El octavo consejero de Monago

Treintañero, vasco, el discurso y la imagen del presidente están de su mano desde la campaña, pero en el partido hay quien le mira con recelo

ANTONIO J. ARMERO
Iván Redondo, detrás del presidente de la Junta. ::                             BRÍGIDO/
Iván Redondo, detrás del presidente de la Junta. :: BRÍGIDO

S on las 2l.20 horas del viernes 20 de mayo. Auditorio Ricardo Carapeto de Badajoz. El mitin final de campaña del PP extremeño tenía que haber empezado hace veinte minutos, pero por allí no asoma ninguno de los importantes. Mejor dicho, ninguno de los que conoce el público. Porque sí había importantes por allí. Estaba uno de los principales de Monago hacia abajo, un chico joven que se mueve de aquí para allá con su iPad bajo el brazo. Se le ve por la zona de acceso al auditorio. Anda escrudiñando el panorama, y probablemente, preocupado. Siendo generosos, se han ocupado la mitad de las sillas, pero ya es tarde para quitar algunas y que no se vea tanto espacio vacío en las fotos del periódico del día siguiente o en las imágenes de los telediarios. Si hay alguien que debe decir qué hacer en esa situación es él, experto en mítines.

Esa figura joven, desconocida para casi todos pero no para quienes arropan al candidato en su campaña electoral, es Iván Redondo Bacaicoa, donostiarra, treintañero, socio fundador de Redondo y Asociados Public Affairs Firm, empresa consultora de comunicación política y asuntos públicos. «De referencia en España por sus resultados electorales», dicen en su web, en la que también explican que están presentes en México, Guatemala, El Salvador, Argentina, Honduras y Perú.

Siempre cerca del líder

La contrató el PP extremeño para su asalto al fortín socialista, y fue él, Iván Redondo, el encargado de diseñarlo casi todo durante las dos semanas previas al 22-M. Las elecciones se celebraron, el PP las ganó, el candidato se ha convertido en presidente y al chico del iPad bajo el brazo se le sigue viendo siempre cerca del líder. Que Monago va a Cáceres a la toma de posesión de Laureano León al frente de la Diputación, ahí está Redondo. Que hay debate de investidura con varias sesiones, en ellas está también, siguiendo la sesión desde la tribuna de prensa. Que se presentan en sociedad los nuevos consejeros, ahí aparece Redondo, entre otras cosas para ayudar a uno de los nuevos que le plantea qué debe hacer ante la propuesta de un periodista de responder a unas preguntas. Es como si el joven que llegó para ayudar en la campaña y se ha quedado ejerciera como el octavo consejero.

La primera explicación está en que José Antonio Monago tiene un alto concepto de Iván Redondo, y a pesar de que nadie en el partido duda de que el líder anda sobrado de personalidad como para ser él quien toma las decisiones, aceptan también que tiene muy en cuenta el criterio del joven vasco. Fue así durante las semanas previas a las elecciones, y tras el éxito del 22-M, más todavía. Redondo llegó como un asesor externo y acabó convertido en jefe de campaña, hasta el punto de que si no llegó a anularles, sí hizo que Luis Alfonso Hernández Carrón y Juan Parejo, dos colaboradores fundamentales de Monago, quedaran relegados a un segundo plano.

Fue Redondo quien diseñó y supervisó, en el fondo y en la forma, lo que había que hacer en esos días si la meta era gobernar. La estrategia incluía que en los mítines, el candidato vistiera de una forma determinada, aunque en este punto lo tuvo fácil porque en ese campo, Monago no tiene nada que ver con Carlos Floriano y Juan Ignacio Barrero, sus predecesores. La escenografía incluía que en lugar de dirigirse al público desde un atril al uso, el aspirante a suceder a Vara lo hiciera moviéndose por el escenario y hablando por un micrófono de diadema. Y que en sus discursos, que no debían superar la media hora, se emplearan determinadas palabras (austeridad, autónomo o ganadero). Además, según se acercaba el 22-M, en cada mitin tenía que haber un golpe de efecto, concebido pensando en la foto del día siguiente en el periódico.

Sin Iván Redondo, Monago no habría aparecido junto a Soraya Sáez de Santamaría sujetando un mapa de la región gigante y repleto de chinchetas de colores. Quería representar lo tupido de la red de cargos de la Junta socialista. Ni habríamos visto a los simpatizantes populares que se sentaban en el escenario de cada mitin todos ellos con un casco de bombero. Se lo puso hasta Jaime Mayor Oreja que, eso sí, lo mantuvo en su cabeza el tiempo justo para que no se dijera y se lo quitó.

