«Suprimir las lenguas clásicas es una tontería»

Rodríguez Adrados gana el Nacional de las Letras en plena batalla contra la desaparición del griego y el latín de la enseñanza secundaria

MIGUEL LORENCIMADRID.

El filólogo y helenista Francisco Rodríguez Adrados lamenta que el estudio de las lenguas clásicas que vertebran su larga y brillante carrera esté amenzado de muerte en la educación secundaria. «Suprimir el griego y el latín de la enseñanza es una tontería. Sin ellos el edifico se hunde», declaró ayer el catedrático y académico tras saberse ganador del Premio Nacional de las Letras. Segundo tras el Cervantes en el escalafón de los premios institucionales, está dotado con 40.000 euros.

Rodríguez Adrados recibía con «sorpresa y cierta perplejidad» el premio, ya que es una de las cabezas visibles en la lucha por evitar la desaparición del latín y el griego de la educación secundaria, por lo que batalla contra el mismo ministerio que premia su trayectoria. El humanista y académico promueve un manifiesto en este sentido enviado tanto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, como al ministro del ramo, José Ignacio Wert, que respaldan más de 10.000 firmas. Reclaman desde la Sociedad Española de Estudios Clásicos que asegure la presencia de las lenguas clásicas en secundaria. Catedráticos, académicos, profesores y estudiosos expresan su alarma ante el anteproyecto de reforma de la Enseñanza Secundaria (LOMCE). Estiman que «en su formulación actual representa la muerte real de las enseñanzas clásicas en el sistema educativo de este país».

«Siempre he luchado por el mantenimiento de las lenguas clásicas en los planes de estudios. Contra el franquismo primero y luego con los gobiernos del PSOE y del PP», lamenta Rodríguez Adrados. «El griego y el latín son la vigas maestras de nuestro sistema educativo. Si las quitamos se viene abajo el edificio; primero la educación secundaria y luego la universitaria, que se sustenta en ellas», dice este erudito que ha planteado de viva voz sus inquietudes a José Ignacio Wert y sus asesores. «No perciben la importancia que tiene algo que aparentemente es poca cosa, por referirme de forma benévola a la tontería que han hecho sin comprender su trascendencia», lamenta. «Quizá el premio ayude en la campaña que tenemos en marcha», apunta.

El jurado valoró en su fallo «la obra científica centrada en la filología griega, con valiosas incursiones en el campo de la lingüística y en el estudio del indoeuropeo y del sánscrito». «Su obra es también la de un humanista que bebe en las mejores fuentes y es una de las voces más autorizadas en Europa como defensor de las humanidades clásicas», sostiene el jurado.

Nacido en Salamanca en 1922, Rodríguez Adrados es doctor en Filología Clásica y catedrático de Filología Griega. Presidente de honor de la Sociedad Española de Estudios Clásicos y de la Sociedad Española de Lingüística, es miembro de la Academia de Atenas, de la Argentina de Letras y de la Academia de la Historia.

Lingüista y traductor, titular del sillón 'd' de la Real Academia Española, sus trabajos se centran en la lexicografía, las traducciones, la literatura, el pensamiento y la lingüística indoeuropea y griega. Son de referencia sus traducciones del historiador Tucídides y del comediógrafo Aristófanes. Muy activo, publicará en breve 'Ser y vida de la literatura. Desde Sumeria y Homero a Shakespeare y Cervantes'. «Es un estudio sobre las leyes del teoría de la literatura y sus altibajos en esos miles de años», explica el director de las revistas 'Emérita', 'Revista Española de Lingüística' y de la colección de clásicos grecolatinos 'Alma Mater' del CSIC. Dirige la elaboración de un diccionario de griego clásico y medieval por el que le premió en 1989 la Fundación Aristóteles Onassis en Atenas.

«Los estudios grecolatinos en nuestro país gozan de una relativa buena salud. Hemos progresado mucho, pero pueden enfermar de muerte si las lenguas clásicas desaparecen de los institutos», insiste. «Todo viene de Grecia, con ascensos, caídas y muchas incidencias. Cuando la oscuridad se adueñó de la Edad Media solo el conocimiento y los estudios en latín y griego lograron revertir e iluminar la situación. Lo mismo pasó con el humanismo. El latín y el griego son y serán fundamentales aunque haya quien no lo comprenda», concluye.