Érase una vez... la Era de los Mártires

Inaugurado en 1846, por el coso han pasado los matadores más destacados de cada momento César García publica un libro con la historia de la plaza de toros de Cáceres

ESTEFANÍA ZARALLO EZARALLO@HOY.ESCÁCERES.
Érase una vez... la Era de los Mártires

El 29 de septiembre de 1963 la plaza de toros de Cáceres se preparaba para vivir una de sus mejores tardes. Cuando los toreros que se anuncian en la feria de San Miguel -Emilio Oliva, Manuel Benítez 'El Cordobés' y Curro Romero- iniciaron el paseíllo, los aficionados desconocían aún que van a presenciar una de las faenas más destacadas del coso (para algunos, la mejor).

Curro Romero destapó el frasco de sus más puras esencias toreras y cuajó una faena extraordinaria al cuarto de la tarde, de la ganadería de Clemente Tassara. Narran los que tuvieron la fortuna de estar presentes que recibió al morlaco con unas verónicas inimitables. Nada más tomar la muleta sacó al animal a los medios y ahí la figura, el estilo y el temple se unieron para ir desgranando muletazos en redondo con la diestra. El público se puso en pie pidiendo la música. Sonaron los pasodobles y el faraón de Camas se echó la muleta a la izquierda para enlazar naturales pulcros que terminaron por conquistar a unos espectadores ya en aquel instante entregados.

Dicen que tan solo fueron unos veinte muletazos, pero de los que quedan grabados para siempre en la retina de los buenos aficionados. Pero la perfección no existe y Curro Romero falló con la espada. De acertar, la presidencia habría tenido que concederle más allá de las dos orejas y el rabo, las patas del toro. Fue tan importante esa tarde, que los aficionados le sacaron a hombros pese a no haber paseado ningún trofeo.

Dicen que es posible que no naciera aquella tarde el 'currismo' en Cáceres, pero sí surgieron muchos 'curristas' que aún hoy en día siguen admirándole y defendiéndole, agradeciéndole así la tarde de toros para el recuerdo que dejó aquel septiembre de 1963 en la 'Era de los Mártires'.

Esta historia es una de las muchas que se recogen en 'La plaza de toros de Cáceres. Apuntes históricos', un libro escrito por César García González (Cáceres, 1949) que narra lo más destacado de la tauromaquia en la ciudad.

La documentación recogida para la confección de la obra podrá verse a partir de esta semana en una exposición en el palacio municipal de exposiciones. Bajo el título 'Documentos y curiosidades de la plaza de toros de Cáceres' el autor recopila los carteles, entradas, artículos periodísticos y demás material con el que acercarse un poco más a una historia apasionante.

La tauromaquia está ligada a Cáceres desde el siglo XIII. Algunas cofradías como la de Nuestra Señora del Salor tenían recogido entre sus estatutos la celebración de unas fiestas en agosto con toros y que después con su carne se alimentase a los más necesitados. Desde esos primeros festejos hasta la construcción de la plaza en 1846, los espectáculos se organizaban en la Plaza Alta (actual plaza de Las Veletas y San Mateo) y posteriormente en la Plaza Mayor.

Montar y desmontar graderío, tendidos y talanqueras comenzaba a ser costoso, por lo que se planteó la construcción de una plaza de toros de obra que albergase los festejos. En el siglo XVIII se dieron los primeros pasos en este sentido, pero la falta de recursos hizo que la propuesta no se llevase a cabo.

Sin embargo, se retomó a mediados del XIX. Se constituyó una comisión que gestionó la formación de una sociedad. Cada miembro compraba acciones por valor de 500 pesetas. Numerosos cacereños aportaron la cantidad y en 1844 comenzaron las obras que finalizarían dos años después. El coso costó 237.000 pesetas.

La 'Era de los Mártires' se inauguró con tres festejos celebrados los días 6, 7 y 8 de agosto de 1846. En ellos se anunciaron José Redondo 'Chiclanero' y Gaspar Díaz 'Lavi' con nueve toros de las ganaderías de Gaspar Muñoz y Pereiro, de Ciudad Real, y otros tantos del Duque de Veragua, de Madrid. En el cartel se recordaba que si se inutilizase algún espada o picador anunciado no habría obligación de presentar otros y que no se usarían perros para azuzar a los toros en caso de mansedumbre y sí banderillas de fuego.

