El lado cómico y tierno de los monólogos

Después de semanas de ausencia, vuelven los monólogos al Festival de Mérida con la ternura de Emma Suárez y el humor de Roberto Álvarez Roberto Álvarez y Emma Suárez Interpretan a Sísifes y Calpurnia

MARTA PÉREZ GUILLÉNMÉRIDA.
Roberto Álvarez y Emma Suárez en la presentación de los monólogos. ::                             BRÍGIDO/
Roberto Álvarez y Emma Suárez en la presentación de los monólogos. :: BRÍGIDO

Del ir y venir de gentes en una producción cinematográfica o cualquier obra a la soledad que evoca un monólogo teatral. De la complicidad de la compañía en la escena a una única voz que se alza en el escenario, en este caso, en la emblemática Alcazaba. Así son los 'Mano a Mano', que vuelven al Festival de Teatro Clásico de Mérida, esta noche, mañana y los días 12 y 13 de agosto a las 23.00 horas

Con una duración de una hora, media por monólogo, Emma Suárez (Madrid, 1964) dará vida a 'Calpurnia Pisonis (sueño, premonición y muerte)', texto de Borja Ortiz de Gondra, bajo la dirección de Norberto López. Aportará la emoción y ternura de la noche. El encargado de conseguir «hacer reír y sonreír a la gente», como él mismo recalca, será Roberto Álvarez (Gijón, 1956), con 'El instante del absurdo' de Chus Gutiérrez, basado en el mito de Sísifo. Ambos se encuentran encantados de formar parte de la programación del Festival de Mérida, de nuevo para Emma, por primera vez para Roberto y sobre todo, de poder participar pisando la arena de la Alcazaba Árabe.

-¿Qué les ha parecido el escenario de la actuación?

-Roberto Álvarez: Como una plaza de toros. Me siento como el torero que va a salir a la arena a lidiar con esta propuesta escénica de Chus Gutiérrez y del Festival. Me parece un espacio muy evocador precisamente por la arena y el amurallado. Es muy de la época. Se siente uno como apegado a la misma tierra que pisaron nuestros antepasados siglos atrás.

-Emma Suárez: Me parece un lugar maravilloso, poético, mágico y perfecto para el monólogo que vamos a hacer de Calpurnia. Además, en la Alcazaba hay este muro y la tierra, que lo hace ejemplar.

-¿Cómo afrontan un trabajo como este?

-R. Á.: Con humildad y sencillez. Es un texto de Chus al que tengo honor de poner voz, y simplemente con sencillez y con humildad.

-E. S.: Con un profundo agradecimiento a Blanca Portillo, que me ha traído aquí. Es un regalo que te propongan participar en la Alcazaba haciendo estas obras. Para mí es un reto.

-¿De qué tratan sus monólogos?

-R. Á.: Es un vómito emocional de Chus, basado en el mito de Sísifo, un hombre condenado por los dioses a subir y ver caer una piedra por una montaña por toda la eternidad. Y sobre este infeliz, ambicioso e inteligente ser que es, en un momento determinado se dirige a los espectadores para reflexionar, desde su punto de vista de su mirada hacia el mundo de los mortales, sobre los acontecimientos de estos últimos siglos. Cómo siente, cómo ve él a los humanos.

-E. S.: Habla de la soledad de una mujer, de Calpurnia, la cuarta esposa de Julio César, que tuvo la premonición de que lo asesinaban, y desgraciadamente él no escuchó sus presagios. Fue al senado y allí fue asesinado. Habla de la espera de esta mujer, que cuando recibe la noticia de que el César ha sido asesinado, viene a su cabeza el sueño terrible, y con él la frustración de no haber sido escuchada, la soledad, la pérdida de la esperanza. Porque los sueños se desvanecen, pierde al hombre que ama, no tuvieron hijos. Digamos que su futuro se amputa de alguna manera como mujer. Porque el destino en esa época para ellas era tener hijos.

-El público, ¿qué va a sentir?

-R. Á.: Va a reír, sonreír y más bien enternecerse. O eso espero. Es una reflexión emotiva, por el mundo que nos ha tocado vivir de nuestra condición humana.

