«Soy de La Serena y aun cuando no vivía aquí venía a por agua»

Cuando Martín Caballero se jubiló se fue a vivir a Torrejoncillo. Casado con una mujer del pueblo, había estado residiendo fuera hasta entonces, pero a pesar de ello cada vez que podía llenaba el coche de garrafas y se iba a llenarlas a la fuente de San Francisco. Ahora lo hace más a menudo, cada vez que se queda sin gota en los envases que utiliza para este fin: en el coche llevaba el miércoles pasado uno de 10 litros, varios de cinco y otros más pequeños, de uno o uno y medio, que rellenó a cuerpo gentil bajo la lluvia.

«Llevo por lo menos 40 años bebiendo esta agua y nos gusta muchísimo porque no está clorada y es absolutamente natural. Se nota nada más tomarla. Ahora está viniendo algo más turbia pero es por la lluvia que está cayendo porque en realidad está igual de sana que siempre. Si hay alguien que dice que no se debe beber es simplemente porque detrás de esas palabras esconde intereses comerciales, el deseo de que el agua se compre, que se pague por ella y eso, teniendo esta aquí, es impensable».