Dehesa en peligro de extinción

La seca de la encina y la silenciosa son enfermedades crónicas en la región Se estima que el 80 por ciento de la extremeña está envejecida

JESÚS CONDEBADAJOZ.
Dehesas muertas en las Vegas Altas. ::                             J.C.D./
Dehesas muertas en las Vegas Altas. :: J.C.D.

Árboles enfermos. Encinas y alcornoques secos. La imagen comienza a ser demasiado habitual en la dehesa. Un recorrido por las hermosas masas arboladas extremeñas muestra ejemplares amarillos y troncos partidos.

La seca de la encina y la plaga de la silenciosa acechan el campo. Lo hacen con intensidad en las más emblemáticas, como las de Jerez de los Caballeros, Montánchez o Sierra de San Pedro. Expertos y ecologistas coinciden en un hecho: la dehesa está envejecida.

La presencia mayoritaria de ejemplares envejecidos provoca la muerte de los árboles y compromete su salud. Los árboles ancianos son más susceptibles de enfermar y terminan muriendo. El alga australiana de la fitóftora y la plaga de la silenciosa se convierten en enemigos de este ecosistema. En la dehesa han convivido durante siglos en armonía el hombre y la naturaleza, y ahora se encuentra en peligro de extinción.

El doctor José del Moral, de la finca La Orden-Valdesequera, estima que el 80% de la dehesa extremeña está envejecida. Se trata de un porcentaje demasiado elevado. Los ejemplares de más de 150 años inundan las fincas y la presencia de matas jóvenes, que regeneren el campo, no abundan.

La lucha contra los principales enemigos de la dehesa centra los esfuerzos de la finca La Orden. Del Moral estudia el comportamiento de la silenciosa, una plaga que mata a los árboles. Este experto estima que el 20% de estos sistemas de producción naturales están infectados por el parásito Cerambyx welensii.

Los datos proceden de un muestreo realizado en Extremadura en 30.000 ejemplares al azar y determinan que el problema es «severo», destaca. «Hay que valorar muy bien este agrosistema y establecer medidas de protección iguales a los que se aplican a la catedral de Milán o Altamira», según Del Moral. Este recuerda que la dehesa está considerada por Naciones Unidas como sistema «único».

Los efectos de la silenciosa desconciertan. El árbol está sano en apariencia y en cuestión de 24 horas aparece partido en dos pedazos, con la madera desgastada en su interior. Se trata de una dolencia parecida a la que sufren los enfermos de osteoporosis. Aparentemente una persona mayor está sana, pero un día se fractura la cadera por el desgaste de sus huesos.

En este caso el deterioro de la dehesa está provocado por las galerías que taladra la silenciosa en el interior de los troncos. Para José del Moral sus efectos son «más drásticos» que los que genera la seca. Hay que tener en cuenta que el Cerambyx es el insecto más grande de la península y puede llegar a vivir cuatro años. Sus poblaciones son reducidas, pero causan mucho daño.

Las últimas investigaciones ofrecen un halo de luz. Los expertos han detectado que los insectos se sienten atraídos por el vino fermentado, que se usa como cebo para capturarlos. También les atraen los melones, piñas o peras. Por ello, los expertos se apresuran en detectar la molécula o enzima que comparten todos estos alimentos.

La seca de la encina

Existe otra enfermedad mortal en la dehesa, se trata de la seca de la encina, que debilita los árboles de manera progresiva. Sus efectos son visibles a simple vista, las copas de los árboles se quedan mustios y adquieren un color cobrizo.

Los ejemplares más adultos, sobre todo las encinas, son más vulnerables. En la actualidad su afección es reducida si tenemos en cuenta que los científicos han determinado que la seca afecta a un 1% de la masa forestal extremeña.

Uno de los agentes determinantes es la fitóftora, un hongo australiano presente en las raíces de encinas y alcornoques que causa su muerte. Afecta a otras especies, como robles, jaras y brezos. El hongo provoca su debilitamiento y se reproduce con especial facilidad en los suelos silíceos, como los que encontramos en Extremadura.

Ángel Acedo, biólogo del Instituto del Corcho y la Madera (Iprocor) explica que se han detectado hasta 400 focos de dehesa extremeña afectados por la seca. Entre un 30 y un 80% de ellos podrían estar infectados por la fitóftora. Los focos afectados por la seca se extienden por toda la comunidad. Ribera del Tajo, Sierra de San Pedro, Valle del Ambroz, Campo Arañuelo, Las Villuercas, Vegas del Guadiana y Dehesa Suroeste son algunas de las zonas que presentan especiales concentraciones.

Las sequías y los terrenos inundados por el regadío influyen en la seca de manera determinante. El sistema de producción de dehesa y las vegas no son nada amigos, teniendo en cuenta que los árboles mediterráneos se han adaptado a unas condiciones climáticas secas e improductivas, explica Iprocor.

Cabe destacar que la fitóftora llega a las raíces de los árboles con especial facilidad en condiciones de calor y humedad. Los terrenos de las Vegas Altas y Bajas el Guadiana, saturados por el agua, presentan más casos de seca.

Un tercer agente implicado, pero no por ello menos importante, es la maquinaria pesada en los trabajos de labranza de la dehesa, que ha favorecido el transporte de tierra.

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