Solo dos casetas de peñas resisten a los 10 años de abrir el Berrocal

Desde 2001 en que se inauguró el recinto ferial las tradicionales casetas de las peñas han pasado de 15 a 2

A.S.O.PLASENCIA.
Solo dos casetas de peñas resisten a los 10 años de abrir el Berrocal

Los Camborios, Los Turroneros, El Sombrero, Yesca, La Canchalera, El Galope, Taravillos, Club Taurino, La Gárgola, Yesca, Tamboril, La Bellota, Club Cívico Militar, Magenta, La Bandeja. Son ya nombres para la historia de las ferias de la ciudad. Corresponden a las casetas de peñas de ferias desaparecidas. Fueron durante décadas el exponente máximo de la diversión nocturna en los días de ferias. Alguna se extinguió cuando las atracciones se montaban en el parque de la Coronación y las casetas en la Hispanidad. Pero la gran mayoría desaparecieron después de trasladarse al Berrocal hace ahora 10 años.

El cambio de ubicación fue mucho más que eso. Unido a la falta de las prometidas casetas fijas y de relevo generacional, solo las de la Peña Flamenca Placentina y El Rebujito se han salvado de la quema. Son las únicas que siguen vivas. Montando en el ferial. Atrás queda el año 2001, en que abrió el recinto, con 15 peticiones de peñas para instalar carpas y hasta polémica por el reparto del suelo.

«Es una época que ha pasado como pasará el botellón y el movimiento 15-M, porque la vida son etapas transcurren y la gente vive hoy la feria de otra manera». Lo dice Ladislao Granados, presidente de El Sombrero durante 31 años y durante muchos de la Federación de Peñas de Ferias. Su peña acordó disolverse tras las ferias del año pasado en que cumplieron 40 años de vida. «Con el deber más que cumplido», dice.

Como el resto de las extinguidas, son un ejemplo más de cómo la falta de relevo generacional no ha funcionado con un modo de diversión que fue una de las tres patas de la feria. Cañas, por la mañana; toros por la tarde; y casetas, por la noche, relata Granados. Pero con 37 socios y 24.000 euros de coste de montaje era muy difícil seguir. Sobre todo, muy caro. Para cuatro noches de diversión.

Ni relevo, ni fijas

«En 2004, estábamos 13 en el Berrocal», recuerda. Y junto a la falta de relevo en las peñas, señala como otra de las causas de la crítica situación, que no se llegaran a construir nunca las prometidas instalaciones fijas «que podrían haber permitido a las peñas organizar otras actividades durante el año y atraer a nuevos socios». Año tras año, desde los 90 hasta 2006, esperaron en vano. «Con las casetas desaparecidas se ha acabado una parte importante de la ferias», reconoce hoy.

Tampoco resultaron las fusiones de las peñas que entraron en crisis por insuficientes socios. En El Sombrero prefirieron acabar en solitario. «Las fusiones nunca fueron buenas y ahí está lo que ha pasado», apunta Granados. Más de 40 años de un modelo de vivir la feria de noche que se agota. «Si el Ayuntamiento hubiera cumplido, creo que hoy habría más casetas de peñas, pero no se trata ahora de echar la culpa a nadie, aunque cada uno tiene que asumir su parte de responsabilidad». El proyecto de casetas fijas dio paso a un ferial multiusos acristalado.

También, explica, que a la gente joven nunca les atrajo ese tipo de diversión. «Prefieren estar con la copa en la mano escuchando música que no entienden», dice con sinceridad.

Román Hernández es vicepresidente de la Peña Flamenca 'Virgen del Puerto' desde hace 17 años. Sobre la desaparición de las peñas y casetas asegura que «el Berrocal se encauzó mal desde el primer momento y va mal, porque no hay casetas de jóvenes, sí hay carpas en donde van a tomar copas, que es otra cosa».

Sobrevive junto a El Rebujito y mantienen la federación. «Nosotros no llegamos a 50 socios y la caseta nos cuesta 15.000 o 16.000 euros», explica. Lo sacan de las cuotas, rifas y de patrocinadores «porque no se puede castigar a los socios con estas cantidades».

Siempre abierta

Además explica que la caseta de la Peña Flamenca es algo para el disfrute de toda Plasencia. «Siempre hemos estado abiertos y la palabra prohibido no va con nosotros». Pero el futuro lo ve oscuro, como el cantar, apunta. «A ver si se le da un giro y cambia, porque lo veo un poco triste». Y señala como perjudicial para la animación nocturna del ferial lo arraigado y extenso de las cañas y el hecho de que no tenga aparcamientos.

«Es un problema que como no resuelvan pronto va a dejar el Berrocal para los cacharritos de los niños y las casetas siempre han sido una parte importante del ferial, de las que han disfrutado Plasencia y la comarca», concluye Hernández. También cree que de haber tenido unas instalaciones fijas habría contribuido a que vivieran más peñas. «Hubiera sido un beneficio para el Ayuntamiento y para los caseteros y no hubieran desaparecido tantas».