UNA CONDESA ENAMORADA DEL CAMPO BRAVO

«Creo que debería haber más mujeres ganaderas, espero que alguna de mis nietas continúe con esta labor», explicaTeresa Morenés Urquijo lleva toda su vida vinculada al mundo ganadero, ahora a través de Parladé

ESTEFANÍA ZARALLO EZARALLO@HOY.ES
Teresa Morenés y Urquijo, condesa del Asalto, en la finca 'Monte da Lagoa', donde pastan las reses de la ganadería de Parladé. ::                             CASIMIRO/
Teresa Morenés y Urquijo, condesa del Asalto, en la finca 'Monte da Lagoa', donde pastan las reses de la ganadería de Parladé. :: CASIMIRO

Qué puede unir La Habana con el Alentejo portugués? En concreto, con una finca ubicada a un kilómetro de la frontera con España, junto al término de Valencia del Mombuey. Allí se encuentra 'Monte da Lagoa', una preciosa finca donde pastan las reses de la ganadería de Parladé. Ochocientas hectáreas de dehesa que se muestran en todo su esplendor a pesar de ser aún invierno. El campo se presenta verde y el agua abunda en la explotación ganadera donde vacas, becerros o novillos conviven junto a las grullas que permanecen en la región antes de regresar a Europa.

Hasta allí nos desplazamos para conocer a María Teresa Morenés Urquijo, condesa del Asalto. Debe su título nobiliario a un antepasado que vivió en el siglo XVIII. En 1763, cuando La Habana era una de las ciudades más importantes del imperio español, los ingleses estaban interesados en ella y trataron de conquistarla en varias ocasiones, pero era imposible acceder por agua, pues el puerto estaba muy protegido. De ahí que decidiesen entrar por tierra, dinamitando el Castillo del Morro, donde estaba como jefe un capitán de navío español llamado Velasco. En el puerto estaba el Marqués de González, antepasado de María Teresa que pidió que le trasladasen al castillo, donde murió en el asalto. Por esta hazaña, uno fue nombrado marqués de Velasco y el otro conde del Asalto, título que hoy ostenta María Teresa. Con ella charlamos sobre el mundo del toro y la ganadería de bravo, que conoce de primera mano pues desde hace más de 40 años ha estado vinculada a ella tras su matrimonio con Juan Pedro Domecq.

-Con la temporada a punto de comenzar, ¿habrá una buena camada de Parladé este año?

-Climatológicamente, hasta ahora, el año ha sido muy bueno. Ha llovido un montón y la hierba ha crecido mucho. Debería seguir lloviendo,pero eso solo lo sabe el de arriba...

-¿Cuántas corridas tienen apartadas este año?

-Alrededor de seis.

-¿Se sabe alguno de sus destinos?

-Muchas veces las cosas cambian al final pero algo habrá por aquí, por Extremadura, algo por Madrid, Málaga, El Puerto de Santa María, Ciudad Real y alguna más pequeña. Habrá 'parladés' por toda España.

-Ya habrán tentado...

-Sí, el otro día estuvimos tentando dos novillos y dos eralas y salieron estupendos. De hecho se tentó un novillo que salió con una fuerza tremenda. Esperamos que salga todo bien.

-¿Cómo valoraría la pasada campaña de Parladé?

-Fue una temporada media, tirando para buena, pues acabó con un indulto en Torremolinos. Se cortaron orejas, los toros se movieron y aunque no fue un año excelente, no estuvo nada mal.

-Un indulto debe ser la mayor satisfacción para una ganadería...

-Claro que sí, es lo que más llena de orgullo a un ganadero, que te devuelvan un toro vivo al corral porque se haya ganado la vida en la plaza. Me parece maravilloso. Un toro que haya destacado por su bravura y calidad es impresionante, y vivirlo en la plaza es emocionante.

-¿Le gusta asistir a los festejos?

