Moñino, el bibliófilo incansable

Almendralejo organiza una exposición que recuerda su obra

M. BARRADO TIMÓNBADAJOZ.
Moñino, el bibliófilo incansable

El Centro Cívico de Almendralejo será el marco de una exposición que a partir del 27 de octubre va a homenajear la figura del erudito Antonio Rodríguez-Moñino, uno de los más influyentes bibliógrafos españoles. La exposición coincide con el centenario del nacimiento de este intelectual extremeño en Calzadilla de los Barros y ha sido organizada por la Asociación Histórica de Almendralejo, el Ayuntamiento de la ciudad y el Centro Universitario Santa Ana.

Los fondos de la exposición provienen del material existente en la Biblioteca reunida por Mariano Fernández Daza, el noveno Marqués de la Encomienda, que fue amigo de Rodríguez-Moñino y atesoró los libros y trabajos que éste le regalaba, pero que también recorrió muchas librerías de viejo recopilando hallazgos del ingente catálogo de materias en las que trabajó el bibliófilo de Calzadilla.

Antonio Rodríguez-Moñino mostró desde adolescente una asombrosa capacidad para estudiar los más diversos aspectos culturales de la región y algunas de estas observaciones fueron publicadas como artículos en periódicos de la época.

Vivió en Madrid, donde estudió Derecho y Filosofía y Letras y en 1935 fue nombrado catedrático de instituto. Durante la guerra civil formó parte de la Junta de Protección del Patrimonio Artístico junto a nombres tan conocidos como Timoteo Pérez Rubio o Rafael Alberti y se negó a exiliarse al término de la contienda. Sus ideas republicanas hicieron que fuera depuradoy expulsado de su cátedra y la inquina del régimen franquista contra él impidió durante mucho tiempo que fuera nombrado académico de la Real Academia de la Lengua, lo que sólo ocurrió en 1968, cuando faltaban dos años para su muerte. Su biblioteca se repartió entre la Real Academia de la Lengua y la Biblioteca Pública de Cáceres.

Carmen Fernández-Daza, autora del prólogo del catálogo que acompaña a la exposición junto con Diego Santiago Parra Zamora, incide en la singularidad del fondo que va a exhibirse en Almendralejo ya que la mayor parte de las obras que escribió Antonio Rodríguez-Moñino eran ediciones de bibliófilo y por tanto tenían una tirada muy limitada, de pocos centenares de ejemplares.

De las 240 entradas sobre Rodríguez-Moñino que constan en la Biblioteca del Centro Cultural Santa Ana han pasado a formar parte de la exposición 116, componiendo un conjunto realmente curioso porque Rodríguez-Moñino gustaba de atesorar no sólo libros, sino hojas sueltas o pequeños folletos dispersos.

«Él tenía una obsesión, que es la misma que tuvo mi padre, de que las cosas se perdían y así iba a desaparecer todo el patrimonio extremeño, unas veces por desidia y otras por ignorancia. Así que lo que querían era recopilar fuentes aunque no les diese tiempo de profundizar en ellas. Como Moñino tenía esa erudición tan enorme podía intervenir en todo», cuenta Carmen Fernández-Daza.

Según relataba Mariano Fernández-Daz a su hija Carmen, Rodríguez-Moñino era un hombre en extremo generoso que no dudaba en ofrecer a sus amigos los manuscritos o ediciones raras que había conseguido. Entre ambos había 15 años de diferencia, pero eso no impidió que forjaran una profunda amistad que Carmen no duda en situar como inspiradora dela pasión que llevó al Marqués de la Encomienda a crear su valiosa biblioteca.

«Fue una amistad que nació a finales de los años 40 o principios de los 50 -explica. Mi padre conocía su obra desde muy niño a través del padre jesuita Vicente Gómez Bravo. Mi padre se puso en contacto con él cuando Moñino pasó a formar parte de la Fundación Lázaro Galdeano y a raíz de ahí fue pupilo en la cátedra que tenía Moñono en el Lyon y en las búsquedas bibliográfica».

Tras su depuración como funcionario, las instancias oficiales no dudaron en acusar a Antonio Rodríguez-Moñino hasta de sustraer objetos, cuando él mismo puso en peligro su vida por salvar el patrimonio español. De hecho, se encargaba de proteger piezas del patrimonio eclesiástico , lo cual le acarreó la ojeriza de cierta parte de la izquierda del país. «Esas acusaciones de ladrón también las sufrieron Gallardo y Menández Pelayo -recuerda Carmen Fernández-Daza. Pero mi padre decía que él era una persona extraordinariamente valiente».

En la apertura de la exposición estará presente Julia Rodríguez-Moñino, una de las sobrinas del bibliófilo que no tuvo hijos de su matrimonio con María Brey, con la que formó una pareja profundamente entregada al estudio y al trabajo.

Rafael, el hermano de Julia, fue autor de una reveladora biografía sobre Rodríguez-Moñino y ésta está preparando en la actualidad un epistolario de su tío.

Las cartas de Rodríguez-Moñino pueden aportar nuevos datos al conocimiento de la vida de este sabio extremeño. Su relación con el fallecido Marqués de la Encomienda también será importante en este aspecto ya que don Mariano tenía guardadas numerosas cartas fruto de la amistad de años entre ambos.

Según Carmen Fernández-Daza, las cartas están guardadas en alguno de los baúles llenos de documentos que la familia todavía no ha podido proceder a ordenar.

«Mi padre no tiraba nada y aún nos quedan varios baúles por revisar y no nos ha dado tiempo a encontrar las cartas. Pero mi madre me ha dicho que están allí porque, unos cinco años antes de morirse mi padre, le preguntó donde ponía las cartas de Rodríguez-Moñino y él le pidió que las dejase cerca para guardarlas».

La exposición estará abierta sólo hasta el 14 de noviembre en Almendralejo, pero los organizadores de la misma aseguran que estarían encantados de que hubiera interés en difundirla por otras localidades de la región.

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