'Solo' el Sanluqueño separa al Extremadura de la Segunda B

Los de Agustín Izquierdo supieron sobreponerse al gol del Espanyol B gracias a dos tantos de Carlos Rubén y deberán medirse al campeón del grupo X (Andalucía occidental)

ÁLEX CUBEROBARCELONA.
Los jugadores del Extremadura celebran uno de los goles que le dieron el pase a la eliminatoria final por el ascenso. ::                             ELIBERTO REVERTER/
Los jugadores del Extremadura celebran uno de los goles que le dieron el pase a la eliminatoria final por el ascenso. :: ELIBERTO REVERTER

El Extremadura UD dio un paso más hacia el sueño de la Segunda División B al superar a un incómodo Espanyol B, que obligó a los de Agustín Izquierdo a remontar un gol en contra el primer tiempo para poder acceder a la última eliminatoria para el ascenso, en la que se encontrará al Atlético Sanluqueño CF, el campeón del grupo X (Andalucía occidental). Como ya avanzó este lunes HOY, el rival del Extremadura en el sorteo de esta tarde en Las Rozas solo podía ser un primero de los seis supervivientes, que eran el Catarroja, el Sanluqueño, el Yeclano, el Peña Sport, el Fuenlabrada y el Laudio, ya que quedan en liza cinco terceros y cuartos, que se han repartido entre los campeones de grupo. Se da una coincidencia en este cruce y es que el máximo goleador del equipo gaditano, Adrián Gallardo, jugó en el Jerez CF en la temporada 2008-09 a las órdenes del actual entrenador del Extremadura UD, Agustín Izquierdo. Gallardo hizo 30 goles en la temporada regular, cifra que no le permitió adjudicarse el 'Pichichi' del grupo, que lo consiguió con 40 tantos Pedro Carrión, del San Fernando. El Sanluqueño no será un enemigo fácil, ni mucho menos. Llegó a los playoffs con un balance en casa casi impoluto, ya que ganó todos los partidos menos uno, que empató (1-1) ante el San Roque gaditano.

La visita a Barcelona no fue, precisamente, un camino de rosas a pesar del 2-1 que los almendralejenses llevaban de botín del Francisco de la Hera. Les faltó algo de intensidad en los primeros minutos, precisamente por ese colchón de ventaja, que ejerció como arma de doble filo. El decisivo encuentro se fecundó más desde el caos que en el orden. Había demasiadas cosas en juego en esta recta final, demasiados tembleques, demasiados anhelos.

La madurez con la que arrancaron los extremeños se fue apagando con el paso del cronómetro, al tiempo que crecía la rebeldía juvenil del filial. Ese espíritu contestatario adolescente fue, a la postre, la mayor virtud de los locales, pero también su más pesado lastre.

Salió propulsado el Espanyol por su público, intenso y dominante, aunque sin mucho éxito. Todas las intentonas chocaban contra la ordenada defensa visitante, agazapada sin demasiados apuros, entregándose a la picardía belicosa de un hiperactivo Carmona.

Pero todo el peligro del 7 visitante fue contrarrestado en el primer tiempo por su alter ego blanquiazul, Jorge, quien tomó las riendas de las esperanzas locales. Unas veces punzaba a los centrales, otra casi le birlaba la cartera a un dubitativo Rodolfo en el área chica. A la tercera, fue la vencida.

Costó crear peligro

A un minuto del intermedio, el hábil extremo penetró desde el flanco izquierdo, trazó un eslalon por la frontal dejando atrás a cuanto defensa se cruzaba y batió a Tete con un disparo seco. Ese tanto bastaba al filial del Espanyol para lograr el pase y a punto estuvo Thievy, al cuarto de hora de la reanudación, de asegurarlo con un remate potente que repelió el larguero.

El Extremadura quería ser vendaval y solo alcanzaba a brisa veraniega, demasiado acalorada y barroca, cargada en exceso de peleas individuales sin sentido. Los visitantes lo intentaban pero no encontraban la forma de darle la vuelta a la eliminatoria para seguir luchando por el ascenso. Y en el vergel de la desesperación, de nuevo, surgió Carmona. Combatió un balón en el área con Zou, que se vio obligado a tumbar al menudo delantero. El colegiado decretaba penalti y expulsión. Carlos Rubén no perdonó y, a menos de media hora, el partido daba un giro de 180 grados.

El golpe noqueó al filial blanquiazul, que ya no supo cómo responder. Su esperanza se alejaba lentamente, más aún cuando Carlos Rubén cabeceó un saque de esquina directo a la escuadra, directo al último y definitivo escalón para el soñado ascenso. Los azulgranas tienen licencia para soñar. Solo dos partidos les separan de lograr la vuelta a la categoría de bronce.

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