El día 6 se lidiaron seis morlacos que mataron ocho caballos, hirieron a diez y recibieron 63 puyazos y 19 pares y medio de banderillas. Un día después, las reses del Duque de Veragua acabaron con la vida de 31 equinos, lastimaron a 17, aguantaron 92 varas y les fueron puestos 17 pares y dos medios de garapullos. Detalles que recuerdan lo mucho que ha cambiado la fiesta desde entonces...

Los cacereños recibieron con alegría la inauguración de su plaza de toros, pues había una gran afición. De hecho, en los primeros años, el Ayuntamiento era encargado de organizar los festejos pero muchas veces no tenía dinero suficiente, por lo que solicitaba la colaboración de los vecinos. «En el archivo municipal constan actas de las aportaciones que hacían los aficionados para contribuir a los gastos de las corridas», explica César García.

El autor recoge en un anexo los festejos pormenorizados que se celebraron entre 1846 y 2010. En principio, las corridas siempre tenían lugar en los meses de agosto o septiembre. Hubo años en los que no se celebraron por epidemias de cólera, como en 1854, 1855 y 1890, pero por la plaza pasaron a finales del siglo XIX diestros como Rafael Molina 'Lagartijo', José Lara 'Chicorro', Luis Mazzantini o Rafael Guerra 'Guerrita'.

Las ferias en mayo

En 1896 Segismundo Moret se puso en contacto con el Ayuntamiento de Cáceres. Era ingeniero jefe y estaba al frente de la Sociedad de Fosfatos de la zona minera al sur de la ciudad. Quería dar unos días de descanso a los empleados y acordó con el Consistorio dar vacaciones entre el 28 de mayo y el 1 de junio y apoyar económicamente los festejos si se organizaban en esa fecha.

El alcalde Nicolás Carvajal aceptó y se montaron puestos de baratijas y dulces en la Plaza Mayor, se instalaron atracciones y quemaron fuegos artificiales. Comenzaba así la Feria de San Fernando con toros el día 31 de mayo y el primero del mes de junio, de las ganaderías de Miura y Palha Blanco para 'Guerrita' y Antonio de Dios 'Conejito', quien al día siguiente fue sustituido por 'Mateíto' al haber sido cogido.

Desde entonces la ciudad acoge festejos en el mes de mayo, con algunas excepciones por desacuerdos entre Ayuntamiento y empresarios, pero siempre con espadas punteros. Por supuesto por Cáceres también pasaron Joselito 'El Gallo' y Belmonte. El primero hizo el paseíllo por primera vez en 1913, con toros de Tomasa Escribano y Juan Contreras junto a Francisco Madrid. Volvió el año siguiente a la plaza, en esta ocasión junto a 'Bombita III' y Francisco Madrid, pero con ejemplares de los hierros de Sánchez de Carreros y Manuel Albarrán.

Por su parte, Juan Belmonte debutó en Cáceres en 1915, en una corrida de toros celebrada el 30 de mayo en la que hicieron el paseíllo José Moreno 'Lagartijillo', Francisco Posada y Juan Belmonte, con reses de Gamero Cívico. También estaba anunciado un día después y volvió en años sucesivos, incluso con Ignacio Sánchez Mejías, que también toreó en la 'Era de los Mártires'.

Marcial Lalanda, 'Chicuelo', Cayetano Ordóñez 'El Niño de la Palma', Eduardo Rodríguez 'Cagancho', Manuel Mejías 'Bienvenida', Domingo Ortega o 'Gitanillo de Triana' también dejaron pinceladas de su arte en el coso cacereño, en el que hizo lo propio Manuel Rodríguez 'Manolete', que debutó en 1940 en una corrida de toros celebrada el 30 de mayo con astados de Juliana Calva y junto a Rafael Ponce 'Rafaelillo' y Juan Belmonte (hijo).

Durante todos estos años se celebraban en la ciudad las corridas de las ferias, pero también muchos festivales benéficos. Las asociaciones, asilos, cofradías o parroquias acudían al Ayuntamiento y solicitaban la cesión de la plaza para la organización de uno de estos espectáculos con los que se recaudaba dinero para cualquier actividad o proyecto que necesitasen.

La confección de festejos ligada a mayo se amplió en 1949 cuando el alcalde Francisco Elviro Meseguer decidió recuperar una feria ganadera en otoño, en concreto en el mes de septiembre. Desde ese año se celebraron espectáculos taurinos también en esa fecha y que denominaron como Feria de San Miguel. El primero de ellos, el día 1 de octubre, una novillada de José María Lancha para el rejoneador Ángel Peralta y los novilleros Alfredo Jiménez, Miguel Báez 'El Litri' y Juanito Posada.

