Las batas moradas del Hospital

Diez mujeres acompañan a enfermos y familiares de cáncer de forma voluntariaLa iniciativa solidaria puesta en marcha por la delegación local de la AOEX cumple tres años en la ciudad

ANA B. HERNÁNDEZPLASENCIA.
De izquierda a derecha, Amparo Perianes, Aurea Prieto, Lola Hernández, María Antonia García y Cecilia Herrero. ::                             PALMA/
De izquierda a derecha, Amparo Perianes, Aurea Prieto, Lola Hernández, María Antonia García y Cecilia Herrero. :: PALMA

«He padecido esta enfermedad por triplicado, con mi padre, mi hermano y mi hija». Fue precisamente durante su estancia en Madrid, cuando cuidaba de su hija, cuando Amparo Perianes descubrió a personas que dedicaban su tiempo de forma voluntaria a acompañar a los enfermos de cáncer y a sus familiares.

«A mí me ayudaron mucho», asegura Amparo. Por eso cuando descubrió a la delegación placentina de la Asociación Oncológica Extremeña (AOEX) en una mesa informativa en la Plaza Mayor, se puso a su disposición.

«Mi hija vive en Estados Unidos y tiene cáncer; a ella la echan una mano allí y yo la echo aquí». Cecilia Herrero es, al igual que Amparo, una de las diez voluntarias de AOEX que desarrollan el programa de acompañamiento. Cada día, de lunes a viernes, de 11 a 13 horas, una voluntaria acude al centro oncológico y se pone a disposición de enfermos y familiares.

«Al principio nos necesitan más los familiares; lo pasan incluso peor que el enfermo», dice Cecilia. Ella y sus compañeras simplemente les preguntan si quieren hablar. Su objetivo es infundirles ánimo. «Hacerles ver que es una enfermedad importante sí, pero con buenos tratamientos hoy».

Lola Hernández ha sido enfermera durante 40 años. Es la veterana del programa. Lleva en él desde que comenzó hace casi tres años y no tiene duda alguna de que quiere seguir. «Ellos me ayudan a mí más que yo a ellos; te aportan mucho más, porque te hacen ver, sin querer, que lo que tú tienes no es nada».

La ayuda mutua entre voluntarias, enfermos y familiares y los beneficios que a todas las partes reporta la experiencia es lo que ha logrado consolidar el programa. Hoy las voluntarias de AOEX son las batas moradas del Hospital. Tienen su propio uniforme y familiares y enfermos las esperan cada día.

Todas se han formado previamente en la delegación placentina. Todas saben ya de sobra a qué se enfrentan. La inmensa mayoría porque ha vivido la experiencia. Casi siempre muy de cerca y por eso saben la importancia que tiene que nadie se sienta solo. «Poder ayudar a los demás en lo que podamos creo que es algo fundamental», destaca María Antonia García.

«Yo viví sola la enfermedad de mi padre y creo que es mucho mejor vivirla acompañado porque tienes a alguien al lado que te infunde ánimo y en esos momentos es algo necesario», concluye Aurea Prieto.

Como ellas el resto de las voluntarias hasta la decena que hoy mantienen vivo el programa de acompañamiento se han convertido en alguien más cada día en el centro oncológico. Son las batas moradas del Hospital Virgen del Puerto. Se las espera y se las quiere. Familiares y enfermos agradecen su ayuda desinteresada. Son un ejemplo de la solidaridad placentina.

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