Una bandera villanovense en la cumbre más alta de Europa

Los cinco miembros de la expedición al Monte Elbrús. :: cedida/
Los cinco miembros de la expedición al Monte Elbrús. :: cedida

Una expedición de la localidad logró llegar a la cima del Monte Elbrús en Rusia

ESTRELLA DOMEQUE

El año pasado se quedaron a las puertas, pero en este 2019 el Monte Elbrus no se les ha resistido. «El objetivo se ha conseguido. Un éxito de toda la expedición donde cada uno ha puesto todo lo mejor para alcanzar el sueño de subir la montaña más alta de Europa», contaban los aventureros Eloisa Gómez, Jesús Hidalgo, Jesús Mansilla, Fran Pascual y Josechu Pineda.

Para los serones Mansilla, Hidalgo y Pineda era su segundo intento, tras el fallido en julio de 2018. Aprendieron de sus errores y esta vez hicieron cumbre a 5.643 metros en este punto de la cordillera del Cáucaso en Rusia. Y eso que el primer tropiezo llegó antes de alcanzar el país ruso, ya que en la frontera de Turquía les requisaban la cuerda de escalar. A eso añadían que una vez llegados a Terskol comprobaron que las previsiones meteorológicas eran muy malas, con lluvias en el valle y posibles nevadas intensas.

Pero nada les quitaba la ilusión y, metro a metro, cada vez se acercaban más a su destino. No obstante, la dureza del camino se compensaba con la belleza de los paisajes del Cáucaso. «Es indescriptible, lo más bonito que hemos visto en nuestras vidas», relataban en su diario de aventura que se ha podido seguir en redes sociales. Una belleza que contrastaba de lleno con otras vistas muy diferentes: «Hemos parado en un refugio destartalado, muy sucio, sin luz y sin baño», contaban en el cuarto día.

«El paisaje es indescriptible, lo más bonito que hemos que visto en nuestras vidas»

Un día después, atravesar el glaciar de Garabashi se convirtió en uno de los retos más complicados, pero también superado tras rescatar de una grieta a uno de los miembros de la expedición. Una vez cruzado el glaciar se instalaron en el refugio de Barrels a 3.900 metros de altitud. El objetivo inicial, dadas las condiciones meteorológicas, era buscar la cumbre el miércoles.

Contratiempo al final Para ello, en el sexto día había que reponer fuerzas. «Comer por fin algo decente después de varias jornadas a base de sopa y pasta», relataban. La ansiada cima quedaba a 2.000 metros de altura, casi tan arriba como la moral del grupo que miraba hacia arriba con optimismo.

«Estamos con mucha moral y esta noche a la 1 de la madrugada intentaremos la cumbre», contaba el martes Jesús Hidalgo, que explicaba además que había que salir de noche para que la nieve estuviese dura y les diera de tiempo a bajar antes de que empeorase el tiempo, «que siempre se pone mal por la tarde».

Sin embargo, esos últimos metros del miércoles no fueron como estaban previstos. Con mucho frío y niebla, a 4.700 metros de altitud, uno de los miembros del grupo se encuentra mal y tiene que ser ayudado dos de ellos para descender a los refugios. Otros dos continúan la ascensión y tras nueve «durísimas» horas de viento, niebla, frío y falta de oxígeno consiguen hacer cumbre, regresando al refugio «exhaustos» cuatro horas y media después.

Una noche en la que vuelve a nevar de forma abundante, complicando el intento del resto de la expedición que tuvo que pelear con vientos de casi 70 km/h, mucho frío y una terrible tormenta eléctrica por lo que deciden regresar.

En cualquier caso, la aventura culminó con éxito y la bandera de Villanueva de la Serena ondeó a más de 5.000 metros de altura.