Yuste, escenario literario

José Luis Corral presenta en el Monasterio de Carlos V la novela histórica con la que cierra su trilogía sobre los Austrias

El autor, ayer en el Real Monasterio de San Jerónimo de Yuste./HOY
El autor, ayer en el Real Monasterio de San Jerónimo de Yuste. / HOY
Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

La primera vez que José Luis Corral (Daroca, Zaragoza, 1957) vio la silla en la que Carlos V, enfermo de gota, se reclinaba para que le curaran las heridas de su pierna derecha, no le llamó la atención de modo especial. Pero en la segunda, al escritor, uno de los padres de la novela histórica en España, la visión de ese invento que fotografían los turistas del Monasterio de Yuste le causó una impresión que aún recuerda. «En esa silla-camilla está una parte de la historia de España», resume el autor. Lo dice a cuatro pasos de ese objeto que aparece en su última obra, a la venta desde ayer. Se titula 'Los Austrias. El dueño del mundo' (Planeta, 2019) y cierra la trilogía que ha dedicado a esa dinastía (los Austrias o Habsburgo) que ayer le llevó a él de vuelta al norte de Extremadura.

El Real Monasterio de San Jerónimo de Yuste (entre los pueblos cacereños de Cuacos de Yuste y Garganta la Olla) se sigue llamando así aunque ya no quedan en él monjes jerónimos. Los cuatro últimos se fueron hace ocho años, y tras un periodo sin religiosos que lo habitaran, le devolvieron la vida monacal cuatro monjes polacos de la orden de San Pablo Primer Eremita, devotos de la virgen negra de Czestochowa. Era obligado que este lugar frío, húmedo y rodeado de verde que Carlos I de España y V de Alemania eligió como retiro fuera el escenario para el final de la última novela de Corral, catedrático de Historia Medieval con 35 ensayos en su currículum literario.

El emperador que llegó hasta este rincón, un lugar alejado que a mediados del siglo XVI quedaba lejos de todo, ya no era el hidalgo de porte recio que Tiziano pintó subido a su portentoso caballo en la victoriosa batalla de Mühlberg (el cuadro está en el Museo del Prado). El hombre que vivió aquí desde febrero de 1557 hasta su muerte en septiembre del año siguiente no podía ni dar un paseo en una jaca. Lo que sí hizo, para desesperación de sus médicos, fue hartarse de anchoas, ostras, perdices, lenguados y sobre todo, cerveza fría. «El emperador era ya un hombre consumido, anciano, dolorido, enfermo, que se retira al Monasterio y va recordando lo que ha sido su vida y su legado», sitúa José Luis Corral, que habla con los pies apoyados en la rampa de piedras que lleva al palacio que ocupó el monarca.

Conocer a su hijo Jeromín

A su espalda están la charca y el jardín, con sus naranjos y limoneros y su césped impoluto. En nueve semanas se celebrará aquí la gala de entrega del premio Carlos V, presidida por Felipe VI y que ya tienen, entre otros, Felipe González y Mijaíl Gorbachov. Este es un Real Sitio, los trabajadores llevan uniformes con el logotipo de Patrimonio Nacional, y el visitante tiene sus movimientos limitados a lo que los dueños mandan. En una de las salas que ocupaba habitualmente el personal que atendía al emperador, un cuadro recoge el momento en el que Carlos V conoce a Jeromín, un niño de 12 años luego rebautizado por la oficialidad como Juan de Austria. Fue uno de los hijos que tuvo fuera de su matrimonio con Isabel de Portugal, y el día que le conoció en su palacio extremeño marca un punto de inflexión en su vida y en el libro de José Luis Corral.

«El hilo conductor de esta tercera novela que cierra la trilogía puede ser lo que ocurre entre la victoria en la batalla de Mühlberg y el día que conoce a su hijo en Yuste», plantea el escritor. «Cuando estaba escribiendo esas páginas de la novela, las que recogen el momento en el que Carlos V le dice a su hijo que él es su padre, pensaba en la cara del chico. En la cara de un niño de 12 años al que le dicen 'Tú eres hijo del emperador'. Y también en la reacción del hijo que le pregunta que entonces, quién es su madre. Esa imagen final del hombre mayor, agotado, el hombre que lo ha sido todo y se encuentra con su hijo mientras espera la muerte –le llegó dos meses después–, debió ser un momento emocionante».

Uno de los varios que recoge la novela, que cierra el círculo que abrió 'El vuelo del águila' y siguió con 'El tiempo en sus manos'. 'El dueño del mundo' recorre la segunda mitad del reinado de Carlos V a lo largo de 736 páginas en las que predominan los diálogos, en línea con otros títulos de Corral, que se quita méritos y señala a su amigo Juan Eslava Galán como «el verdadero muñidor de lo que es un relato histórico, con su novela 'La búsqueda del unicornio', premio Planeta en 1987».

Le cita a él, y a Santiago Posteguillo y a José Calvo Poyato, Jesús Maeso de la Torre y Toti Martínez de Lecea como referentes de la novela histórica. «Los buenos novelistas como ellos –concluye el catedrático y escritor aragonés– están contando la historia mejor que los historiadores, y esto es como para que los historiadores se lo hagan mirar».