Era un prostíbulo, no una vivienda

Las características de la casa de Arroyo de San Serván no coinciden con las de la mayoría de pisos donde se hacinan los inmigrantes

J. L. AROCAMÉRIDA.
Imagen de la calle La Sierra de Arroyo, a la derecha está la casa donde vivía la chica. ::                             BRÍGIDO/
Imagen de la calle La Sierra de Arroyo, a la derecha está la casa donde vivía la chica. :: BRÍGIDO

Hay pisos 'patera', pisos que comparten trabajadores inmigrantes, y viviendas utilizadas por extranjeros para la prostitución como es el caso de Arroyo de San Serván. Mientras buena parte de la población rumana residente en Extremadura acaba de regresar a su país tras el fin de las campañas agrícolas, se ha destapado este caso que puede llevar a confundir erróneamente a inmigrantes con delincuentes.

No hay pisos 'patera' propiamente dicho en Extremadura, según María Gemio, de la asociación de ayuda al inmigrante 'Todos iguales, todos legales'. Ese concepto responde a las viviendas pensadas para alojar a trabajadores sin papeles que entran clandestinamente en España -de ahí el nombre de pateras- y lo hacen en los grandes centros de acogida y redistribución que funcionan normalmente en las principales ciudades, Madrid o Barcelona.

Pero sí hay viviendas donde se hacina un número excesivo de personas, muchas de ellas rumanas como es el caso de la fértil comarca agraria de Tierra de Barros, en cuya capital Almendralejo hay una veintena de ese tipo de pisos y con conexión natural con Arroyo de San Serván que pertenece a la misma comarca agraria.

En Almendralejo hay una zona de pisos sociales popularmente conocida como 'barrio Bucarest'. Valga como ejemplo el caso de una persona de la localidad que aunque vive fuera compró media docena de ellos a bajo precio, 12.000 euros la unidad, y se dedicó a alquilarlos a rumanos.

No suelen exceder de 70 metros de superficie y el alquiler medio es de 350 euros, pero los inquilinos subarriendan a su vez el espacio y se sacan otros 650 con lo que el rendimiento final de la vivienda alcanza perfectamente los 1.000 euros.

3.000 en Almendralejo

Los rumanos que viven en Extremadura, el 90% de ellos de etnia gitana (sólo en Almendralejo son 3.000), se asientan en campamentos, naves y pisos de ese tipo, dependiendo de la suerte, de si el patrono que les da trabajo en la finca proporciona alojamiento, y del tipo de organización social en que vivan.

Aunque en principio se hacinen en pisos por necesidad económica, ni rumanos, ni marroquíes soportan la situación mucho tiempo porque «se pelean entre ellos», afirman fuentes vecinales; disputas por quiénes aportan menos a la colectividad, o gastan más servicios comunes, acaban alejándoles.

A partir de ahí, especialmente los rumanos, se agrupan en familias extensas de abuelos, parejas (no suelen estar casados) y prole de hijos. La mitad de los rumanos que trabajan el campo extremeño, sin embargo, a estas alturas iniciales del invierno ya han vuelto a su país donde tienen su propia casa y pueden vivir cómodamente varios meses con lo ganado en la recogida de en las cosechas españolas.

Las características de la vivienda de la calle La Sierra en Arroyo de San Serván no tienen nada que ver con todo eso.

No son trabajadores más o menos estables. Se trataría más bien de un grupo de proxenetas rumanos que explotan sexualmente a compatriotas no familiares -«ellos son muy celosos de sus mujeres»- con el añadido en este caso de la menor madrileña.

Es un caso «excepcional», ajeno al comportamiento de inmigrantes que han encontrado o buscan trabajo en España. «Un grupo de desalmados» califica María Gemio, de la asociación 'Todos iguales, todos legales'.

Destacan por otro lado las pésimas condiciones de habitabilidad de las viviendas ocupadas en Arroyo de San Serván por ciudadanos rumanos, alquiladas por vecinos del pueblo despreocupados por una falta de calidad que sin embargo sí se vigila en Almendralejo, donde la Policía Local exige la salubridad y los servicios esenciales.

Estos agentes han aplicado también en algunos casos la ley de importación temporal de vehículos a coches propiedad de ciudadanos rumanos y con matrícula de Italia, un país que no hace mucho expulsó a un gran número de esos nacionales; pasado un tiempo hay que matricular el coche en España.

Una importante comunidad rumana se ha asentado recientemente muy cerca de Badajoz, en la portuguesa Campomayor, para trabajar en los frutales, de los que han desplazado a los latinoamericanos.