«Villanueva ha sabido sonreírme»

Juanfran posa con los niños y jóvenes de su comunidad parroquial de Villanueva. :: f. h./
Juanfran posa con los niños y jóvenes de su comunidad parroquial de Villanueva. :: f. h.

El sacerdote Juanfran González deja en septiembre la parroquia de la Santa Cruz, tras 13 años, y tomará posesión en su nuevo destino: Zafra y Alconera

FRAN HORRILLO VILLANUEVA DE LA SERENA.

Con sentimientos encontrados. Así es como vivirá Juanfran González Vizuete este verano. Y es que el próximo mes de septiembre, justo cuando cumpla trece años entregado a la parroquia de la Santa Cruz de Villanueva de la Serena, tomará posesión en su nuevo destino como párroco en Zafra y Alconera.

Natural de Ahillones y a punto de cumplir 42 años, Juanfran inició su trayectoria sacerdotal en el año 2002 cuando llegó a Villafranca de los Barros como diácono y, allí, permaneció dos cursos más como vicario parroquial de Villafranca y de Puebla del Prior. En septiembre de 2005 llegó a La Santa Cruz y en 2014, además, fue nombrado también párroco de Valdivia. Asimismo, en diciembre de 2017 fue nombrando consiliario diocesano de Acción Católica General, al tiempo que estuvo colaborando en la delegación de Pastoral con Jóvenes de la diócesis durante 10 años.

Ahora, Juanfran mira el futuro más inmediato con esperanza, pero también con cierta tristeza al abandonar una comunidad parroquial y una localidad, como Villanueva de la Serena, donde siempre se ha sentido muy integrado. Eso sí, su nuevo destino, fue una decisión que meditó: «El Arzobispo me hizo la propuesta y me pidió que fuera yo quien decidiera. No me impuso nada. Así que, tras pensarlo y comentarlo con varios hermanos y amigos sacerdotes, y con mi propia familia, decidí aceptar este reto. Los sacerdotes hemos de estar siempre dispuestos a lo que la Iglesia necesite de nosotros en cada momento, porque es algo inherente a nuestro ministerio y que asumimos en nuestra ordenación».

«El de la Cruz del Río es un barrio con mayúsculas. Es único, especial y acogedor»«Dejo dos parroquias de ritmos distintos... pero dos parroquias con gente buena»

Una vez que se conoció la noticia la reacción de la feligresía ha tenido una mezcla de tristeza, aunque también ha estado repleta de buenos deseos alegrándose de que la decisión tomada ha sido para bien. Lo que no esconde es que le costará dejar atrás esta localidad: «Villanueva de la Serena me ha aportado todo. Porque soy inmensamente feliz en esta ciudad, porque me ha acogido con los brazos abiertos, porque ha sabido sonreírme y acompañarme en todo momento.».

Su barrio

Aunque dentro de Villanueva, llevará en su corazón a un barrio muy especial, que es donde se enclava la parroquia de la Santa Cruz. «El de Cruz del Río es un barrio con mayúsculas. Me lo han puesto muy fácil siempre. Este barrio engancha, muchísimo, y no solo a mi sino tanto a mi familia como a los amigos que han venido a verme en todo este tiempo. Por las calles del barrio se respira un ambiente especial, de cercanía y de sencillez. Mucha gente de Villanueva siempre me comenta que el barrio es único, especial y acogedor, y tienen toda la razón. El barrio es como un pueblo pequeño metido dentro de una gran ciudad».

Por todo ello, reconoce que de aquí se lleva «muchos y buenos amigos y el cariño que he recibido y recibo de la gente de Villanueva no tiene precio».

Un cariño que se ha ganado, sin duda, implicándose como el que más en la vida social y cultural de la ciudad: «Creo que todo evangeliza, y todo nos tiene que llevar a vivir nuestro ser cura desde la propia realidad que pisamos. De nada me serviría celebrar diariamente la Eucaristía, en la que siempre hay que conectar la fe y la vida, si no estuviera involucrado o si no me importara la vida del pueblo o de la ciudad donde viva. Y, en todo lo que he podido, siempre he asistido, porque me gusta, porque lo disfruto, porque da vida a la ciudad y hace que me sienta como un vecino más».

En definitiva, han sido trece años, en donde «la inmensa mayoría de los momentos vividos han sido buenísimos, ya que los mejores recuerdos son los que se viven día a día, con el cariño que he recibido, con todos y cada uno de los momentos vividos con mi comunidad parroquial de La Santa Cruz y con las demás comunidades parroquiales de Villanueva o con mi pandilla de amigos». Eso sí, también hubo episodios tristes como cuando tuvo que decir «hasta luego» a gente que ha significado mucho en su vida, como cuando falleció Don Sebastián, cuando fallecieron dos catequistas de la parroquia, Tomasi y Aurora o cuando fallecieron otros amigos y amigas. «Esto es lo más doloroso».

Juanfran tuvo el honor de compartir un año con don Sebastián Murillo, un referente en el barrio, y dos con Paco Sayago. Dos figuras clave para él. «Don Sebastián fue mis manos y mis pies a nivel pastoral, aconsejando, acompañándome en todo. Y Paco Sayago me enseñó una manera de trabajar en la que solamente se puede improvisar cuando lo tienes todo bien trabajado, y siempre desde la alegría. Formamos, los tres, un equipo muy bueno. Me enseñaron a querer al barrio y a la ciudad, a mirar con ojos de ternura a quien se acercara a la parroquia».

Aún le quedan unas semanas para despedirse, aunque lo hará con la conciencia tranquila dejando su legado en la Santa Cruz de Villanueva de la Serena y en Valdivia. «Dejo dos parroquias distintas, de ritmos distintos. pero dos parroquias con gente buena». Y eso, para Juanfran, es lo importante.

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