Sin pan, sin periódico y sin cañas

Técnicos del Ayuntamiento están revisando el barrio de cara a una recepción que anuncian para este mes Después de ocho años, los vecinos del Residencial Universidad continúan sin comercios ni bares

JOSÉ MANUEL MARTÍNCÁCERES.
Sin pan, sin periódico y sin cañas

«Muchos días me toca comer pan duro», dice entre risas Pedro Valares, uno de los vecinos del Residencial Universidad.

Los primeros inquilinos de la urbanización se instalaron en sus casas en el año 2003. Casi ocho años después, en febrero de 2011, siguen sin tener cerca de sus domicilios ningún local comercial.

Los vecinos no pueden comprar el periódico o tomarse una caña sin coger el coche. Todas las cosas que el resto de los ciudadanos de Cáceres hacen diariamente sin necesidad de planificación, ellos deben tenerlas pensadas de antemano. Si van a comprar y se les olvida algún producto, la solución no es tan sencilla como doblar la esquina de nuevo y entrar en la panadería, la mayoría de las veces supone comer sin pan. «Tenemos el congelador repleto, hay que ser previsores», bromea José Luís Naranjo, otro de los vecinos. Igualmente, acercarse al bar a ver el fútbol o a tomar un vino no es algo que puedan decidir espontáneamente.

«Lo más necesario es una cafetería y una multitienda en la que podamos comprar artículos de primera necesidad», pide Valares. «Para todo tenemos que desplazarnos al centro», añade Michael Iglesias, uno de los jóvenes que vive en el residencial, que se alegra de haber superado los 18 años y disponer de coche.

Ahora, los locales van a pasar a propiedad del Ayuntamiento, a pesar de que el residencial todavía no ha sido recepcionado. «Las escrituras ya están en notaría», dice el presidente vecinal. La posibilidad de que se abran comercios en la zona será una realidad. Sin embargo, las licitaciones y los concursos retrasarán su apertura. El proceso para que se instalen negocios tiene dos vías o mediante alquiler de los locales o por enajenación. «Lo más probable es que se haga una enajenación de bienes mediante subasta pública», explica Miguel López, concejal de Obras e Infraestructuras.

A pesar de la previsible lentitud de los procesos, se trata de una buena noticia para el barrio, la segunda en pocos días, ya que la semana pasada un auto judicial legalizó la urbanización.

La recepción del residencial es otra historia. «Los técnicos del Ayuntamiento están revisando el barrio para detectar posibles deficiencias», afirma López. Una vez que realicen su trabajo y Magenta subsane las deficiencias encontradas se procederá a la recepción, pero no hay una fecha fija para ello.

El colector

Una de las quejas vecinales más repetidas es el olor de los desagües con los cambios de tiempo. «Hay una conexión pendiente de hacer pero es la empresa la que debe solucionarlo», reconoce López.

En el residencial Universidad viven unas 500 familias. Es un núcleo de población importante pero no lo suficientemente grande como para tener comercios de todo tipo. «Somos conscientes de que una farmacia o un estanco va a ser casi imposible que se instalen aquí», reconoce Naranjo. Una vez que los locales estén disponibles la pelota vuela hasta el tejado de los empresarios, que son los que deben decidir si es o no rentable instalar un negocio en la zona.

Para realizar operaciones bancarias los vecinos de la urbanización también tiene que coger el coche. Hasta cierto punto es lógico que no se instale una oficina en el barrio, pero tampoco hay cajero automático y los vecinos no son nada optimistas con que lo haya algún día. «No creo que nos pongan un cajero aquí», asume Valares.

Los desplazamientos de los residentes a otras zonas de la ciudad son constantes. «Tenemos que ir a Pinilla a comprar el pan, si vas andando es peligroso porque la carretera es estrecha», dice Luis Fernando García Figueroa, presidente de la Asociación de Vecinos. La situación de los accesos es el principal problema que tiene la urbanización, según la mayor parte de los vecinos. Al residencial se pude acceder por dos vías diferentes, por la entrada de la circunvalación y por la zona opuesta, que tiene la denominación de camino. El acceso de la circunvalación es estrecho y pasan dos coches con dificultad, además no tiene ningún acerado para los peatones. La situación del camino que une el barrio con Puente Vadillo no es mejor, es más estrecha y carece de alumbrado. «Espero que se solucione pronto», pide Figueroa.

Los residentes reconocen que ya se han acostumbrado a los pequeños contratiempos y que con planificación se resuelven la mayoría de los problemas. La recepción del residencial y la instalacion de negocios son problemas en vías de solución y que el tiempo debe solventar.

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