-Se pasan muchos nervios, pero a mí me encanta ir, tanto a las mías como a las de cualquier hierro de la familia. Las disfruto mucho porque conozco la manera de embestir de los toros. Aunque debo reconocer que vives con mucha tensión porque estás de cara al público y 'hablando' con la gente.

-Cuando sale un toro manso, que no embiste ni se deja torear, debe ser uno de los peores momentos.

-Uffff... Por Dios... Por supuesto. Esos días salgo con dolor de cuello de empujar para ayudarles a embestir, apretando con ellos. Se vive una tensión tremenda, pero compensan los momentos de triunfos. Eso es la gloria.

-¿Cómo comenzó su vinculación con el campo y el ganado bravo?

-Cuando me casé con Juan Pedro Domecq, pero antes, tanto la familia de mi padre como la de mi madre, han tenido relación con el campo y el ganado. Soy sobrina nieta de Juan Manuel Urquijo, que tenía la ganadería de Urquijo, y mi abuela paterna era hermana del Duque de Veragua.

-Toda una vida.

-Siempre he estado vinculada al campo. Mi familia materna además es muy cazadora y muy campera. Luego me casé con 19 años y seguí, y ahora continuo con mis hijos. El mayor tiene 42, así que llevo más de cuatro décadas vinculada.

-Desde fuera no se conoce realmente la profesión, ¿no cree?

-Hay que meterse dentro para apreciarlo y disfrutarlo. Si no te quedas en el que el toro sale a la plaza, que a veces se cae, que otras embiste... Hay que estar dentro para ver cómo es la crianza, la selección, echarle a cada semental las vacas que le van para su estilo y esperar cuatro años para ver resultados.

-¿El ganadero debe tener un don especial?

-Sin duda. Tienes que ver cada semental, analizarlo, ver cómo se comporta... Aquí estás seleccionando comportamientos, caracteres. Si los humanos tenemos el mismo padre y la misma madre y somos distintos de nuestros hermanos, los toros de una misma familia pueden ser uno de vuelta al ruedo y otro manso.

-El problema es que hay que esperar años para ver resultados...

-Es toda una vida la que tienes que dedicar a conseguir implantar tu tipo de toro ideal.

-¿Cuál es el tipo ideal de esta casa?

-Un toro bonito. No es uno de esos con pitones inmensos, sino con cara bonita, pitones bien colocados, fino y sobre todo que metan mucho la cara y que tengan gran toreabilidad.

-El toro de Parladé es encaste Domecq, el que más se anuncia en las ferias y en el que predomina en los carteles.

-Así es. Creo que se debe a la labor del ganadero Juan Pedro Domecq y Díez, que era mi suegro, y a sus hermanos Salvador, Perico y Álvaro, que consiguieron el toro que se buscaba para este tipo de toreo que la gente quiere hoy en día. En los últimos años, todo el que ha querido hacerse ganadero o mejorar su ganadería, ha comprado sementales o vacas de Domecq.

-También es el encaste que más se critica porque no transmite emoción...

-Sí. Creo que buscando esa facilidad para el toreo ha perdido un poco de fiereza. Son dos caracteres que se van empujando uno al otro. Si se queda la toreabilidad, se pierde fiereza. Hay que volver a recuperarla y eso debe ser a través de los sementales que la tengan.

-Estos toros se crían en el Alentejo, cerca de Extremadura. ¿Cómo ve las ganaderías de la región?

-Hoy en día muchas ganaderías de Andalucía y Salamanca se han venido a Extremadura en busca de dehesas, porque son el hábitat del toro, que necesita terreno y buena comida. Eso es lo que hay en Extremadura porque en Andalucía han labrado mucho las tierras y se han implantado cultivos mientras que aquí se ha mantenido la dehesa.

-En parte gracias al toro bravo...

-Gracias al toro y al cerdo ibérico. Si no, la dehesa no tendría sentido y habría desaparecido como lo ha hecho en otros sitios cuando ha llegado el tractor y la pala.

