«El toro bravo es un símbolo de la ética del ser humano»

Licenciada en Filosofía, dedica sus trabajos al estudio de la estética, la teoría del arte y la tauromaquiaMaría Teresa Cobaleda Diputada e investigadora en materia taurina

ESTEFANÍA ZARALLOBADAJOZ.
María Teresa Cobaleda en una imagen de archivo. ::
                             HOY/
María Teresa Cobaleda en una imagen de archivo. :: HOY

Su trabajo está en el Congreso de los Diputados pero su afición, en el campo bravo. María Teresa Cobaleda (Salamanca, 1962) se dedica a la política pero nunca deja de lado su pasión por la tauromaquia. Pertenece a una familia de ganaderos y siempre ha estado en contacto con el toro.

Es licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación. Dedicó su tesis doctoral a la lidia y ha escrito varias publicaciones entre las que destacan 'El simbolismo del toro: la lidia como cultura y espejo de la humanidad' o 'La serenidad estética'. No ha dejado de lado su investigación sobre estética, teoría del arte y tauromaquia. Como filósofa, sus reflexiones sobre el toreo adquieren un importante matiz.

-Ha sido madrina de la segunda promoción del curso de presidentes de la Uned e imparte conferencias por todo el país. Cuestiones que dejan patente el interés por el mundo del toro.

-No cabe duda de que la fiesta de los toros es muy importante en la cultura española. A pesar de la crisis hay una necesidad de cultivarse en la tauromaquia desde un punto de vista cultural.

-Es diputada y miembro de la Asociación Taurina Parlamentaria. ¿Deben los políticos implicarse en la defensa de la fiesta?

-Los miembros de la Asociación Taurina Parlamentaria somos muy aficionados y consideramos que es importante defender la fiesta. Es un símbolo de nuestra cultura y de nuestra manera de ser y como tal tenemos que mantenerlo. A lo largo de toda la historia, la tauromaquia ha tenido siempre altibajos, momentos de crisis, pero somos conscientes de que ahora es necesario apoyarla por todos los medios que estén a nuestro alcance. Estamos luchando por aquello que creemos y que consideramos necesario que se mantenga como una tradición importante no solo para dar sentido a nuestro pasado sino también a nuestro futuro y porvenir como españoles.

-Para darle ese matiz cultural a la fiesta, ¿sería necesaria una nueva ley taurina que la blindase?

-Sería muy importante. De hecho se ha llevado a cabo una Iniciativa Legislativa Popular que ha recabado más de 500.000 firmas pidiendo una ley, un contexto legal que amparase a nivel nacional la fiesta, para darle una defensa en todo el territorio español que garantice los derechos de todas las personas a asistir a una corrida en cualquier parte del territorio. Esta ILP surgió curiosamente desde Cataluña, porque ese derecho había sido sustraído por una ley a nivel autonómico.

-Investiga en materia taurina. ¿Cree que la falta de información y formación hace que el respaldo de la tauromaquia no sea mayoritario pese a ser tan importante en la historia y cultura del país?

-Desde la Prehistoria hasta nuestros días el toro ha sido símbolo de la cultura. Podríamos decir que España ha avanzado a lomos de un toro y es algo que queda plasmado en nuestra arqueología, etnología, las artes. Es un símbolo de la ética del ser humano. Sus dos características principales son la bravura y la nobleza, cuestiones que se pueden extrapolar al ser humano. Es un espejo en el que nosotros nos podemos reflejar. Es un animal que representa el campo, lo natural y originario y llega a la ciudad donde hemos perdido todo eso en una civilización artificial. Estamos viviendo no solo una crisis económica, sino también de valores. Nos estamos deshumanizando, subrayamos lo material y olvidamos los valores espirituales. El animal es muy importante porque nos está recordando lo que hemos perdido, nos hemos deshumanizado perdiendo la nobleza y el valor. Como seres civilizados hemos dado la espalda al campo y el toro nos está despertando a todo esto que hemos dejado atrás y que debemos volver a recuperar.