Con Diodoro Canorea

César García considera que Cáceres vivió una época dorada en lo que a tauromaquia se refiere en la primera mitad de los años 60. En aquellos momentos se encargaba de la organización de festejos el empresario Diodoro Canorea, que ofrecía novilladas con y sin caballos y corridas de toros para lidia a pie y rejones. En esos años Luis Alviz aún era novillero y se anunciaba en la plaza de su ciudad. Pasaron por ella en ese periodo matadores y rejoneadores como Jaime Ostos, Curro Romero, 'El Viti', 'El Cordobés', Gregorio Moreno Pidal, Diego Puerta o Paco Camino.

«También hubo, en mi opinión, otra época bastante positiva para la fiesta a principios de la década de los años 90, cuando Carlos Sánchez Polo era alcalde y se encargaba de organizar las corridas de toros el propio Ayuntamiento con Luis Alviz como gerente», recuerda César García, que indica que se anunciaban buenos matadores con astados de ganaderías de prestigio como Victorino Martín.

Fue en ese periodo cuando el Consistorio decidió hacerse con la propiedad de la plaza, así que se encargó de ir comprando las distintas acciones hasta que logró tenerlas todas y se convirtió en propietario oficial del edificio, «una obra de arte declarada Bien de Interés Cultural con categoría de monumento y que forma parte del Patrimonio de la Humanidad que es Cáceres en su conjunto», recuerda el autor del libro.

César García no solo recoge en su obra lo que se refiere propiamente a la plaza de toros, sino que también detalla las distintas Escuelas Taurinas con las que ha contado la ciudad. La primera de ellas fue fundada por Antonio Macías Cava 'El Navero' y que se conocía coloquialmente como 'Niños Cacereños'. «Estaba situada en la Peña Redonda y se inscribieron muchos aficionados para recibir las clases de los diestros Gabriel López 'Mateito' y 'Pechuga'.

En torno a 1950 se puso en marcha otra escuela a través de Francisco Sellers y el director de la misma fue Joselito Romero, entrenando ya en la propia plaza. A sus órdenes se formaron, entre otros, Sánchez Cáceres o Morenito de Aranda.

La última Escuela Taurina se puso en marcha en 1999, por iniciativa de Emeterio Corchado y con Emilio Rey al frente de la misma. A partir del año 2000 se organizaron en la ciudad ciclos de novilladas de promoción por los que pasaron novilleros que hoy son matadores de toros, como Emilio de Justo o César Jiménez .

Aunque aún hay intentos por volver a fundar este organismo, de momento la ciudad carece de un centro donde los que sueñan con llegar a ser matadores de toros puedan formarse y aprender como un día lo hicieron los diestros de Cáceres, a los que también decida el autor un apartado de su obra.

Primero, a todos aquellos que se doctoraron en la 'Era de los Mártires', desde Manuel García 'Revertito' hasta Emilio de Justo, pasando por Mari Paz Vega, una mujer que tomó la alternativa de manos de otra fémina, Cristina Sánchez. Con respecto a los toreros cacereños, el autor dedica un apartado a Antonio Macías Caba 'El Navero', la dinastía de los 'Angelete', Joselito Romero, Carriches, Armillita, Pepe 'Mirabeleño', Luis Alviz, Antonio Sánchez Cáceres, 'Morenito de Cáceres', Juan Mora, Emilio Rey, Roberto Contreras, Manolo Bejarano, Emilio de Justo y Jairo Miguel.

Recuperar la afición

Basta con contemplar los tendidos de la plaza de toros de Cáceres en las últimas ediciones de su feria para comprobar que la afición parece despoblar poco a poco la 'Era de los Mártires'. César García reconoce que la crisis económica afecta, pero también la poca implicación del Ayuntamiento a la hora de invertir en festejos taurinos.

No obstante, el autor reconoce que la plaza es incómoda para los espectadores y que quizás habría que estudiar la posibilidad de llevar a cabo obras de mejora de los tendidos, algo que algunos ediles se han planteado en distintas etapas.

César García considera que el germen de la tauromaquia está en la ciudad y que solo hará falta que algo o alguien tire del carro de la afición para reconciliar a los cacereños con la 'Era de los Mártires'. Quién sabe si dentro de poco, los aficionados podrán disfrutar de otra tarde tan importante como aquella de Curro Romero en 1963...

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