El parque del abuelo Sátur

Con 90 años, un vecino de San Fernando cuida a diario los juegos infantiles del V Centenario

Saturnino Pereira fija las maderas que protegen la zona de juegos infantiles del parque del V Centenario.: JOSÉ VICENTE ARNELAS
Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

Saturnino Pereira baja temprano cada mañana con su bolsa de herramientas en la mano. Lleva un martillo y unas tenacillas que son la herencia de toda una vida dedicada a la construcción. También guarda un viejo bote de café molido lleno de clavos y aceite en espray para engrasar.

Es el arsenal con el que este vecino de San Fernando de 90 años combate el vandalismo y mantiene en perfecto estado de revista los juegos infantiles del parque del V Centenario, una zona de columpios que se abre a Cardenal Cisneros.

En su barrio, todos le conocen. Niños y mayores saben que si hay algo que reparar en el parque, él siempre está dispuesto. Engrasa los columpios para que no rechinen, fija las lamas de madera cuando las arrancan o se sueltan, revisa que no sobresalga ningún tornillo y repone los clavos de los balancines cuando se percata de que los han robado.

Todo el mundo sabe que es él quien cuida el parque, pero a Saturnino no le gusta exhibir su altruismo. Por eso, saca sus aperos a primera hora de la mañana cuando todavía no hay niños. «Me levanto y me bajo a darle una vuelta al parque para no molestar», dice.

«Si veo que el columpio rechina, a mi me cuesta poco trabajo echarle aceite, si veo una tabla tirada la pongo. Me gusta un montón hacer esto», confiesa. A veces, cuando se sueltan las maderas los propios niños las dejan en el bar que hay frente al parque, para que Saturnino las coloque al día siguiente.

Este peculiar abuelo, que ya retirado decidió dejarse largas las canas y recogerlas en una coleta, disfruta viendo el parque cuidado y disfruta también viendo como los niños juegan en él.

Saturnino tiene cinco hijas, once nietos –el más pequeño de ocho años– y siete biznietos. Este recuento lo hace una de sus nietas, Celia Corrales, porque él dice que ya ha perdido la cuenta.

Del parque del V Centenario disfrutan no solo los más pequeños de su familia, la zona infantil está siempre repleta de niños porque es el único espacio de juego para una buena parte del barrio de San Fernando. «Es un parque muy familiar, de no ser por él solo tendríamos el parque de San Fernando que está muy masificado o bajar al río, pero aquí estamos más tranquilos porque conocemos a todos los niños y no dejamos que ninguno se pierda de vista», explica Corrales.

Por eso, Saturnino se preocupa de que no haya nada roto que pueda lastimar a los niños ni de que desmantelen su zona de juegos como ya ha pasado en un parque cercano. «El vandalismo no es cosa de niños, ocurre por la noche y son personas mayores. Los niños no tienen culpa por eso yo lo arreglo con gusto».

Hace lo que puede, hay mejoras que no están a su alcance. Como la falta de sombra que inutiliza el parque en las horas de sol o la falta de iluminación nocturna que reclaman los vecinos.

Su mérito es tal que en su barrio ya están recogiendo firmas para que el parque lleve su nombre. Él es quien lo cuida y quien merece el homenaje. Su familia impulsa esta iniciativa. «Estamos muy orgullosos y es justo porque gracias a él el parque está decente», dice su nieta.

A Saturnino ver su nombre en el parque le da pudor. «No me gusta resaltar, sería bonito pero yo no hago esto por protagonismo». Con su nombre o sin él, avisa de que mientras que tenga salud, seguirá velando por el parque y de momento, dice, no le duele nada.

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