-E. S.: Creo que es emocionante, muy emotivo, y no te deja impasible ni indiferente. Inspira mucha ternura. La gente va a salir contenta, porque creo que va a gustar; no es fácil decir esto, pero lo creo sinceramente.

-¿Cuál es el secreto para preparar un buen monólogo?

-R. Á.: No hay otro camino que estudiar mucho. Evidentemente, un texto de 30 minutos, o un poco más, de varios folios y siendo un monólogo... No hay otro camino que estudiar hasta la saciedad.

-E. S.: Estudiar, estudiar y estudiar.

-¿Hay que ser de una pasta especial para este tipo de teatro?

-R. Á.: Es un género complicado. Ahí eres tú sólo y tus emociones. No tienes otros actores con los que relacionarte, lo tienes que hacer contigo mismo.

-E. S.: Creo que lo fundamental es tener el deseo y la necesidad de hacerlo, como para casi todo en la vida. Es lo que hace que uno consiga lo que se propone. Y también el respeto por lo que haces, que supone un compromiso. Estás absolutamente solo, con la palabra que en este caso es un texto bellísimo, de Borja Ortiz de Gondra, que de alguna manera hace posible este viaje.

-¿Es importante la compenetración con el director?

-R. Á.: Tiene que haber comunión de ideas, no que cada uno vaya por su lado. En este caso, me ha sido fácil seguir las directrices. Estaba ya toda la intención de la directora en los folios que me presentó. Bastó con que fuera viendo cómo se desarrollaba mi interpretación para ir reconduciéndome. El trabajo fue así. Yo iba proponiendo y ella reconduciendo la propuesta. Pero esto fue posible porque el texto indica muy bien por dónde transitar.

-E. S.: Como todo en la vida, es importante tener sintonía con las personas con las que trabajas. Para mí por lo menos es importante que con las personas con las que vas a compartir un proyecto así exista sintonía. Que sea un lenguaje común y los dos estemos trabajando hacia un mismo objetivo.

-¿Qué piensan cuando se enfrentan al público solos?

-R. Á.: Me concentro en hacerlo lo mejor posible, que ya es bastante y el texto tenerlo muy estudiado. Es todo trabajo.

-E. S.: Es el primer monólogo que hago. Pero para mí es un trabajo de concentración, que supone aislarte de la realidad y sumergirte en el clima, en el ambiente, que en este caso se corresponde con la Alcazaba, y eso ayuda muchísimo. Este escenario tan emblemático ayuda muchísimo. Es un trabajo de soledad también, pero de soledad bien entendida, de la soledad gratificante. Es sentir esa responsabilidad de que vas a hacer algo que vas a entregar a los demás. Para mí este trabajo simboliza también de alguna manera una entrega.

-¿Les alivia ver que el público sienta lo que quieren trasmitir?

-R. Á.: Es una alegría enorme saber que has gustado, que el público conecta y entra en el espectáculo. Que gusta la propuesta del director y la compañía en concreto, del actor. Es un placer para cualquiera por lógica. Pero no es un camino adecuado el dejarte llevar, en el momento de la interpretación, por el pulso que el espectador te provoca. En comedias, puedes echar a perder la obra si sientes que se ríen mucho e insistes en hacer una broma. Creo que es un camino equivocado. Tienes que ser fiel a la propuesta original y al crecimiento natural que el cuerpo ponga. Hay que intentar mantener el mismo clima que hay en los ensayos y en cada representación. Los actores solemos equivocarnos cuando interpretamos al espectador desde dentro, desde el escenario.

-E. S.: Para mí es importante sentir el silencio, y es verdad que notas este silencio de las personas que te están escuchando. La escucha también es importante.

-¿Les gustaría participar de nuevo en el Festival en el escenario del Teatro Romano?

-R. Á.: Ojalá, por mí estaría encantado. Ayer ví 'La asamblea de las mujeres' y me enamoré del Teatro.

-E. S.: Claro, por supuesto, venir aquí es una oportunidad clara para un actor. Además, trabajar en un espacio como este, que está cargado de historia y de poesía, por donde han pasado unos grandes actores, impone muchísimo respeto y le exige a uno mucho. Hay que estar a la altura de las circunstancias.

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