La Virgen de Bótoa se quedó con las ganas de ponerse flamenca

Este año estaba previsto que un cantaor interpretara para ella unos palos extremeños desde la terraza de la ermita, pero no pudo ser

ARACELY R. ROBUSTILLOBÓTOA.

La Hermandad de Bótoa había llegado a un acuerdo este año con la Asociación de Arte Flamenco de Badajoz para que un cantaor le dedicara a su Virgen desde la terraza de su ermita unos palos flamencos extremeños, pero la 'Señora de los campos' se quedó con las ganas. El artista previsto se puso enfermo, según explica Gonzalo Robles Doblado, hermano mayor de la Hermandad, quien aseguró que el año que viene llevará a cabo dicha iniciativa. «Porque tenemos unos palos preciosos y ¿por qué vamos a renunciar a rezarle a nuestra Virgen de esta manera», reflexionó.

Este pequeño imprevisto no deslució en absoluto el día grande de la Hermandad. Nuestra Señora de Bótoa salió de su ermita bajo una lluvia de pétalos de flores, paseó por sus campos, llegó hasta la encina en la que dicen que un día se apareció y regresó a su casa entre aplausos y vítores. Todo ello acompañada por los grupos de caballistas, las carrozas, los estandartes, las lavanderas, las camareras, las autoridades civiles y militares y la junta de Gobierno de su Hermandad.

Entre los momentos más emotivos de la calurosa jornada: la subasta del rosario y del ramo de flores que el Ayuntamiento de Badajoz había donado para la ocasión. El primero fue para María Teresa Campiñez, la mujer del pregonero de este año, Francisco Javier Gutiérrez Jaramillo, por 400 euros. Julio Pinna Bote pujó hasta llegar a los 1.200 euros para hacerse con las flores. Tímido y callado, este pacense que además es costalero de la Virgen, reconoció con voz queda que se trataba de una 'promesa' y apenas tuvo el ramo en sus brazos unos segundos. Rápidamente se lo entregó a su madre, Lucía Bote, camarera de la Señora de Bótoa durante muchos años, que a su vez se lo devolvió con devoción a su Virgen.

Las madres tuvieron ayer mucho protagonismo en la fiesta. Al coincidir con la celebración de su día, muchos aprovecharon la ocasión para regalarles algún recuerdo de la Virgen. Este año el más demandado ha sido la pulsera, en sus diferentes versiones. Lola Ambel, que no daba abasto en el puesto de la Hermandad, aseguraba que habían vendido más de 300. «Se nos han agotado. Las de perlas negras, las de perlas blancas... Todas cuestan tres euros. Aunque lo que más nos piden siempre son las cintas, que vendemos a un euro», relataba.

La novedad de este año es que la ermita ha estrenado un portón de forja y cristal, de manera que todos aquellos que quieran podrán visitar a la Virgen y verla los 365 días del año, sin necesidad de que el edificio esté abierto.

El buen tiempo fue sin duda el mejor acicate para que la gente se animase a hacer la tortilla de patatas y el gazpacho, montar los bártulos en el coche e irse a pasar el día a la romería de Bótoa. Gonzalo Robles Doblado asegura que es crucial que la gente esté psicológicamente preparada «porque no es una cosa que se organice de un día para otro y el año pasado, como el clima estuvo inestable toda la semana anterior, eso nos jugó a la contra y hubo muchísima menos gente», asegura encantado de que en esta ocasión les acompañaran «miles de personas».

Reconoció que había cierta preocupación por el hecho de que la romería haya vuelto a coincidir en el mismo fin de semana con la Fiesta de los Palomos. «No hay ninguna duda de que un joven de veinte años que se ha acostado a las seis de la mañana después de la fiesta no tiene ganas al día siguiente de venir de romería. Pero ya hemos conseguido del alcalde la promesa firme de que no vamos a volver a coincidir en el futuro», explicó el hermano mayor de la Hermandad de Bótoa.

Sin embargo, insistió en que no tienen nada contra esta celebración tan popular, aunque recordó que la suya tiene más de 500 años. Para demostrar su buena disposición aseguró: «Si el año que viene la hacen el fin de semana siguiente y nos invitan, somos capaces de ir nosotros. Lo que sea por levantar Badajoz», subrayó contundente.

Otro de los protagonistas del día fueron las altas temperaturas, uno de los principales temas de conversación entre los asistentes, que buscaron los escasos lugares con sombra para seguir toda la ceremonia en el patio de la ermita.

Terminados los actos oficiales, incluidas tres misas que precedieron a la procesión, se dieron a conocer los ganadores del concurso de carrozas, un certamen que cuenta con más de 70 años y que cada vez tiene menos participantes.

El primer premio, dotado de 200 euros, correspondió a 'La Segadora' de Gévora; el segundo, con 100 euros, fue para 'Gallardo' de la finca 'Las Vegas', y el tercero (50 euros) recayó en 'La Virgen de Bótoa', del pueblo de Valdebótoa.

El momento 'polémico'

Asimismo, consiguieron un accésit las carrozas 'Peña Conservera', 'Sagrajas' y 'El Cigüeñal'. Esta última protagonizó el momento 'polémico' del día ya que el grupo de amigos que había realizado la carroza pretendía acompañarla en la procesión ataviados con disfraces de cigüeñas, pero no se lo permitieron.

«Nos han dicho que era una ofensa, porque parecía que veníamos a pasarlo bien y no a una procesión. Y yo les he preguntado si en las bases pone que no se puede ir disfrazados. Me respondieron que no, pero mi insistieron en que no estamos en carnaval y también le pusieron pegas al furgón con el que tirábamos de la carroza, porque argumentaban que no iba adornado. No sé como así pretenden que se anime la juventud a participar en el concurso», lamentaba Raquel Jiménez, una de las integrantes de este grupo formado principalmente por chicos de entre veinte y treinta años. Pese al disgusto, se quedaron a disfrutar del día de campo perfectamente instalados y provistos de todo lo necesario.

Encontrar un espacio en el que aparcar el coche y acomodarse no era una tarea fácil pese a la extensión del encinar. De eso sabe mucho Juan José Granados Lozano, todo un veterano en lo que a la romería de Bótoa se refiere. Él y sus amigos llegaron a las ocho de la mañana para poder pasar el día debajo de una encina que ya consideran 'la suya' porque en ella disfrutan de esta fiesta desde hace décadas y además se han convertido en unos de sus mejores embajadores. «Nos juntamos gente de Badajoz, Portugal, Olivenza, La Roca de la Sierra, Cataluña, Valdebótoa y de San Jorge de Alor», enumeró divertido.

Perfectamente acomodados en sillas plegables, todos escuchaban atentos mientas Juan José explicaba cómo han cambiado las cosas. «Antes veníamos en carro y nos sentábamos encima de una manta. Había muchas menos comodidades, pero aquello era una verdadera romería, era mucho más bonito», asegura. La tradición que siguen manteniendo es el menú: sardinas, pinchitos, filetes empanados, almejas, gazpacho, tortilla de patatas y ensalada campera.

Al otro lado de la carretera estaban instaladas las atracciones que hicieron las delicias de los más pequeños; un mercadillo en el que se podían encontrar muchos y diferentes productos: desde una bolsa de pipas a una camiseta del Barcelona; y algunos puestos de helados y comida, en los que los menos preparados mataban el gusanillo.

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