 1948 está vigente en España el estado de guerra, si tenemos en cuenta que las decisiones políticas y judiciales no siguen una lógica civil sino militar», explica).

El historiador ha averiguado que para referirse a determinadas organizaciones de la Quinta Columna se empleaban palabras clave relacionadas con juegos de azar. Los extremeños que integraban este grupo de infiltrados en el bando republicano eran 'Repoker' y al frente –detalla– estaba Bernardo Sanz-Agero, comandante de intendencia destinado en Madrid que a mediados de 1937 recala en Cabeza del Buey. «A los militares se les puede llamar traidores porque están traicionando el juramento que hicieron a la república, otros serían simplemente civiles desleales. Hay que saber, no obstante, que muchas veces las traiciones se daban por pura supervivencia, de hecho a medida que avanza el conflicto hay más, de modo que hay de tantos tipos como personajes nos encontramos».

Un conflicto aún por cerrar

La tesis de Carlos Píriz González son más de 600 páginas a las que hay que sumar otro centenar con anexos. Por ello, está trabajando en otra publicación que sintetice su investigación para divulgar el contenido de un modo más ameno sin perder el rigor.

Para él, una primera conclusión a nivel personal es que «en la Guerra Civil hay muchas tonalidades de grises y nada es del todo blanco o negro». En su opinión, esta época de la historia de España sigue teniendo muchas rendijas por las que colarse para seguir investigando. Según el joven oliventino, «estas investigaciones son fundamentales porque el conocimiento histórico siempre es necesario y más cuando se trata de conflictos que resultaron traumáticos y que no parecen cerrados».