La producción de aceite se desploma y retrocede a la de antes de 2001

Hay existencias por el descenso del consumo y de las exportaciones y no se aprecia aún subida en el precio del litro para los consumidores

CELESTINO J. VINAGREMÉRIDA.
Un temporero varea un olivo en Villafranca de los Barros. ::                             HOY/
Un temporero varea un olivo en Villafranca de los Barros. :: HOY

El descenso se intuía pero la confirmación del dato por parte de la Agencia para el Aceite de Oliva confirma la magnitud del desastre. Extremadura alcanzó las 23.919 toneladas de aceite en la campaña 2012/2013. La cifra supone un descenso del 57% respecto a la anterior (54.700), que fue singularmente buena al ser la segunda mejor desde 2001, por lo que el batacazo productivo es doblemente mayor. El olivar extremeño, que sirve no solo como medio para ganarse la vida sino para fijar la población en el territorio rural, no pudo resistir un año climatológico muy seco (empezó a llover cuando ya era imposible la recuperación). Esas 23.900 toneladas sitúa la campaña terminada en la peor de los últimos doce años como mínimo, con el añadido de que en 2001 (28.700 Tn) había bastante menos superficie de olivar. Idéntica situación se traslada a la cosecha de aceituna para aderezo: se han obtenido 89.100 Tn, el peor dato desde hace doce años.

Esa evidencia tiene muchos matices que afectan tanto al bolsillo de los productores como al de los consumidores, a las existencias de aceite en España y al PIB extremeño, porque es parte esencial del sector agroalimentario. «Ni de lejos se compensa que nos hayan pagado más con el descenso de la producción. Es imposible. Los números no salen», señala Antonio Prieto, responsable de olivar de UPA-UCE.

Si en la campaña anterior el productor recibió una media de 30 céntimos de euro por kilo de aceituna (50 pesetas, referencia que se sigue utilizando mayormente), ahora se han rondado los 40 céntimos. Una subida apreciable. «El problema es que en muchas parcelas (la mayoría, las de secano) no se ha recogido aceituna. Nada. Y en las mejores cerca de un 40% menos. Así es imposible cuadrar las cuentas», añade Juan Ayuso, gerente de la cooperativa San Pedro de Guareña y portavoz olivarero de Cooperativas Agroalimentarias.

Bien para los consumidores

«Hay que tener en cuenta la propia estructura de este cultivo en Extremadura, muy familiar, como complemento de renta más que como cultivo único profesional. Eso dificulta su comercialización, su salida y eso, dentro de la crisis en general y con mucho paro, es otro lastre más», añade José Luis Llerena, director de la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación del Centro Tecnológico Agroalimentario de Extremadura (Ctaex) y coautor de una tesis doctoral sobre el olivar. Un estudio que revela que la mayoría de las explotaciones de olivares en Extremadura tienen una superficie menor de 5 hectáreas.

Para los consumidores, la realidad es que por ahora la escasez de la producción no ha tenido un traslado automático en un incremento descomunal del precio del litro de aceite. «Sigue siendo un producto reclamo, con competencia, algo que propicia que las grandes superficies comerciales vendan a pérdidas. Esto es, venden en determinadas ocasiones por debajo de lo que les cuesta y lo compensan con otros productos», certifica Prieto. «Es así, pero también seguramente es que el producto que se vende en determinados casos no es el que se dice que es. Esto es, igual no es virgen extra en puridad. Como cuando algunos venden jamón de bellota y no lo es enteramente», añade Pérez.

El gerente de la cooperativa de San Pedro señala que el suministro de aceite está garantizado en España por el remanente de la campaña anterior y porque sencillamente el consumo y las ventas han caído. Las exportaciones también han pinchado en hueso por la competencia de Túnez y Grecia.