Este recurso lo repitió Monago en aquel mitin de final de campaña, cuando habló sentado en un taburete y con su casco apoyado en su rodilla derecha, para reforzar el tono intimista del discurso de esa noche. Más aún: no es en absoluto casualidad que el escándalo de Feval, que tanto perjudicó al PSOE ante la opinión pública, saliera en esos días.

Redondo llegó a la campaña de Monago con un envidiable bagaje a sus espaldas. Licenciado en Humanidades por la Universidad de Deusto, se especializó en Derecho y Economía y completó su formación en Estados Unidos. Tiene un blog de análisis político -titulado 'The war room'- en el diario Expansión, y experiencia televisiva, principalmente en Telecinco ('La mirada crítica') y Veo7 ('La vuelta al mundo', ya retirado), adonde ha acudido más de una vez como experto en política, sobre todo en lo relacionado con los movimientos de derecha de Reino Unido, Francia y Estados Unidos.

En el año 2007, cuando seguía e incluía comentarios en blogs de periodismo político como el de Fernando Jáuregui, Redondo ya ayudaba al PP de Aragón. Y Antonio Basagoiti, el presidente del PP vasco, contrató a su empresa para las elecciones del año 2009. Con ellos introdujo el concepto de la 'la política pop', basada en emplear la música y las nuevas tecnologías para acercarse al ciudadano.

El vídeo y el cartel de 'Quiero ser lehendakari' y la campaña 'Stand by me. Cuenta conmigo', todo ello para el PP vasco, le valieron para llevarse varios premios Pollie Awards, que concede la Asociación Americana de Consultores Políticos.

No exento de polémica

Sin embargo, hay quien duda de esos trabajos, y en Internet es fácil encontrar detractores -alguno de ellos de confesada ideología socialista- que aseguran que lo que él hizo con Basagoiti ya lo habían hecho otros en Estados Unidos. Que el vídeo del líder vasco haciendo una entrevista de trabajo es un plagio del que mostraba a Bill Richardson en la cocina de su casa; e incluso que Basagoiti empleó en un acto electoral la misma canción de U2 que utilizó Obama en una convención de su partido. Más aún: el concepto de ser un 'verso suelto' que utilizó Monago cuando habló en el Museo Romano en su toma de posesión lo usó el propio Redondo en una intervención en televisión que tiene colgada en su web hablando de McCain.

De hecho, si hay algo que definió la campaña del PP extremeño y a otras anteriores como la que Redondo diseñó para Xavier García Albiol (candidato popular por Badalona) es la americanización en el fondo y en la forma. Ya lo hizo antes con Mariano Rajoy, para quien trabajó en las últimas elecciones generales. De hecho, sus miras están puestas ahí. En los próximos meses, la dirección nacional del PP tanteará tres posibles responsables de campaña, y uno de ellos es Redondo y Asociados, que tiene un aval incuestionable: el éxito en Extremadura.

En el seno del partido en la región, el joven donostiarra es reconocido como innovador y eficaz, y hay unanimidad a la hora de resaltar lo acertado de su planteamiento de campaña, la mejor en la historia del PP. Aportó modernidad, supo potenciar el mejor perfil de Monago y fijar dos mensajes: lo que preocupa a la gente es el empleo -rebautizado por Monago como 'la cosa' y principio básico sobre el que giró cada mitin- y que estábamos ante un líder salido de abajo, «el hijo de un obrero», como recalcó el mismo candidato. La intención era clara: cosechar votos entre el electorado socialista descontento, que habría rechazado de entrada a un candidato que vistiera y hablara como Floriano o Barrero. Sólo por ahí, solía insistir el asesor, se podía ganar.

En la distancia corta, Iván Redondo cultiva con soltura el arte de la persuasión. Tira de buenas formas y se sirve de su habilidad dialéctica y la sutileza para intentar lograr el objetivo. En el PP extremeño hay coincidencia general en que estamos ante un profesional en la materia que sabe bien qué quiere y cómo conseguirlo. Le aplauden el trabajo realizado hasta el 22-M, pero ya hay quien se ha cansado de verle al lado de Monago, quien le mira con recelo porque ha conseguido imponer su criterio y consideran que se extralimita, que se le dio la mano y ha cogido el brazo. Aunque no lo diga públicamente, hay más de un cargo en el PP extremeño que está deseando que desaparezca. Del 22-M hasta hoy, Iván Redondo ha sido el protagonista de más de una conversación entre dirigentes populares que sólo aceptan imposiciones si vienen de un líder, y no de alguien que no es del partido. Hay dentro del PP extremeño mucho ojos pendientes de él, como aquella noche en Badajoz en la que sobraban sillas vacías.