Flamenco en estado puro

La internacionalización del flamenco se ha debido en buena medida a la mirada extranjera

MARTÍN CARRASCO MARTIN-ARTE@HOTMAIL.COM
David George. Joven gitano sin identificar bailando al amanecer. Feria de Sevilla./
David George. Joven gitano sin identificar bailando al amanecer. Feria de Sevilla.

Lo primero que llama la atención en Flamenco Project, la exposición que pueden visitar en el MEIAC de Badajoz, es que no hay una búsqueda esteticista, es más, no creo que haya búsquedas, tan sólo 'encuentros': extranjeros amantes del flamenco que se dejaron llevar por sus miradas curiosas, limpias, de ahí la fascinación que ejerce sobre nosotros la naturalidad de estas fotografías, en las que prima la componente humana. No en vano la mayoría de estos autores no eran fotógrafos profesionales, salvo George Krause, Daniel Seymour y Steve Kahn, este último es uno de los comisarios y también protagonista de la muestra, pues vino en 1967 a España con una beca para aprender guitarra flamenca. y el resultado es el que están viendo, «Flamenco Project -defiende Kahn- da fe de un fecundo intercambio creativo, cultural y personal que afectó las vidas de todos los que se vieron envueltos en él. Los extranjeros éramos alumnos de guitarra y cante, etnomusicólogos, artistas, aficionados autoproclamados, o simplemente compañeros de viaje. No había un lugar mejor para quienquiera que se hallase en sintonía con el poder e integridad de la música y el aire de Andalucía».

Imágenes familiares, auténticas... Para entrar en situación es conveniente ponerse unos audios y 'asistir' a una fiesta en Morón de la Frontera, en Casa de Enrique Méndez, en la que participan Diego de la Gloria, El Perrate de Utrera, Fernandillo de Morón, Curro Mairena y, a la guitarra, Diego del Gastor, todo un mito. Es el año 1967. Y los tópicos se cumplen. Cuando escuché por primera vez estas grabaciones en Sevilla, en la sala Imagen de Cajasol, me vi rodeado de 'guiris' que asentían con la cabeza y llevaban a su manera el ritmo con los pies, aunque Ignacio González, otro de los comisarios, me matiza: «Lo que más sorprende de Flamenco Project es que no cae en el tópico. No hay nada más auténtico que una fotografía familiar, y esto es lo que descubrirá el visitante: imágenes muy familiares. Los gitanos suelen guardar las distancias y aquí sin embargo no lo hacen, su cercanía es sorprendente. El tópico lo queremos ver nosotros». En este mismo sentido abunda Francisco del Río, «La fotografía flamenca de producción nacional se centra en la búsqueda del instante decisivo de la interpretación del artista, pero falta el contexto, la familia, lo más íntimo», algo que sin duda ofrecen estas instantáneas.

Un viaje luminoso. De igual modo me detengo en el documental Flamenco: un viaje personal dirigido por Tao Ruspoll, donde éste se introduce de lleno en el mundo del flamenco, un viaje que resulta especialmente luminoso por el choque entre lo vernáculo y lo extranjero y las consiguientes revelaciones que surgen del mismo, en el que no faltan situaciones jocosas, bellas metáforas, y el habitual lenguaje sentencioso, tipo «el flamenco es 'arrecogerse' y escuchar' o los multimillonarios no sienten porque no han 'padecío'». Ahí es nada., y es que Flamenco Project. Una ventana a la visión extranjera. 1960-1985 es un documento antropológico de primerísimo orden, en el que las imágenes obedecen a un sentido de verdad cotidiano.

Flamencología. Una cotidianidad que nos devuelve el magnífico cortometraje Flamencología (hacia 1970), de Danny Seymour, que en apenas quince minutos condensa la magia de aquella época, desde una mirada intencionada, canallesca, que conoce 'lo canalla'; aquí cabe la exageración. y nos quedamos cortos, sobretodo cuando escuchamos La Marsellesa tocada por Diego del Gastor, entonces logramos entender eso que llaman la hondura y el duende, que continúa en unas fotografías verdaderamente poderosas, como la de Diego del Gastor en Casa Pepe (1967) de Steve Kahn, de una elegancia natural; o la que refleja el porte del cantaor Luis Torres 'Joselero' (ca. 1970) de Daniel Seymour; o la portentosa de Aurora Vargas y Juan del Gastor en la Feria de Sevilla (1984), de Jane Grossenbacher.

Lo dicho, flamenco en estado puro.