-En ese sentido podríamos decir que la corrida de toros es una alegoría de la propia vida humana.

-Creo que hemos entrado en el centro de la cuestión. La corrida de toros nos está demostrando que la tauromaquia es una escuela del vivir. La presencia de la muerte es real. La filosofía hace referencia a la muerte de una manera teórica. Sin embargo, los toros presentan la muerte real pero no como un límite sino como una superación. No es la muerte en sí misma, es la superación de la muerte y este es el gran arte del vivir. Tenemos que fijarnos en la vida en contacto con la muerte pero la muerte como un trance de superación porque la inmortalidad solo se consigue tras el paso a la muerte. Uno es inmortal cuando supera la muerte y es lo que nos dice la tauromaquia, que hay que superar la muerte como lo hace el toro bravo, que muere en el centro del ruedo. Cuando es bravo y se le da la vuelta al ruedo está haciendo una alegoría de la superación de la muerte, del paso de las sombras hacia la luz. Pasa de las sombras de la muerte hacia la luz de la inmortalidad. Lo que ocurre es que, en esta civilización, nos hemos olvidado de ese trance del vivir y parece que hemos corrido las cortinas a la muerte que decía Federico García Lorca. Actualmente vivimos de espaldas a la realidad y queremos sucedáneos, no vivimos con esa pasión que hay que tener en la vida para superar las adversidades. Eso es lo que viene a decirnos la gran escuela del vivir que nos muestra la tauromaquia. La filosofía del toreo nos dice que hay que trascender la vida, llegar más allá de las apariencias.

-¿Y por qué la gente no va más allá de las apariencias?

-Porque estamos viviendo en un mundo de lo políticamente correcto, donde la sangre y el dolor no existen. En todas las culturas el derramamiento de sangre simboliza el sacrificio pero vivimos en la civilización de lo light, lo insípido, de lo desnaturalizado. Vivimos de espaldas a lo que no nos gusta. Deberíamos coger al toro por los cuernos y superar la realidad en sí misma, no ponerle un sucedáneo y cerrar los ojos para mirar a otro lado. Si fuéramos a lo profundo de la vida seríamos capaces de conocer también lo que en apariencia es insuperable dentro de lo que es el ruedo donde se derrama sangre, pero eso es parte del símbolo de la humanidad. No cabe duda de que en la plaza de toros hay un sacrificio y se derrama la sangre de un toro que en las antiguas culturas era símbolo de divinidad. Es necesario tener en cuenta el contexto cultural y religioso en la tauromaquia. Sería muy importante una formación y una contextualización de lo que es la fiesta, que no surge hace 300 años con la institucionalización de las corridas de toros, sino que tiene un contexto religioso, cultural y antropológico donde el toro es símbolo de la humanidad y en él nos tenemos que ver reflejados. Es un ejemplo de nosotros mismos y el toro bravo nos está dando las pautas para superarnos en el difícil arte del vivir.

-¿Los aficionados son privilegiados por poder conocer todo eso?

-Por supuesto. La tauromaquia nos hace libres, mucho más fuertes, más humanos. Yo siempre recuerdo unas palabras de 'El Viti', un torero que para mí es un gran sabio fuera de los ruedos y como todos los matadores de toros, un gran filósofo. 'El Viti' dice que «gracias al toro he aprendido a ser un poco más humano en la vida. Gracias al toro he sabido valorar mis ancestros y potenciar el origen de mi persona». El toro nos está haciendo más humanos y gracias a él podemos aprender el sentido de la vida que hoy se nos escapa, que se diluye entre tanta frivolidad y superficialidad. Pasamos de la vida de puntillas pero el toro nos está demostrando que hay mucha más profundidad dentro de la vida y más eternidad y que tenemos que realizar ese trance para ser nosotros mismos.

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