Resignación y calma en los bares sin el cigarrillo

Los recintos cerrados han bajado sus ventas y algunos hosteleros piensan en despidos Quioscos y terrazas al aire libre hacen su 'agosto' en Extremadura tras la entrada de la nueva Ley Antitabaco

JESÚS CONDEBADAJOZ.
Las terrazas cubiertas se han convertido en un lugar de reunión para los fumadores extremeños::                             BRÍGIDO/
Las terrazas cubiertas se han convertido en un lugar de reunión para los fumadores extremeños:: BRÍGIDO

Cinco días después de la entrada en vigor de la nueva Ley Antitabaco la normalidad parece la tónica general en bares y restaurantes. El incidente de Montehermoso, donde el dueño de una bolera resultó herido como consecuencia de una riña iniciada por el tabaco, parece un hecho aislado. Los clientes que fuman asumen la prohibición con resignación, pero sin alterarse.

Para los hosteleros está claro. Desde que el tabaco está vetado en restaurantes y discotecas los clientes se lo piensan antes de tomar su tradicional café de media mañana o el aperitivo. Piden un vino y se van a fumar a la calle, sin repetir la segunda copa. Los extremeños, al igual que el resto de españoles, asocian el consumo de tabaco a su espacio de ocio. Los ceniceros se han esfumado, pero también los amantes de las largas conversaciones al amparo de su 'cañita', la barra de un bar y el cigarrillo.

Fernando González, camarero del bar El Triángulo de Badajoz, destaca la bajada de ingresos experimentada en su establecimiento en la última semana. Lo mismo señala Manuela León, propietaria del Mesón La Jara de Mérida. Manuela asegura que la normativa le perjudica. «Si antes eran 200 cafés, ahora son cien. Están bajando las ventas y puede ocurrir que yo, que tengo seis camareros, tenga que prescindir de dos el próximo mes», lamenta esta empresaria.

Pero no todo son quejas. Wilson López, que trabaja en un quiosco en la Plaza de España de la capital autonómica, reconoce que los ingresos se han multiplicado desde el pasado 2 de enero. Wilson ha comenzado el año trabajando más. La causa está clara: en su establecimiento los clientes pueden tomarse la copa acompañada de su cigarrillo de siempre o de su puro y «eso se nota», afirma.

En el caso de los clientes, hay de todo. Están los que respiran aliviados en los espacios libres de humo y los que manifiestan su cabreo. Pedro Rodríguez, un cliente de un bar de Badajoz, reconoce que lleva mal no poder acompañar la copa con un cigarrillo. «Se trata del rato de ocio que tenemos con los amigos y ahora se están coartando esos minutos de relajamiento», afirma.

Fernando González, otro cliente pacense, piensa que la norma es «absurda». Él no es fumador, pero no le molesta que alguien pueda hacerlo a su lado. «Las cosas son así, las leyes las hacen otros y nosotros tenemos que cumplirlas», señala.

Pero también hay clientes satisfechos, incluso algunos que fuman: Jean Marc Poirier es un fumador que ve con buenos ojos la ley que prohíbe fumar en los establecimientos hosteleros. Este francés afincado en Extremadura defiende el respeto hacia los que no lo hacen y se muestra contento. Según explica, ahora no sale oliendo a humo de los espacios cerrados, huele a café.

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