Boadella arbitra un duelo jocoso entre Verdi y Wagner

MIGUEL LORENCIMADRID.

El antagonismo entre verdianos y wagnerianos tomó tintes épicos e hizo correr sangre hasta principios del siglo XX. Ahora que la pasión por Richard Wagner y Guiseppe Verdi ya no lleva a sus adeptos a tirar de cuchillo, Albert Boadella (Barcelona, 1943) arbitra un desternillante pulso escénico entre ambos gigantes de la ópera, nacidos en 1813. Regresa Boadella a su vena bufa y satírica en un montaje descacharrante que garantiza las carcajadas del respetable sin ser ofensivo para los amantes del bel canto. «Quizá se sientan heridos los talibanes, los ultrapuristas, que los hay en la ópera como en todo los sectores» anticipa Boadella. «Al contrario que en los teatros de ópera, donde se lo gastan todo en metalurgia, aquí ponemos toda la carne en el canto y en el asador dramático», dice el director de escena.

No oculta Boadella un «ferviente verdianismo» que triunfa en todo el reparto, incluso en el actor que encarna a Wagner. «Pero hemos adoptado una solución de consenso -advierte- para que la sangre no llegue al río». Ha reclutado a cantantes de ópera de primera línea -María Rey-Joly, José Manuel Zapata, Antoni Comas o Luis Álvarez- para darles un máster interpretativo en el mejor registro tragicómico y sacarles todo el partido como actores. Algo que no ocurre en los más envarados escenarios operísticos y que tiene su contrapunto en los madrileños Teatros del Canal que dirige Boadella, donde se estrena mañana 'El pimiento Verdi'.

Es una taberna en la que verdianos y wagnerianos llegan a las manos y se escupen, literalmente, restos de la ensalada y los filetes 'verdiwagnerianos' que les sirven. Su propietario, gran aficionado a la zarzuela y las óperas de Verdi, organiza una cena homenaje para celebrar el doscientos aniversario del nacimiento del genial compositor italiano. Pero los disidentes wagnerianos reclaman honrar también al compositor alemán y reivindican a Wagner como un genio «más profundo y menos pachanguero que el italiano». Se origina así un extravagante y ácido rifirrafe operístico salpimentado con pasajes muy populares de zarzuela.