Los hijos de Carvalho y Ricardo Méndez

La nueva hornada de la novela negra española da un salto y amplía su geografía, los protagonistas y las atmósferas Los escritores dudan del efecto de la crisis en el género

CRISTIAN REINOBARCELONA.

La novela negra española ya es todo un clásico. Figuras como Manuel Vázquez Montalbán o Francisco González Ledesma, con sus criaturas Pepe Carvalho y Ricardo Méndez, sentaron las bases de un género del que ahora bebe la nueva hornada de escritores. Leo Coyote, Xavier B. Fernández, Vanessa Montfort, José Luis Muñoz o Eduard Pascual, entre otros, no comparten generación (van de la treintena a la cincuentena), pero son algunas de las actuales figuras que brillan con luz propia en el universo de contar historias sangrientas, policíacas o escabrosas. Veneran a los clásicos, pero le han dado una vuelta más a la estructura clásica del género. Estos autores amplían las geografías de sus acciones, los protagonistas y las atmósferas que envuelven sus páginas. Y por supuesto, en sus últimos trabajos echan mano de los viejos elementos del género como el sexo, el jazz, las fronteras, el juego y los investigadores clásicos de gabardina y pregunta puerta a puerta.

Sobre lo que no se ponen de acuerdo, sentados en una mesa redonda en la semana de la novela negra de Barcelona, es en el papel que deben jugar los escritores de historias con sangre e investigación. «El género tiene vocación realista», afirma José Luis Muñoz (Salamanca, 1951). Con más de 20 libros a sus espaldas, algunos de ellos de contenido erótico, Muñoz asegura que «no pretende pontificar» con sus relatos, pero inconscientemente mete ideología. «Atravesamos un momento terrible y esto debería tener reflejo en la novela negra», señala convencido.

La madrileña Vanessa Montfort (1975), con cinco novelas y seis obras de teatro bajo el brazo, discrepa. «No somos cronistas, somos novelistas. No tenemos la obligación de hacer crítica de la realidad. Esa no es nuestra obligación», apunta. «La novela negra tiene una vocación estética más que de contar la realidad», indica Xavier B. Fernández (Barcelona, 1960).

Prensa negra

Leo Coyote (Lugo, 1958) se queda en un lugar intermedio. «La autentica novela negra la leemos todos los días en la prensa», dice. «Los escritores de género criminal podemos permitirnos el lujo de decir lo que queramos, somos impunes, porque no nos toman en serio», afirma. Coyote, cuyo nombre auténtico es Anselmo Pérez, comparte con Montfort el hecho de que una frase le sirve para arrancar la trama de su último libro, 'Otro día en el paraíso'. La cita del escritor de novela negra Donald Westlake, «todo empezó de manera bastante inocente, yo quería echar un polvo», Coyote la adapta por un «todo empezó cuando le dimos por culo».

Montfort, por su parte, se encontraba en Nueva York medio perdida en la gran ciudad y con el mapa en la mano cuando un viandante le soltó: «Nueva York es un estado mental, los mapas no sirven». «Ahí ya tenía el arranque de la historia», relata. Un libro, 'Mitología de Nueva York', que se lo dedica a su madre, criminóloga, que le dejaba ver películas que no debía cuando era pequeña. Ahí empezó a familiarizarse con las vísceras. Eduard Pascual (Barcelona, 1965) lo ha tenido aún más fácil, porque es mosso d'esquadra y conoce los mecanismos y los entresijos de una investigación policial de verdad.

En su último libro tributa un merecido homenaje al «maestro» Vázquez Montalbán, el mismo que le rinde Fernández a González Ledesma en su libro. «A mí me gustan los personajes que matan por motivos entendibles, pero no justificables, como los gánsteres, que lo hacen porque tienen que hacerlo», asegura Xavier B. Fernández. «Nos movemos no entre el blanco y el negro, sino entre distintos tonos del gris», añade. «Todos somos asesinos en potencia si se dan las circunstancias para ello, como por ejemplo, si hay que defender la vida; lo que no tenemos es el placer por matar que tienen los criminales en serie», afirma Pascual.

Esta circunstancia la conoce bien, ya que estuvo en la investigación de un camionero alemán que estranguló a cinco prostitutas, tres en España y dos en Francia, en sus viajes entre 1999 y 2006 por Europa. «A pesar de las atrocidades que salen en nuestras novelas, somos gente muy agradable», concluye con sorna José Luis Muñoz. Todos coinciden en que el futuro del género está asegurado.