Dos décadas estrechando lazos con Suecia

Los alumnos villanovenses, la semana pasada a las puertas del instituto sueco, donde les nevó. :: a. r./
Los alumnos villanovenses, la semana pasada a las puertas del instituto sueco, donde les nevó. :: a. r.

El intercambio del Pedro de Valdivia con el instituto de Skara cumple 20 años

FRAN HORRILLO

Con las maletas repletas de vivencias y con la bonita sensación de haber visto nevar, regresaron la semana pasada 17 alumnos del instituto Pedro de Valdivia de su enriquecedor viaje a Suecia.

Ellos, junto a sus profesores, participaron en la primera parte del intercambio escolar organizado por el departamento de inglés del Pedro de Valdivia con el instituto Katedralskolan de la ciudad de Skara. Durante una semana convivieron con familias suecas, asistieron a diferentes actividades dentro y fuera del instituto y visitaron las ciudades más importantes de la zona.

En definitiva, en el seno de su familia de acogida, tuvieron la oportunidad de experimentar en primera persona otra forma de vida, conociendo una organización diferente, probando su gastronomía y viviendo situaciones nuevas que, sin duda, despertaron su sentido crítico y contribuyeron a abrir sus mentes a otras realidades, además de poner en práctica el inglés para comunicarse.

«No concebimos la actividad como un curso de inglés rápido o unas vacaciones gratis»

Los suecos devolverán la visita a Villanueva de la Serena en marzo. No obstante, este intercambio está de celebración, ya que se cumplen dos décadas desde que se pusiera en marcha. De hecho, se trata del intercambio estudiantil más veterano de los que se realizan en la localidad villanovense. De hecho, en todos estos años han participado más de 450 familias de la ciudad.

Como indica Ana Rebollo, profesora de inglés y una de las profesoras que coordinan la actividad, el intercambio con el instituto sueco empezó, como muchas otras relaciones duraderas, por casualidad, en el curso 1998/99. «Un programa europeo de intercambios nos puso en contacto con el instituto sueco de Skara. Buscaban socios en España para un intercambio porque sus alumnos estudian español. La idea, en principio, nos pareció un poco rara, ¿Suecia? ¿suecos? Pero decidimos probar porque en los países nórdicos se habla inglés con fluidez y eso es lo que queríamos: practicar inglés. Y así empezamos y aquí seguimos 20 años después».

Proyectos educativos

A lo largo de todos estos años los dos institutos han colaborado en varios proyectos educativos conjuntos sobre distintos temas: el aprendizaje de idiomas en ambos países, la educación, la historia, el estado de bienestar sueco, la gastronomía, el medio ambiente, la inmigración, etcétera. Los alumnos suecos y españoles han comparado temas, y han ido profundizando en el conocimiento mutuo.

Ana admite que aunque buscaban el perfeccionamiento del idioma, con los años la actividad se ha ido enriqueciendo: «La idea del intercambio surgió en principio como actividad para mejorar la competencia lingüística de nuestros alumnos y así lo planteamos. Sin embargo, con el tiempo, hemos visto que su valor formativo va mucho más allá del aprendizaje de un idioma. Para nosotras, un intercambio no es un curso rápido de inglés ni unas vacaciones gratis. Para nosotras, un intercambio es convivir con otra familia, ver un país desde dentro, no desde la superficialidad de los hoteles, experimentar otras costumbres, otra manera de ver la vida y aceptar esas ideas que a veces nos resultan extrañas sin juzgarlas ni criticarlas. También los alumnos, al relacionarse con chicos de un país tan distinto al nuestro, se ven desde fuera, desde otra perspectiva y eso les hace reflexionar sobre su propia identidad y les enriquece».

Lo que si han podido comprobar las profesoras que dirigen el intercambio, es que con el paso de los años, los alumnos cada vez hablan mejor el inglés: «Al principio el idioma era una barrera, eso debo admitirlo. Ahora ya no. Nuestros alumnos han mejorado muchísimo en inglés. Antes sencillamente no hablaban y en la actualidad lo hacen sin problema, con fluidez y soltura. Las profesoras suecas me hablan muchas veces de ese cambio.Y las familias suecas lo han notado».

Estas dos décadas ha dejado innumerables anécdotas divertidas, aunque también momentos duros ya que a muchos jóvenes les ha resultado difícil esa convivencia: «Generalmente tras el primer impacto, todos se han adaptado a esa nueva vida y todos han vuelto trayendo consigo más de lo que se llevaron: han mejorado su inglés, han conocido gente distinta y han aprendido a aceptar algunas costumbres muy suecas, como quitarse siempre los zapatos antes de entrar en casa, dar las gracias por la comida, estar en silencio en los lugares públicos, que tanto les cuesta aquí, dormir y vivir en casas sin cortinas, pues allí aprovechan toda la luz que pueden y no la tapan como nosotros al tener en invierno muy pocas horas de sol. Por eso, tienen velas y lámparas encendidas por toda la casa, siempre».

Disfrutando del sol

Quizás, por ello, los suecos disfrutan muchísimo del sol cuando vienen a Villanueva de la Serena en marzo. De hecho, ya es una típica estampa del pueblo ver a los suecos comiendo fresas sentados al sol, aprovechando cada rayo solar.

Luego, aunque parezca una contradicción, como puntualiza Ana Rebollo, «los suecos se han acostumbrado a nuestro frío. Sus casas suecas están muy acondicionadas y al principio notaban mucho ese cambio. En la actualidad, no. Además, se sorprendían mucho por los braseros. Nunca habían visto uno. No entendían que hacíamos con ese artilugio, todos sentados alrededor de una mesa redonda, nuestra camilla. Me resultaba muy cómico ver sus caras mientras trataban de explicar esas cosas. O los jamones. Nunca habían visto un jamón entero y algunos se sorprendían muchísimo al entrar en las cocinas y ver la pata de un animal, como ellos explicaban a sus profesoras».

En definitiva, que con los años se han ido creando unos vínculos cada vez más fuertes. Surgió algún que otro noviazgo pasajero, muchos alumnos villanovenses hicieron su año de Erasmus en Suecia, así como máster, cursos de postgrados. Incluso, hay relaciones que duran en el tiempo, con familias suecas y españolas que han creado lazos fuertes y que siguen visitándose, ya a título personal.

Y es que dos décadas estrechando lazos con Suecia dan para mucho. Asimismo, resulta tan atractivo el intercambio, que ya se ha convertido en una seña de identidad del IES Pedro de Valdivia, y muchos de los nuevos alumnos que se matriculan, lo hacen en este centro al reclamo de esta actividad en la que aspiran participar algún año.

 

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