-Se dice que conocer la vida del toro en el campo ayuda a respetarlo o, al menos, a no atacarlo.

-Cuando ves cómo el toro nace y vive en el campo, con el mimo con el que se lo trata y cómo se conoce a cada uno por su nombre y número... Es una delicia. Ahora he criado a biberón a un becerro al que se le murió la madre y no quiero ni pensar cómo me pondré el día que salga a la plaza. Quizás llore.

-Es usted una gran aficionada.

-Llevo acudiendo a los toros desde que tenía 14 años con la familia de mi madre o con amigos. Me veo cada año unas 60 u 80 corridas junto a otras amigas. Me lo paso bien.

-¿Ha cambiado mucho el mundo del toro en los últimos años?

-El toreo ha ido a mejor. El mundo del toro tristemente está un poco anquilosado a nivel de espectáculo. De ahí, que el paso a Cultura me parezca una maravilla, pues es puro arte y tiene que estar donde se sienta representado. Me gustaría que el toreo fuese como en Francia, que una comisión decidiese la corrida y fuese esa la que se lidiase. Aquí van a una corrida los toros y los pueden echar para atrás cuando, si el ganadero la ha seleccionado, es porque es la mejor para ese sitio. Y si sale mal, que no vuelva.

-Como mujer, ¿cómo ve la incorporación femenina a la tauromaquia?

-A mí la mujer como torera no me gusta porque yo creo que su anatomía no le va al toreo. Un traje de luces no le sienta bien. Creo que se puede incorporar desde lo suyo, desde la sensibilidad o la afición. Debería haber más mujeres ganaderas porque es un mundo machista y debería abrirse más. Hay mujeres ganaderas con mucho éxito.

-¿Por qué hay pocas mujeres ganaderas?

-No sé. Es un mundo duro y brusco que quizás no está hecho para la feminidad. Pero tiene que abrirse.

-Quizás la mujer no tiene esa 'locura' que le achacan al ganadero para embarcarse en una profesión que da pérdidas económicas...

-Eso es cierto. Antes se ganaba algo, pero hoy en día con no perder ya estás contento. Tienes que tener otro tipo de trabajo y la ganadería casi por afición.

-¿Eso hace que peligren las ganaderías de reses bravas?

-Hoy en día se está luchando mucho para que no peligre. Habría que incorporar jóvenes para que aprencien la belleza de este mundo.

-Está demasiado cerrado en sí mismo, ¿no cree?

-Sí, pero eso es negativo. Hay que abrirse y enseñar lo que se tiene y lo que se hace.

-¿Así se superaría la crisis del toro o esto ya no tiene solución?

-Tiene solución. Creo que hay que atraer público. Hay muchos espectáculos de música o de teatro y eso es competencia. Hay que espabilarse y saber venderse mejor.

-¿Sus nietos son aficionados?

-Sí, tengo ocho y les gusta.

-¿Los ve como ganaderos?

-Espero que haya ganaderos y ganaderas. Hay seis niñas y dos niños y espero que alguna salga ganadera. Lo que más me gustaría es que continuasen.

-O como toreros... ¿le daría miedo o le haría ilusión?

-Sé lo que es sufrir porque tengo amigas que son esposas de toreros, pero hoy en día puede suceder un percance en cualquier momento. Mi hijo, el que falleció, toreaba muy bien, mejor que muchos toreros que he visto, y yo disfrutaba mucho viéndole torear en los tentaderos. No me daba miedo, me gustaba.

-¿Y usted se ha puesto alguna vez delante?

-Al alimón muchas veces. La última vez mi hija había organizado una capea y no salía nadie, así que me animé yo. No me di cuenta de que me había descubierto y me dio un empujón que me tiró al suelo. Luego he toreado una vaca que me regalaron y le di unos pases. Me dijeron cómo se tenía que hacer y lo hice. Como tengo valor y me quedo quieta pues ya está. Quedarse quieta es lo fundamental.

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