UN SINDICALISTA CORREOSO

El exlíder de Comisiones Obreras y exconcejal de IU será la voz de un grupo socialista que está por primera vez en la oposición Valentín García Gómez Portavoz Grupo PSOE

JOSÉ L. AROCA
Valentín García, del PSOE. ::                             BRÍGIDO/
Valentín García, del PSOE. :: BRÍGIDO

El 20 de junio de 2002 Valentín García llevó a término sus responsabilidades como secretario regional de CC OO y se tumbó ante la pesada figura roja de un autobús urbano de Mérida. Trataba de impedir que saliera de la cochera y frustrase así la huelga general, una de cuyas claves es la paralización del transporte.

Aquello provocó una refriega con la Policía, que le arrastró y apartó del paso del vehículo. El sindicalista acabó despeinado, acalorado y descamisado bebiendo agua de una botella de litro una vez calmado el barullo.

Un desertor del arado. Así se considera este espigado extremeño (1,83 de estatura), que nació hace 48 años en La Zarza (cerca de Mérida) pero que se ligó a Almendralejo desde que en ruta escolar y durante cuatro años viajaba al instituto Carolina Coronado de esa ciudad para estudiar bachillerato y luego COU.

Hijo de un jornalero que también empleaba su tiempo en una parcela familiar en Villagonzalo, formaba parte de ese reducido grupo de chicos que lograba escapar del destino agrario, o comercial, tradicional de los zarceños. Gracias a sus impecables expedientes escolares, las becas le permitieron ser el primero de la familia con carrera, Magisterio, que cursó en Badajoz.

De nuevo sus buenas notas le ayudaron a lograr trabajo automáticamente en el cuerpo de maestros, sustituyendo durante unos años a otros compañeros en Oliva de Mérida, Lobón o Almendralejo. En el curso 1987-1988 se inició en la lucha sindical durante una huelga. En Almendralejo contactó con el histórico líder local del PCE e Izquierda Unida, el marmolista Alberto Asuar, y así Valentín García se convirtió en la legislatura 1987 a 1991 en concejal de IU en La Zarza, su pueblo natal.

Un desertor del arado y un mirlo blanco. Corría 1991 y una crisis interna empujó al secretario regional de Comisiones, Martín Alfonso Polo, a presentar la dimisión. Valentín García estaba en el momento justo en el sitio oportuno, y en torno a él se adoptó un compromiso provisional que un año después, en 1992, se convirtió en definitivo al ser elegido en un congreso. Casi siempre de la mano de Miguel Bernal (UGT) en la unidad sindical, García fue reelegido por dos veces más hasta completar los 12 años máximos de mandato.

En 2004 tuvo lo que otros verían una gran oportunidad pero que a él no le sedujo; el nuevo responsable federal de CC OO, José María Fidalgo, le ofreció un sitio en su ejecutiva que no aceptó. Bien es cierto que entraron consideraciones familiares como la de tener dos hijas pequeñas, que no quería que vivieran en Madrid, pero también su opinión de que seguir carrera en la gran capital para él no era tan importante como para otros.

Pero no volvió a la docencia, aunque tenía su plaza de maestro en Solana de los Barros, sino que siguió ligado al sindicato dando cursos de formación, presenciales y a distancia, en viajes por toda España que duraron tres años, hasta 2007. En ese punto el Partido Socialista había sufrido una conmoción. Un infarto apartaba a Ibarra y entronizaba a Vara, que decidió sumar por la izquierda y, en una decisión que sorprendió, ofreció a García entrar como diputado regional sin afiliarse al PSOE. «Eran muchas más cosas las que nos unían de las que nos separaban». Ya afiliado al partido socialista, los últimos años se ha fogueado en la Asamblea como portavoz de Infraestructuras. Ahora de golpe ha sido elevado a portavoz del Grupo Parlamentario PSOE-Regionalistas. Una cuña ante sus antiguos compañeros de IU.

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