La Catedral muestra hasta esta mañana su misteriosa Virgen durmiente

Acabada la misa de 12.00, el canto de la Salve dará paso al cierre del sepulcro en el que estará oculta hasta agosto del año que viene

A.S.O.PLASENCIA.
Un visitante contempla la imagen de la Virgen de la Asunción en su retablo. ::                             PALMA/
Un visitante contempla la imagen de la Virgen de la Asunción en su retablo. :: PALMA

La imagen mariana menos vista de la ciudad volverá a ocultarse esta mañana, acabada la misa de 12.00, en su sepulcro de la Catedral hasta dentro de un año. Menos unos días.

Justos los del novenario previo a la festividad de la Asunción. Porque esta rara virgen yacente en una urna de madera cubierta de carey y cristal solo puede contemplarse en la seo placentina unos pocos días al año cada agosto. Así es y ha sido durante siglos la ritual tradición local que lleva un goteo de fieles a venerar y contemplar esta imagen que admiran con extrañeza los turistas que visitan el templo consagrado a esta advocación de María.

Les llama la atención por varias razones. Por la inusual representación iconográfica de una virgen amortajada y por el singular vestido que la adorna. La representación de María «en el trance mismo de la muerte» fue traída desde Salamanca a Plasencia a finales del XVI. Se trata de una imagen tallada para ser vestida con la mortaja, por lo que solo tiene trabajados el rostro, las manos y los pies.

De hecho, el propio origen de la imagen está también rodeado de cierto misterio. La Virgen de la Asunción llegó desde Navacarros (Salamanca), pueblo perteneciente a la Diócesis de Plasencia. Poco más se sabe de ella. La imagen es del siglo XV, anterior al retablo que la acoge, que data del XVIII y también a la Catedral nueva.

La representación de vírgenes yacentes es algo infrecuente en la iconografía cristiana, al no estar ratificada por los textos oficiales de la Iglesia, señala Vicente Méndez en su obra 'El retablo en la diócesis de Plasencia'.

Éste explica que su origen está en los pasajes apócrifos asuncionistas que posteriormente «La leyenda dorada» se encargó de popularizar.

El origen de estas vírgenes, agrega el autor, es bastante antiguo, con alguna datada en el siglo XI. El entierro de María gozó de amplia representación en estampas en los siglos XV y XVI, con la advocación del Tránsito de la Virgen.

Se trata de una imagen de vestir, del siglo XV. Inicialmente se la rindió culto en un pequeño altar, pero la gran devoción popular que despertó llevó al Cabildo a encargar al taller de los Churriguera un original retablo-sepulcro en 1724.

Para exponerla al culto, en los primeros días de agosto, es sacada del dorado nicho que tallaron los artistas en el retablo diseñado para dar cobijo a la imagen y es ataviada con un bello vestido de terciopelo rosa bordado en oro, regalo de la reina Isabel II en una visita.

La Virgen de la Asunción se la adorna con una cruz pectoral regalo de un prelado, una corona dorada de flores, una curiosa mariposa y las joyas donadas por los devotos y anillos de varios obispos en sus manos. Llaman la atención sus sandalias delicadamente bordadas. Ante el altar se montan los bancos en la capilla, sobre las sepulturas de prelados como el González Laso, Casas y Souto, Jarrín o Zarranz y Pueyo.

Para el estudioso de la iconografía mariana e historiador de la Catedral, José Sendín, el de la Asunción es el altar más misterioso del templo, el que acapara más historia y alrededor del cual giran una serie de llamativos sucesos. Así lo relata en 'Las Catedrales de Plasencia'.

El retablo los trazaron los hermanos Churriguera, Joaquín y José, y del sobrino de ambos, Alberto, que remató la obra, empezada en 1.724 y terminada en 1.726, con gran satisfacción del Cabildo, que gratificó con 4.000 reales de vellón al artista. Costó 44.000 reales. Se doró en 1741. El obispo Bartolomé de Ocampo, natural de Garrovillas, pago de su peculio particular la rica urna.

El retablo de la Virgen de la Asunción era originalmente de mayor altura que ahora, ya que perdió el cuerpo central en mayo de 1795, al desplomarse de improviso justo cuando decía misa un sacerdote francés huido de la Revolución Francesa.

El clérigo, narran los Collazo en su manuscrito, falleció en el acto, pero el monaguillo que le ayudaba alcanzó a refugiarse de un brinco en la sacristía.

Ésta es la razón por que la que hoy parece desproporcionado con respecto al hueco de la capilla o que las imágenes de San Joaquín y Santa Ana parezcan de proporción descompensada.

Antonio Ponz, en su viaje a Plasencia en 1763, refiriéndose a este retablo dejó escrito: «En el lado de la epístola se venera la imagen de Nuestra Señora en su tránsito, puesta sobre una cama, que según noté, se hace con tan gran misterio en descubrirla, como si fuera el Santísimo, y se me enseñó por gran fineza».

Antiguamente la festividad de la Asunción era día de gran y solemne fiesta religiosa y popular para una ingente legión de devotos y para la propia seo, cuyo exterior se adornaba la noche anterior con cientos de lamparillas de aceite, no en vano a ella está consagrado el templo.

Esta mañana, acabada la solemne misa de 12.00, tras el canto de la salve mariana ante su altar, la Virgen de la Asunción volverá a guardarse para permanecer oculta en el retablo junto a la puerta de la sacristía hasta primeros de agosto del próximo año.

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