El mar se tragará Barcelona

Los efectos del calentamiento global ya se sienten en nuestras costas, que retrocederán hasta 70 metros en 2050 Hay países, como Holanda, en los que los efectos del cambio climático están ya integrados en su ordenación territorial

JOSÉ AHUMADAMADRID .
El mar se tragará Barcelona

Si hubiese que hablar de un protagonista de la cumbre del clima de Varsovia, que concluyó la semana pasada sin grandes novedades, éste sería, sin duda, Yeb Sano, máximo representante de la delegación filipina. El recuerdo de su conmovedora intervención en la jornada inaugural, cuando suplicó, entre lágrimas, ayuda para los miles de compatriotas afectados por el paso del tifón Haiyan por su país, se mantuvo fresco durante toda la conferencia, en la que día tras día se vio cómo crecían los números del desastre: el cómputo, aún provisional, cifra en más de 4.000 el número de muertos, en 20.000 el de heridos y en casi 2.000 el de desaparecidos.

Algunos participantes en la reunión llegaron a vincular el poder destructivo del ciclón (de fuerza 5, la mayor conocida), con el cambio climático; otros, más prudentes, sin llegar a atribuirle esa conexión directa con la catástrofe, admiten una coincidencia estadística significativa entre la frecuencia con que se producen huracanes extremos en la zona y la contaminación por aerosoles.

En ese espacio que media entre lo que se sospecha y lo que puede probarse se mueven quienes niegan tanto que la atmósfera se esté calentando como que haya un aumento de la temperatura como consecuencia de la actividad humana.

«Quien dice que no hay cambio climático no es consciente de la ciencia que hay detrás de las observaciones y del rigor con que se trabaja. Negar lo evidente no tiene ningún sentido», zanja Íñigo Losada.

Este ingeniero, director de investigación del Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria, forma parte del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC), organismo dependiente de Naciones Unidas que tiene entre sus fines atenuar las consecuencias de este fenómeno y estudiar las posibilidades de adaptación del hombre al mismo. Losada ha sido el encargado de coordinar el capítulo dedicado a las costas en el último informe del IPCC.

Un reciente estudio realizado por 'National Geographic' mostraba un futuro sombrío a 5.000 años vista: para entonces, y por el alza de temperaturas, se habrá derretido todo el hielo del planeta. En España, el mar se habrá tragado lo que hoy es Barcelona, media Mallorca, la costa de Cádiz y Huelva y todo el litoral gallego. En Europa, Londres y Venecia serán solo un recuerdo, como los Países Bajos; buena parte de los demás continentes permanecerá sumergida.

Aunque el cambio sea alarmante, resulta difícil preocuparse por lo que sucederá dentro de tanto tiempo, ¿no? «No hay que pensar en un apocalipsis dentro de miles de años, sino en las pérdidas económicas y en el riesgo para las vidas humanas que puede haber en 2050. Nuestro tipo de vida va a cambiar y deberíamos tomarlo muy en serio y actuar ya», advierte Íñigo Losada.

Las playas retroceden

No exagera. Los cálculos del IPCC indican que para esa fecha el nivel del mar habrá subido 35 centímetros en el Cantábrico (siendo optimistas), 20 en la costa mediterránea y 10 en el Golfo de Cádiz. Para mostrarlo de una manera más gráfica: las playas del norte retrocederán unos 15 metros, nada comparado con los 70 que pueden perder en la Costa Brava, el sur de Baleares y el de Canarias; en el Golfo de Cádiz, 'solo' serán 10.

Todo esto no supone únicamente que haya menos espacio para las toallas y que sea preciso trabajar para rehacer los arenales. También significa que la zona de inundación permanente crece y que las grandes mareas empujadas por vientos y borrascas, que se repetirán a un ritmo mayor, penetrarán más en tierra.

En nuestro país, los municipios costeros, que ocupan el 7% del territorio, albergan al 45% de la población, lo cual da idea de la cantidad de bienes -viviendas, terrenos agrícolas, instalaciones industriales, etc-, situados en la franja expuesta a la subida de las aguas. Infraestructuras como el saneamiento o el alcantarillado de una ciudad, calculadas para unas condiciones determinadas, pueden quedar inutilizadas si cambian.

Hay países europeos en los que los efectos del cambio climático están ya integrados en su ordenación territorial. Holanda, por ejemplo, mide el retroceso de su línea de costa y obliga, por ley, a regenerar con arena los fondos. En España, la nueva Ley de Costas incluye ya un apartado en el que se indica la necesidad de tener en cuenta esos efectos.

Los expertos insisten en que es preciso avanzar en la mitigación de los riesgos y, sobre todo, en la adaptación a un cambio que resulta imparable. «Aunque ahora detuviésemos las emisiones, seguiríamos sintiendo las consecuencias del calentamiento más allá de 2100», asegura Losada. La única alternativa es prepararse. «El mensaje no es hablar de una hecatombe: las cosas van a seguir cambiando, y cuanto antes tomemos medidas, más probabilidades tendremos de dejar un mundo mejor a nuestros hijos».