Italia fue un país taurino

Aunque ya existían espectáculos autóctonos, con la llegada de los Borgia se celebraban a la usanza española Los últimos festejos que se organizaron tuvieron lugar en Roma en el año 1924

ESTEFANÍA ZARALLO EZARALLO@HOY.ESBADAJOZ.
En la ciudad de Roma tuvo                        lugar la última corrida de toros,                        en el año 1924. ::                             HOY/
En la ciudad de Roma tuvo lugar la última corrida de toros, en el año 1924. :: HOY

Imagine la situación. Roma. Año 1924. Suenan clarines y timbales y los toreros se disponen a hacer el paseíllo ante decenas de espectadores italianos en una corrida al estilo español. Este hecho puede sorprender a muchos aficionados pero lo que se acaba de relatar realmente sucedió en tan histórica ciudad. De hecho, fueron los últimos festejos taurinos de un país, Italia, al que une una importante tradición de espectáculos con el toro como protagonista.

De sobra conocido es el origen mitológico de los astados y su vinculación con los países del eje Mediterráneo. Italia fue uno de los que también celebraba estos festejos, cuando ni siquiera estaba configurada como nación, sino que se dividía en varios reinos independientes. Tenía sus propios espectáculos taurinos y además, desde la invasión de los territorios de Sicilia y Nápoles por parte del rey de Aragón Alfonso V en el siglo XV, y la llegada de los Borgia a Roma se organizaron junto a los propios los que se 'importaron' desde España.

Y es que los juegos con toros italianos y los españoles no eran del todo similares. Los italianos eran mucho más cruentos. El más conocido de ellos se celebraba en el monte Testaccio. Esta colina, ubicada en la ciudad de Roma, tiene también una historia curiosa, relacionada con España. Se formó de manera artificial con unos 26 millones de ánforas de aceite de oliva rotas. La mayoría de ellas provenían de la Bética (provincia romana también conocida como Hispania y ubicada en el sur de la península ibérica).

Las ánforas se llevaban en barco al puerto de Roma. Tras vaciar su contenido se rompían y se depositaban en este monte artificial que en la actualidad cubre un área de 20.000 metros cuadrados y tiene una altura de 40.

Desde ahí, desde esos 40 metros, ya en el siglo XIII, los italianos celebraban el despeño. Un espectáculo que consistía básicamente en subir hasta la cima un carro con toros y otros animales y arrojarlos desde ahí. Abajo, a lomos de un equino, les esperaban los caballeros, quienes les cortaban las cabezas o los mataban con espadas. En otras ocasiones eran personas desprovistas de escudos o armas quienes aguardaban su llegada en la ladera. Una lucha que habitualmente se cobraba sus vidas.

Este espectáculo se engloba en lo que denominaban 'la cacce di tori' en los que también estaban presentes los de hostigamiento o las carreras con morlacos.

Una de las personas que mejor conoce la vinculación entre toros e Italia es el estudioso en materia taurina e investigador Fernando Cisneros. Nacido en Madrid pero con raíces extremeñas -su madre procede de Jarandilla de la Vera- ha dedicado varios años a conocer mejor esta historia.

Todo surgió cuando este miembro de la Unión de Bibliógrafos Taurinos se topó con un dato que llamó su atención. Una crónica que hacía referencia a que el Papa Alejandro VI, de la saga de los Borgia, mató una corrida de toros en la plaza de San Pedro en el año 1500 y le cortó de un golpe la cabeza al animal.

Fernando Cisneros quiso investigar más y consultó las crónicas de los más destacados historiadores y cronistas italianos. «No encontré ni un solo documento que hiciese referencia a eso», apostilla el investigador. Eso sí, interesado por la materia, comenzó a indagar sobre este tema, consultando hemerotecas y bibliotecas, leyendo los archivos del Vaticano y repasando numerosos documentos en latín e italiano antiguo.

Sus averiguaciones le llevarán el próximo jueves, 13 de diciembre, a impartir una tertulia en el Aula de Tauromaquia de la Universidad San Pablo CEU de Madrid bajo el título 'Toros en Roma. Las corridas papales'. Además, Fernando Cisneros publicará un libro que verá la luz el próximo año.

Los Borgia

Antes de que el primero de los Borgia, Calixto III, llegase a ser proclamado Papa en 1455, ya se celebraban festejos taurinos en Italia. Sin embargo, con su desembarco en Roma, estos se multiplicaron. Como Fernando Cisneros asevera, el siguiente Borgia que fue proclamado Papa, Alejandro VI, en 1492, no estoqueó ningún morlaco, ni tampoco se organizó una corrida cuando se canonizó a San Vicente Ferrer en 1455 como erróneamente se cree.

«Los espectáculos con toros estaban asociados a la celebración del carnaval y a la Asunción de la Virgen, el 15 de agosto. No obstante también hubo algunos con motivo de nacimientos o bodas reales», detalla el investigador. Se organizaron festejos con reses bravas en Roma con motivo de la toma de Granada en 1492 o para celebrar la segunda boda de Lucrecia de Borgia, hija del Papa Alejandro VI.

