La liberación de Murray

El británico arrolla a Federer en la lucha por el oro y acaba con el maleficio local en la hierba de Wimbledon

ENRIQUE YUNTALONDRES.
Murray celebra el triunfo sobre Federer en Wimbledon. ::                             REUTERS/
Murray celebra el triunfo sobre Federer en Wimbledon. :: REUTERS

En su estallido se escondían muchas tardes amargas, la persecución de un maleficio que le torturaba porque a él se le señaló para acabar con la desgraciada historia. Andy Murray, por fin, ya está en paz, dueño del oro más preciado porque el cómo, el dónde y el contra quién hacen de su victoria de ayer un hecho memorable (6-2, 6-1 y 6-4). Fue un espectáculo descomunal, iluminada la hierba de Wimbledon para las fotos y contra un Roger Federer abatido, extrañamente superado por las circunstancias en su jardín fetiche. Perseguía su último sueño, camino de la leyenda, pero se tropezó con la gran esperanza local. Murray, en estos días de alegrías y abrazos compartidos, deja de ser escocés y es británico como el que más.

Cuesta relatar un triunfo tan abultado sobre Federer en esta superficie, inédito el repaso después de 1.000 tardes con el suizo. Cuesta encontrar un partido con cero de nueve en pelotas de rotura. Cuesta verle sumar solo siete juegos en un duelo a cinco sets. Cuesta verle acumular 31 errores no forzados y sumar solo 24 ganadores. Cuesta porque Federer es Federer, un ser superior. Los Juegos, sin embargo, se le resisten.

Pesa tanto su derrota como la victoria de Andy Murray, un héroe que entendió la final como el día más importante de su vida. Le dio la razón el sol y salió después de una mañana de perros, lluvias excesivas que obligaban a cerrar el techo de la central durante la final de dobles femeninos (oro para las Williams). Un partido en cubierto beneficiaba a Federer, como se pudo comprobar tres semanas atrás en la final de Wimbledon, pero esta vez se jugó como siempre se ha hecho en Londres. En menos de dos horas había campeón.

Fue un recital de Murray, liberado y alegre, arrollador en ese inicio efervescente que marcó la memorable cita. Dominó la situación y no le pesó el recuerdo de Wimbledon, en donde se inclinó ante el mismo rival al que ayer maltrató. Desde 1936, en tiempos de Fred Perry, que un británico no alzaba los brazos en este escenario y tuvo que ser durante unos Juegos, cuya gloria vale tanto o más que cualquier Grand Slam. Así lo entendía el escocés: «Ha sido la victoria más importante de mi carrera». Nadie lo dudaba, desde luego.

Un torneo impecable

Consumó un torneo impecable, alentado por el fervor de un público que le ha contagiado la ilusión: «El apoyo ha sido increíble. No solo aquí, sino en todos los partidos y en otros eventos de los Juegos. Vi el atletismo ayer por la noche (por el sábado) y también fue increíble. Me dio alas», reconoció. El pueblo británico vibra con sus atletas.

Murray es uno de los más protegidos, minutos de máxima audiencia en cada resumen porque el tenis lo es todo en las islas pese a la falta de referentes en estos tiempos. Él ha respondido con nota, con una plata también en el mixto junto a Laura Robson, y se guarda este verano para siempre: «Esta semana ha sido absolutamente increíble. Muy divertida. El público me dio kilómetros adicionales, el ambiente ha sido increíble».

Siempre ha estado en la parte equivocada de la historia y esta vez los lamentos son de Roger Federer, número uno sin excusas, sorprendentes sus palabras: «No me siento como un perdedor, me siento muy orgulloso de haber logrado la plata.