La Confederación extrae 3.000 toneladas de camalote desde junio

La proliferación y capacidad de reproducción de esta planta no cesará hasta que bajen las temperaturas

M. ÁNGELES MORCILLOMÉRIDA.

El camalote, cual monstruo lento y silencioso, vuelve a invadir el Guadiana a su paso por Mérida. Y esta vez parece imparable. Si las temperaturas no bajan pronto, la planta coloreará de verde chillón gran parte de la superficie del río, kilómetros y kilómetros de orilla a orilla, en la capital autonómica y alrededores. La masa verde avanza lentamente como si de una especie indestructible se tratara.

La presencia de la planta, también conocida como jacinto de agua, supone una amenaza para el entorno. Desde el mes de junio hasta principios de octubre se han extraído del caudal del río unas 3.000 toneladas de camalote, o lo que es lo mismo, tres millones de kilos, lo que desde el punto de vista de los técnicos de la Confederación Hidrográfica del Guadiana es «una barbaridad». Hay días que se pueden llegar a sacar 360 toneladas, pero aún así la capacidad de reproducción de esta planta es de miles de toneladas diarias.

Nada que ver con la cantidad que se recogió el año pasado, que no es de resaltar. Tan sólo se contrataron a 20 personas para las labores de extracción y se recogió todo lo que apareció en el río.

El repunte de este año, en el mes de marzo, se ha producido porque, según Nicolás Cifuentes, ingeniero de montes y uno de los responsables de retirar el camalote del río, se interrumpió el dispositivo que estaba trabajando. «Si no se hace un esfuerzo por mantener a la gente, esto no se puede llevar a cabo».

Ahora se intensifican las tareas de retirada, pero hasta que no bajen las temperaturas no se notará un descenso en la proliferación de esta especie. El alargamiento del periodo de calor está siendo muy perjudicial para las labores de limpieza de las aguas, como indica Cifuentes. Explica que en el momento en el que bajen las temperaturas el camalote dejará de reproducirse. Entonces será cuando se vean los frutos del trabajo que se está llevando a cabo. Cuando entre el frío será cuando verdaderamente se pueda hacer algo y se notará un descenso en la presencia de esta planta, que tiene una capacidad bestial para reproducirse. «Es para desanimarse, porque por cada kilo de camalote que hacemos desaparecer se producen 100». Por eso esperan que pronto bajen las temperaturas.

Alta temperatura del agua

Yno sólo la temperatura ambiente afecta. La proliferación o no, incluso la existencia del camalote, tiene mucho que ver con la temperatura a la que esté el agua en la que habita. Actualmente, según confirma el técnico de la Confederación, la temperatura del Guadiana en este tramo puede rondar los 18 o 20 grados. Y para que la aparición de esta planta comience a remitir tendría que estar a unos 10.

Actualmente, son 60 personas las que trabajan recogiendo camalote. Unas lo hacen de forma manual. Otras se ayudan de maquinaria. 30 de ellos pertenecen a Tragsa, y los otros 30 son personal de la propia Confederación del Guadiana. Para las tareas de limpieza usan 11 embarcaciones, con las que peinan las zonas del río más afectadas. Este personal técnico y humano también tiene la ayuda de varias retroexcavadoras. Aún así, no es suficiente para acabar con la planta. Ahora, la principal obsesión de la Confederación es que el camalote no pase del embalse de Montijo. Si esta planta entrase en los canales se produciría un gran desastre y llevaría a muchos agricultores a la ruina. «Como esto entre en los sistema de distribución de riego, los paraliza totalmente, y estamos hablando de cientos de millones de euros y de miles de hectáreas afectadas. Adiós campaña de riego», explica Cifuentes. Por eso se intenta parar en Mérida. Pero se necesitan medios. «Nos guste o no, aquí lo que hace falta es un equipo fijo de por vida. Tanto en invierno como en verano. Si no, esto no desaparecerá jamás».

El camalote que se recoge se deposita en varios puntos habilitados para ello y no muy lejos de donde se extrae, para que el transporte no sea muy caro. Pero su depósito no entraña ningún riesgo. La planta se descompone y se transforma en hierba seca.

Desde el año 2005, según confirma Cifuentes, se ha recogido la mareante cifra de alrededor de 220.000 toneladas de esta planta. El ingeniero explica que el riesgo ambiental es tremendo. Esta planta cubre toda la orilla y no deja pasar la luz, interfiere en todos los procesos naturales, no se desarrollan algas, consume agua cuatro veces más de lo normal por evaporación y, cuando se muere, su propia materia orgánica se descompone en el río y consume oxígeno. Un auténtico desastre ambiental.

«Nos guste o no, aquí lo que hace falta es un equipo fijo de por vida. Tanto en invierno como en verano. Si no, esto no desaparecerá jamás»