En el periodo en el que los Borgia tenían poder e influencia en Italia están documentados varios festejos con toros, introduciendo en los mismos las costumbres españolas en cuanto a su celebración.

Al igual que sucedía en nuestro país, los enclaves en los que tenían lugar estos festejos eran las plazas de las ciudades. Por ejemplo, la del Campo de Siena o la de San Pedro en el Vaticano, antes de la remodelación de la misma por Bernini.

También en la plaza Navona, ubicada en Roma. «Ahí se organizaron sobre todo las corridas a la usanza española. De hecho había carreras con toros, que normalmente se hacían por las calles, a semejanza de los encierros de San Fermín», recuerda Fernando Cisneros.

De esta manera, los festejos taurinos se ubicaban en plazas grandes y que tuvieran vías de escape. Eran también los lugares en los que se congregaban los ciudadanos para los autos de fe, es decir, espacios que podían albergar a numerosos espectadores.

Desde el siglo XIII Italia acogía espectáculos taurinos, por lo cual, era una tradición arraigada en el país. ¿Qué sucedió para que dejasen de celebrarse?. «Las razones las encontramos en la influencia que tenía la iglesia católica en la época», argumenta Cisneros. Comenzaron las prohibiciones hasta que finalmente el Papa Pío V decidió prohibir los espectáculos con toros bajo pena de excomunión, en el año 1567.

Una vez que se derogó esa bula, gracias en parte a la presión ejercida por el rey español Felipe II, y una vez que volvía a estar permitido organizar este tipo de festejo, el interés de los aficionados había decaído y aunque se retomaron nuevamente no lograron el auge de antaño.

Se celebraron de manera esporádica durante los siglos XVI, XVII y XVIII pero ya no tuvieron la repercusión y se fueron espaciando en el tiempo hasta prácticamente desaparecer. «Primero llegan las prohibiciones y después el enfriamiento», razona el investigador.

Los últimos festejos que tuvieron lugar en Italia se celebraron en el año 1924, cuando Mussolini intentaba buscar espectáculos que sirviesen para distraer al público, según argumenta Cisneros, aunque el periodista Gonzalo Cardona explicó en una crónica que estas corridas tenían como finalidad recaudar fondos para los hospitales tras la I Guerra Mundial. Para ello se aprovechó un coso taurino utilizando un estadio romano.

Toreros de Eibar y Albacete

Tuvieron lugar en junio de ese año. Se trataba de festejos a la usanza española (con picadores y banderilleros) en los que se lidiaron reses de Albaserrada. Eso sí, los astados no morían en la plaza, según detalla Cisneros. Participaron los espadas Pedro Basauri 'Pedrucho de Eibar' y el albaceteño Rafael Rubio 'Rodalito', que decidió quedarse a trabajar en la embajada tras contraer matrimonio con una italiana.

«Tuvieron bastante éxito y como atestiguan algunos periódicos que he consultado llegaron a asistir cerca de 50.000 personas», indica Fernando Cisneros que añade que en Italia las corridas de toros despertaron la curiosidad del pueblo.

«Las voces críticas dicen que si se hubieran celebrado con la muerte del toro en la plaza habrían tenido más continuidad», sentencia el investigador que destaca el interés que a día de hoy aún tienen los italianos por estos espectáculos.

Un ejemplo de ello es que en el norte de Francia se celebró en 2010 una fiesta de hostigamiento con toros y en Italia se pegaron más carteles para anunciar el espectáculo que en el país galo. «Por el interés de los italianos creo que si se celebrasen corridas sin que se opusiesen los colectivos animalistas, se llenarían plazas de 25.000 personas», vaticina Fernando Cisneros.

El último acercamiento entre Italia y la tauromaquia se remonta al año 1994 cuando se abolió el decreto que prohibía espectáculos taurinos, peleas de animales y uso de ejemplares vivos como reclamos. El presidente Silvio Berlusconi firmó la orden que abolía el artículo 129 del real decreto de 6 de mayo de 1940, aunque algunos apuntaron intereses personales en esta medida.

El grupo empresarial tenía intención de comprar a España los derechos televisivos de las corridas, según recogía 'Il Messaggero' en un artículo de agosto de 1994 titulado 'La corrida llega a Italia'.

El subsecretario de la presidencia del Gobierno italiano salió a desmentir tal circunstancia, alegando que el artículo 7.2.7 del código penal recoge castigos para quienes organicen espectáculos en los que se maltraten animales. Desde entonces no se han vuelto a dar pasos en este sentido.

La recuperación de las corridas de toros en Italia es a día de hoy una utopía, pero en la siempre interesante historia del país quedará grabado aquellos espectáculos con morlacos y la huella que dejaron los españoles intentando contagiar de la pasión taurina a sus habitantes.