COMER EN CARCABOSO

J. R. ALONSO DE LA TORRE

La semana pasada estrené la nueva autovía que llevará a Portugal por Moraleja, pero que por ahora solo llega a Galisteo. Esa zona de la provincia de Cáceres suele ser poco visitada y esta marginación le otorga el encanto de la sorpresa. Galisteo, por ejemplo, es un pueblo que siempre agrada: su muralla, sus calles, su tranquilidad. Después cogí la carretera de Aldehuela de Jerte, un pueblecito de 300 habitantes al que vas adrede o vas de paso a Carcaboso. Aldehuela está al lado del río que le da nombre. La orilla del Jerte está llena de árboles y en la soledad del bosquecillo se posan rapaces y garzas confiadas que tardan en reponerse de tu inesperada visita. Les cuesta superar la pereza y levantar el vuelo, pero lo hacen majestuosas, recortándose contra un farallón que se levanta en la orilla oriental del río. Una carretera tranquila lleva hasta Carcaboso, ya en la ruta de Plasencia a Montehermoso, un pueblo con restos romanos, cierta vidilla y 1.118 habitantes, 140 más que hace tres años. Carcaboso tiene tradición mesonera. El Catastro de Ensenada especificaba que en 1752 había en el pueblo seis mesones y una taberna de vino. Esa tradición la recogen diversos bares y restaurantes. En la carretera está el Ciudad de Cáparra, un establecimiento muy agradable con buen restaurante. Sirve un menú del día de esos largos: una decena de primeros y una decena de segundos con café, pan, bebida y postre por nueve euros. Te ponen un aperitivo de patatas con mojo, te atienden muy bien y te vas encantado de Carcaboso.