«El día de la Virgen de Bótoa, Badajoz se convertía en una ciudad fantasma»

Manuel y Soledad Martínez, que llevan más de 60 años haciendo la romería, recuerdan cómo era la fiesta en las décadas de los 40 y 50

JOSÉ MANUEL MARTÍN
Soledad muestra algunas imágenes antiguas que conserva de la romería, ante la mirada de su hermano Manuel. ::                             J. V. ARNELAS/
Soledad muestra algunas imágenes antiguas que conserva de la romería, ante la mirada de su hermano Manuel. :: J. V. ARNELAS

Soledad Martínez no recuerda haber faltado a la romería de Bótoa ni un solo año, y tiene 66. Durante sus primeros años de vida llegó hasta la ermita en los brazos de sus padres, del mismo modo que ahora lleva a sus nietos y que antes llevó a sus hijos.

«Cuando yo era pequeña, íbamos en un camión que alquilaba mi padre», dice Soledad. Fue en los últimos años de la década de los 50 y los primeros 60 cuando se popularizaron los vehículos familiares y no todos disponían de automóvil propio. «Luego empezamos a ir en coche, pero eso ya fue más tarde», incide Manuel Martínez, hermano de Soledad.

No era la única familia que alquilaba un camión. Se trataba de una costumbre habitual, ya que posibilitaba que en un mismo viaje se transportara a mucha gente y no había problemas de espacio. «Nosotros íbamos familiares, vecinos, amigos. Todos en el camión», rememora Manuel. «Es que iba mucha gente. Badajoz se convertía en una ciudad fantasma. No quedaba nadie, todo el mundo estaba en Bótoa», apostilla su hermana.

Antiguamente, la romería contaba con mucha tradición en Campomaior. «Desde la vecina comarca lusa llegaban muchos portugueses en carro», añade Manuel.

La celebración ha cambiado mucho en diversos aspectos, aunque en otros se conserva igual. Las personas que participan desde hace años han sido testigos de las modificaciones. «No había mercado, ni otros puestos. Como mucho había algún lugar para comer un pincho», apunta Soledad. Lo que se mantiene, aunque con la correspondiente evolución, es la cita musical. «Antes había verbena, que estaba todo el día, y baile», manifiesta Manuel. Ahora, hay una carpa dirigida, sobre todo, a los más jóvenes.

Los cercados en los alrededores de la ermita, según Soledad, aparecieron con el paso de los años. «Los romeros podían moverse por la zona y los niños jugábamos en los sembrados», echa la vista atrás Manuel, que recuerda que después de comer solían llegar hasta la rivera, que hay más allá del templo, y, si hacía buen tiempo, se bañaban en el riachuelo.

Temprano

Los preparativos, igual que en la actualidad, comenzaban en día anterior a la romería con la elaboración de los platos de comida. «Llevábamos tortillas y caldereta y, ya en Bótoa, mi padre hacía un gazpacho. Siempre lo preparaba allí», comenta Soledad.

La jornada empezaba temprano debido a los problemas de tráfico que había en la carretera hasta Valdebótoa. «A las 10 de la mañana ya estábamos en las proximidades de la ermita, preparados para la misa y para la procesión. En el camión, no recuerdo a qué hora nos montábamos, pero muy temprano, porque se tardaba mucho en llegar», puntualiza Soledad, que afirma que tiene buenos recuerdos tanto de una época como de la otra.

Tras la procesión se comía y se pasaba la tarde en compañía de los familiares y amigos. «Los niños jugaban y los mayores se tomaban una copa, como ahora. Sobre las 8 de la tarde volvíamos a casa», concluye Manuel.