El día más concurrido del Museo Romano

Faltaron Esperanza Aguirre, Ruiz Gallardón, Izquierda Unida y los sindicatos, pero acudieron al acto Rajoy, Cospedal y García Escudero

Los asistentes a la toma de posesión de Monago se agolpan para felicitar al nuevo presidente de la Junta.  ::
                             J. M. ROMERO/
Los asistentes a la toma de posesión de Monago se agolpan para felicitar al nuevo presidente de la Junta. :: J. M. ROMERO

Quien pensó en el Museo Nacional de Arte Romano para lucir la toma de posesión del nuevo presidente de la Junta dio en el clavo. Fresco, amplio y repleto de clípeos, togados y divinidades con José Antonio Monago en el centro de la escena. Y además es cierto que el despliegue fue el justo, con sillas de tijera y botellines de agua regalados para no avivar la polémica de que el acto saldría caro.

Por la cantidad de gente arreglada que se dirigía al mismo lugar, en torno a las seis de la tarde, el centro de Mérida daba a entender que en algún lugar tenía lugar una gran boda. Ausente Esperanza Aguirre y al margen del protagonista extremeño, las dos personas que más expectación despertaron fueron el presidente del PP Mariano Rajoy y la nueva presidenta de Castilla la Mancha Dolores de Cospedal.

En cuanto el primero entró en la sala central se oyó el primer aplauso. Después paró unos minutos para hacer unas declaraciones y con toda la discreción que le permitía su espigada figura se sentó en primera fila para presenciar el acto. Esas cinco sillas de máxima preferencia estaban reservadas para el presidente saliente Guillermo Fernández Vara. Junto a él, Cospedal, al lado Rajoy, junto a la delegada del gobierno Carmen Pereira y en la esquina el alcalde de Mérida Pedro Acedo.

Al otro lado, la primera fila era para Ana Cordón, esposa de Monago, sus dos hijos, y demás familiares cercanos, como sus tres hermanos, que ocuparon las filas siguientes. Empotrado con ellos por su amistad con el nuevo presidente se vio al senador y nuevo alcalde de Castuera Paolo de Atalaya. El jefe de protocolo, Javier Castaño, tenía ayer trabajo de más y finalmente colocó en una esquina imprevista a los amigos del presidente.

Volviendo a la otra columna, la segunda fila la ocuparon el expresidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra en la esquina más centrada, a su lado el presidente de la Diputación Valentín Cortés junto al de la de Cáceres, Laureano León, el presidente de la Federación Extremeña de Municipios y Provincias, Ramón Díaz Farias y el arzobispo de Mérida-Badajoz Santiago García-Aracil, al que Rajoy se apresuró a saludar cuando entró en el teatro entre la muchedumbre. También estaba el arzobispo de Plasencia, Amadeo Rodríguez y no el de Coria-Cáceres, al que aludió Monago al inicio del discurso por equivocación.

Paradójicamente, tenían pegatina asignada en sus correspondientes sillas, pero los dos máximos representantes sindicales no acudieron porque no recibieron invitación. Sí lo hicieron los de la patronal encabezados por Juan Manuel Arribas, líderes de las organizaciones agrarias, autoridades militares y de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. También había sitio para personalidades que han recibido la Medalla de Extremadura, que completaban así las primeras filas de una sala en la que se aprovecharon los pasillos laterales para colocar más sillas, aunque sólo tuvieran visión del acto a través de las pantallas de televisión, excepto el pasillo más cercano al atril reservado a los diputados de la Asamblea (de IU no acudió ninguno), donde la primera fila se reservó a los integrantes de la Mesa sin contar a Fernando Manzano, justo detrás de Monago en lugar preferencial y que leyó el decreto para que comenzara el acto. Junto a él se sentaban Ángeles González-Sinde, titular del Ministerio de Cultura, del que depende el Museo, y el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, Julio Márquez de Prado cuya presencia enlazaba ayer los poderes ejecutivo y legislativo.

Otro expresidente, en este caso de la preautonomía como Luis Ramallo, al que se abrazó nada más verlo el académico de las letras José Miguel Santiago Castelo para hablarle lógicamente de libros. Vicente Sánchez Cuadrado, que fue candidato del PP a la Junta en 1991, alcaldes populares de toda la región con sitio preferente para Miguel Celdrán como padrino político de Monago que es, diputados como Mariano Gallego y María José Solana, entre otros, o el portavoz del PP en el Senado Pío García Escudero son sólo parte de una inagotable lista de invitados que también incluyó a autoridades portuguesas y superó de largo los 700 previstos inicialmente para sobrepasar la barrera del millar de personas, lo nunca visto antes en este lugar pues el personal del Museo afirmaba no haber visto dentro a tanta gente nunca ni un Viernes Santo, que es cuando suele tocar techo el aforo.

También acudieron el expresidente del Senado Juan Ignacio Barrero y que también fuera candidato popular, el ahora diputado Carlos Floriano; los hermanos Baselga, Óscar que fue delegado del Gobierno y Fernando, que vino en coche con el concejal pacense y exdiputado popular Germán López-Iglesias y desde Cáceres la nueva alcaldesa, Elena Nevado.

En cuanto Monago concluyó su discurso se abrazó a su tía, besó tímidamente en los labios a su mujer, dio coba a sus hijos, ambos con corbata, y empezó a saludar al numeroso enjambre de invitados que se le aproximó para felicitarle mientras los líderes socialistas abandonaban discretamente el recinto para que diera comienzo, ya de forma privada y en otro lugar la celebración más íntima del Partido Popular antes de encarar, desde hoy, la octava legislatura extremeña.

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