«Monago no es la Virgen de Fátima, pero da la cara y eso gusta a la gente»

«La gente no quiere un alcalde para que le cuente chistes, sino para que solucione sus problemas»

ANTONIO CID DE RIVERABADAJOZ.
Miguel Celdrán sentado en una terraza del Paseo de San Francisco en Badajoz. ::                             PAKOPÍ/
Miguel Celdrán sentado en una terraza del Paseo de San Francisco en Badajoz. :: PAKOPÍ

Resulta todo un reto hacer una entrevista a Miguel Celdrán en el paseo más céntrico de Badajoz. Más de quince interrupciones. Adiós Miguel, adiós alcalde y la correspondiente respuesta: adiós familia o adiós y el nombre de pila. El camarero, el jubilado, el empleado de banca, dos monjas con hábito, una mujer con un bebé y hasta un despistado que todavía pregunta si puede ir a verle al despacho. Popular hasta la saciedad, llega tarde al encuentro después de mostrar donde tiene apuntada la hora de la cita: una servilleta de papel de un bar. Está relajado después de dos meses fuera del cargo y tras haber superado una afección respiratoria que le mantuvo ingresado en el hospital una semana. Humilde con sus correligionarios y soberbio con el enemigo, no deja títere con cabeza; dice lo que piensa y se vanagloria de no importarle nada porque, como él mismo afirma, a sus 73 años está de vuelta de todo.

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