Contra la inmoralidad y la subversión

'Veneno en dosis camufladas' estudia por primera vez la censura franquista sobre los discos

DARÍO MANRIQUEMADRID.
'Was Here' de Eric Clapton. Una ampliación de la espalda fue suficiente para los censores./
'Was Here' de Eric Clapton. Una ampliación de la espalda fue suficiente para los censores.

Hubo un tiempo en el que en España no podían venderse discos en cuyas portadas aparecieran hombres con el torso desnudo, no digamos ya si se trataba de mujeres... Un tiempo -no tan lejano, los años 70- en el que se impedía la difusión de una canción de los Beatles por la mera mención de Gibraltar ('The Ballad of John & Yoko', en la que Lennon contaba cómo se casaron en el Peñón). Años en los que se quiso prohibir 'Blonde on Blonde', uno de los grandes álbumes de Bob Dylan, por considerarlo «homosexualista».

El periodista musical Xavier Valiño (Cospeito, Lugo, 1965) ha investigado el poco conocido mundo de la censura discográfica durante el franquismo en su libro 'Veneno en dosis camufladas' (Editorial Milenio), surgido a raíz de una tesis académica. «Estaba acabando un doctorado en Políticas y quise hacer algo con lo que me pudiera identificar», cuenta. Tras dar muchas vueltas llegó al Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares (Madrid), donde encontró, entre el mar de expedientes, casi 5.000 de ellos referidos a canciones «no radiables» o «denegadas» para su edición, además de unas 150 portadas prohibidas. Una labor de criba que le llevó cientos de horas a lo largo de ocho años, en los huecos que le dejaba su trabajo (además de periodista es funcionario en la Xunta de Galicia).

El tomo resultante, de más de 500 páginas y formato cuadrado como el de la carpeta de un vinilo, es un estudio único en lo que se refiere a la censura franquista sobre la producción de discos de pop y rock. Alguno hay dedicado a otras músicas, y varios que versan sobre el cine o la literatura, campo del que provenían los censores (también llamados lectores) «musicales». «Eran censores de libros a los que se les ofrecía un dinero extra porque leyeran las letras de las canciones y revisaran las portadas», cuenta Valiño, que consiguió encontrar y entrevistar al único de los lectores que aún vive, Gregorio Solera. «Hablar con él me sirvió para entender mejor cómo ejercían su labor, que fue lo mejor que pudieron teniendo en cuenta que no había unas directrices claras», comenta el autor.

La mayor parte de los casos recogidos en 'Veneno en dosis camufladas' -expresión usada por un censor para referirse a la obra del cantaor izquierdista Manuel Gerena- pertenecen a los años 70, época en la que la venta de discos en España aumentó significativamente, y llegan hasta 1977, momento previo a la aprobación de la Constitución y con ella la instauración de la libertad de expresión. «La última canción prohibida que he encontrado es She's Got Balls ('Ella tiene pelotas), de AC/DC», explica Valiño. «Sencillamente es una expresión malsonante (...) creo mejor denegarla», escribió el lector.

Aunque el libro se divide en varios apartados (censura social, religiosa, política, etc), la mayoría de los discos o canciones prohibidos lo eran por atentar contra la moralidad. Así, se denegó la carátula del recopilatorio alemán Mama Rock & the Sons of Rock n'Roll porque aparecían «unas figuras que no se consideran correctas». O sea, un gran trasero de mujer al estilo de las Venus prehistóricas. La discográfica lo arregló dibujando unas incongruentes posaderas de elefante para tapar el original.

Las casas de discos podían presentar recursos (usando triquiñuelas como «traducir una letra mal de forma interesada», cuenta Valiño) y rectificar para volver a presentar a examen la obra prohibida.

De esta manera, un disco de Eric Clapton que en la portada mostraba la espalda desnuda de una mujer y en la contraportada un pronunciado escote, pudo venderse con las mismas fotografías ampliadas al máximo, con lo que aquello no se identificaba con ninguna parte del cuerpo concreta. Como se puede comprobar, ninguno de los grandes nombres del rock se libraban. Ni los Beatles, ni Dylan, ni Clapton... Ni siquiera Leonard Cohen en un disco -'New Skin for the Old Ceremony' (1974)- cuya carpeta estaba ilustrada con un grabado de un libro del siglo XVI. La solución para tapar el cuerpo de una de las figuras aladas fue añadir un ala más que no se sabe muy bien de dónde sale.

No todo fueron estropicios. «Algunos diseñadores españoles mejoraron los originales», opina Valiño. Y las versiones españolas censuradas de artistas extranjeros se convirtieron en objetos de coleccionismo, como el 'Sticky Fingers' de los Rolling Stones, en el que se sustituyó una imagen de un pantalón vaquero ceñido (diseñada por Andy Warhol), por unos macabros dedos saliendo de una lata de melaza. Y los melómanos españoles, ¿eran conscientes de esa censura? «Sólo los pocos que tenían acceso a discos editados fuera del país», dice Valiño. «El resto sabían que se censuraba, pero no sabían el qué».

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