Cuando correr es de valientes

Juan Vázquez participa en las pruebas más duras del planeta pese a sufrir espondilitis anquilosante

MARCO A. RODRÍGUEZBADAJOZ.
Juan suele llevar siempre una cámara a las pruebas a las que asiste y posee una amplia colección de recuerdos gráficos. ::                             J. VÁZQUEZ/
Juan suele llevar siempre una cámara a las pruebas a las que asiste y posee una amplia colección de recuerdos gráficos. :: J. VÁZQUEZ

El protagonista de esta historia ha llorado por no ser capaz de hacer algo tan simple como bajarse de un coche. Hasta que un día decidió cambiar las lágrimas por una vida de intensa lucha que le ha convertido en todo un ejemplo. Al zafrense Juan Vázquez le diagnosticaron espondilitis anquilosante, una enfermedad rara que sufría siete años atrás -ahora tiene 32- y que le afecta al sacro, la parte baja de la espalda y las articulaciones. Cada caso es un mundo e incluso los hay que atañen a órganos como el hígado. Cuando aparecen los dolores cualquier gesto al que no damos importancia, como sentarse o incorporarse, parece misión imposible. Le dijeron que el deporte es un fiel aliado al tratamiento y él se lo ha tomado al pie de la letra hasta el punto de participar en las pruebas de resistencia más duras del planeta.

Competir en un Ironman o la Titan Desert es un lujo físico incluso para un deportista de alto rendimiento. Para cualquier ser humano es un esfuerzo ímprobo, por lo que su mérito es infinito. Prueben nadar cerca de dos kilómetros. Acto seguido cojan la mountain-bike y recorran otros 90 por una superficie que Indurain odiaría. Y la guinda al pastel de la superación es una media maratón de 21 kilómetros. O intenten apuntarse a la ION4 Madrid-Lisboa, la prueba Non Stop más larga y dura del mundo a base de 770 kilómetros en un fin de semana.

Pero la meta de Juan no es pasar por esa maravillosa puerta que indica el fin del camino. Su objetivo es otro. Quiere que la gente sepa que, si él puede, se puede. De la mano de entidades como AEXPE (Asociación Extremeña de Espondilitis) y CEADE (coordinadora nacional), ligadas a la mencionada enfermedad, pretende dar publicidad a la conveniencia de practicar deporte para quienes padecen la EA porque es el remedio más efectivo. «Para mi cada prueba no es una competición, es una vivencia. Mi lema es 'propónte un reto y cruza su meta'. Para mi tiene el mismo valor el que consigue dar dos vueltas sin parar corriendo en el parque que el jamaicano que baja de 9 segundos en los 100 metros. Sólo tienes que ponerte un reto y superarlo. Algunos días mi gran reto es poder atarme los cordones sin problemas y en cambio otros días es poder bajar de 5 horas en un medio ironman. Tengo muy claro que no soy Superman, así que, si yo puedo, cualquiera puede», narra Juan para dar ánimo al resto de convalecientes.

Miedo a los brotes

Asegura que su mayor miedo es la aparición de los brotes, porque cuando la enfermedad viene no se puede hacer nada. Le paraliza, porque es un dolor imposible de dominar pese a que comienza con unas ligeras molestias. Como prevención, además del tratamiento médico que toma desde hace cuatro años, lo mejor es hacer ejercicio pese a que cueste más de lo que le cuesta a alguien 'sano'. De ahí la importancia de su testimonio. «Es duro salir a correr con dolor, pero después estaba mucho mejor. Queremos dar ese pequeño empujón a todos aquellos enfermos para que se enfrenten a ese dolor y hagan deporte o se muevan cuando el dolor es más fuerte», añade con el convencimiento que otorga saber de lo que habla.

Se considera un autodidacta. Apenas tenía formación deportiva y presume de haberse comprado la bici seis meses antes para preparar la Titan Desert, lo que le valió para que sus compañeros le dijeran que no lo contase mucho pues de un plumazo desmontaría la teoría de que su dureza precisa mucho más entrenamiento. Es arquitecto técnico, con el grado de ingeniero de edificación, lo que le valió para trabajar como jefe de obra durante seis años. La enfermedad le cambió una vida que igual transcurría muchas horas de pie junto a las mismas sentado. Lo dejó. Y lo que hasta entonces fue un hobby pasó a ser prioritario. Según apunta, hizo quiromasajista, cursos de experto en fisioterapia del deporte, empezó osteopatía, monitor de ciclo indoor (spinning), personal trainer, juez de triatlón., y ahora trabaja en una sala de masajes en Zafra y otra en Montijo. Ya lo ha contratado para la Andalucía Bikes Race el equipo de Milton Ramos, uno de los corredores de MTB más famosos del mundo. «La vida da muchas vueltas y ayer era jefe de obra, hoy masajista, y mañana., mañana lo sabré».

Mamá y su novia

Desde su nuevo entorno laboral y los retos que acomete pese a la EA, Juan Vázquez está situado en una posición privilegiada para dar charlas de superación a sus 'compañeros' afectados. ¿Y qué le dice su entorno más cercano? Pues así lo contesta: «Mi madre creo que es la que más sufre con las pruebas que hago. Ella sólo con mirarme sabe si estoy mal con la enfermedad. Yo siempre que me preguntan digo que estoy bien, siempre intento que mi situación no afecte a la gente que me rodea, pero a ella es imposible engañarla, jeje! Siempre me dice que tenga cuidado y que me cuide. Mi novia dice que soy un poco bruto, pero sabe que sin esos retos y sin esta vida estaría mucho peor, así que siempre está ahí ayudándome». Añade que su novia es su gran pilar porque al ser psicóloga clínica entiende muy bien el desánimo que conlleva esta dolencia.

Para tener que soportar una enfermedad tan paralizante, lo curioso es que Juan no para. En este 2014 tiene en mente correr la Algarve Bikes Challenge. Eso será en marzo y ya se prepara a conciencia con la bici pues ha pedaleado menos de lo que ha corrido. Con una semana de descanso se meterá de lleno en la Medio Ironman TRISUR de Sevilla. En junio le esperan los Pirineos y una de las NonStop más duras, la Pedals de Foc y en septiembre el Ironman de Mallorca.

Su caso demuestra que correr no es de cobardes. Preguntado por ello, lo tiene claro: «Con esta enfermedad, 'correr es de valientes'. Valientes que se enfrentan a ella agarrándola por los cuernos, luchando cada día por que no les gane ni un solo milímetro. Valientes que con dolor son capaces de levantarse del sofá y salir con la bici o irse a nadar. Valientes que son capaces de enfrentarse a su vida y cambiar de trabajo y adaptar su enfermedad a su vida». Juan no es Superman, pero no hay duda de que le sobra valentía.

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