Dos colegios unidos y bilingües

El inicio de curso trae consigo cambios significativos que la directiva espera resolver antes de que termine el año escolar 320 niños comienzan sus clases en los fusionados Félix Rodríguez y Santa Olalla

MARTA PÉREZ GUILLÉNMÉRIDA.
En las clases se colocan carteles en inglés para que los alumnos se vayan acostumbrando. ::                             BRIGIDO/
En las clases se colocan carteles en inglés para que los alumnos se vayan acostumbrando. :: BRIGIDO

Una fusión de dos centros en uno, bilingüe y con la incorporación de una nueva unidad de Infantil, pionera en la comunidad autónoma, permitiéndoles de esta forma ampliar su oferta educativa. Los comienzos de curso son un caos tanto para padres, pequeños y colegios. Y más si tienen que afrontar cambios tan significativos como los que implica la fusión del centro infantil Santa Olalla con el Félix Rodríguez de la Fuente.

Unos 320 niños comenzaron sus clases a mediados de mes en los centros fusionados. Alrededor de 120, con edades comprendidas entre los 2 y 5 años, comenzarán a recibir una educación bilingüe. El primer eslabón de la cadena hasta completar con toda Primaria. «Los niños que este año están en 5 años, el que viene continuarán su formación bilingüe en primero de Primaria, y así con todos», explica Abel Macías, director del Rodríguez de la Fuente.

La plantilla orientada a impartir la sección bilingüe cuenta con cuatro especialistas, tres que se centran en los más pequeños y uno destinado a Primaria. «Con esto y el apoyo importante de la profesora de Infantil tenemos más que cubiertas las necesidades del centro», recalca.

Mejorar la oferta educativa, con el segundo idioma desde infantil, ha generado un mayor interés por parte de los padres emeritenses, aunque este año el centro ha contado con menos plazas, 25, y con el mismo número de solicitudes que cuando estaban los dos centros, 36. Que se oferten menos plazas tiene que ver con la fusión de los centros. «Antes Santa Olalla admitía a 25 niños y el Félix Rodríguez también», explica Macías. Tras la unión, el número de plazas se ha reducido a la mitad, por lo que han contabilizado el mismo número de solicitudes que otros años. «Las inscripciones han sido las mismas, pero hemos recibido unas 70 consultas de padres que vivían por otras zonas», puntualiza.

Todavía se está decidiendo de qué manera afrontar la educación con la incorporación del segundo idioma. «No se trata de ampliar las horas de inglés», subraya el director del centro, «sino de cambiar la metodología y la forma de ver el idioma». Los pequeños recibirán las clases de Infantil como las de cualquier centro. El refuerzo del segundo idioma se centrará en las rutinas diarias, que se aprende a esas edades, como saludar, los días de la semana y el tiempo que hace.

El objetivo no es otro que los niños se familiaricen con la lengua y con la fonética para que cuando continúen en Primaria sea mucho más fácil afrontar el idioma, y mucho más efectivo.

Deberes que hacer

Aunar dos colegios en uno no es tarea fácil y supone además una larga lista de deberes que hacer. Aún así, Abel Macías, director del centro, indica que si bien es cierto que todos los comienzos son complicados, despacito y con buena letra esperan terminar este curso con todas las modificaciones resueltas.

Quizás la que se encuentre encabezando la lista de los quehaceres, y pueda resultar la más relevante por lo que conlleva, es escoger un nuevo nombre para el centro. «Ya tenemos algunos pensados, y tras la celebración del Consejo Escolar espero avanzar en el asunto», señala Macías, quien además explica que cuando piensen en cómo llamar al colegio la decisión se trasladará a la Consejería de Educación y más tarde al Ayuntamiento de Mérida para contar con el consentimiento de ambas entidades.

Estructuralmente, el colegio también ha sufrido cambios. Ahora el centro está formado por dos edificios, el primero destinado a la zona de Infantil y el segundo donde se encuentran las clases de Primaria. La habilitación de un aula dedicada a los pequeños de 2 años, pionera en la región, ha sido el único gasto económico que ha tenido que afrontarse. «Necesitan un aseo y una zona donde poder alimentar a los niños», recalca.

La organización de las aulas se ha modificado, como los horarios y pronto la decoración del edificio, orientada principalmente a su nueva condición de centro bilingüe. Los profesores también tendrán que afrontar la nueva realidad, y aunque no es obligatorio, el reciclaje animará a que los trabajadores obtengan el título del nivel B1 o B2.

Por si fueran pocas las novedades, el centro estudia ofertar unas clases particulares de inglés junto a la entidad Trinity College. «Es una práctica habitual en los centros educativos en Madrid, y en Mérida somos pioneros», indica el director del centro. Los que se inscriban y vayan adquiriendo nivel en el idioma, pueden realizar una prueba y así conseguir un título válido. «Los profesores de Trinity College harían uso de las aulas», explica Macías, quien además añade que los que obtengan el certificado podrían acceder a la Escuela Oficial de Idiomas con más facilidad.

Sin duda un camino largo y duro, pero al mismo tiempo gratificante. «Para nosotros este importante cambio es por lo que llevamos luchando desde hace un tiempo, es nuestro premio», señala Macías, satisfecho por el cambio que está experimentando el centro.

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