EN LA CALLE DEL OLVIDO

Peregrinos recorriendo la Vía de la Plata entran por las traseras de Cáceres. La puerta más antigua de la ciudad da la bienvenida a un lugar único reconocido como tal por la Unesco hace más de veinte años. Tras 2000 años, la puerta ha sido testigo de múltiples acontecimientos.

TROY NAHUMKOVECINO DEL ADARVE DEL CRISTO
Calle del Adarve del Cristo. ::                             ARMANDO/
Calle del Adarve del Cristo. :: ARMANDO

Peregrinos recorriendo la Vía de la Plata entran por las traseras de Cáceres. La puerta más antigua de la ciudad da la bienvenida a un lugar único reconocido como tal por la Unesco hace más de veinte años. Tras 2000 años, la puerta ha sido testigo de múltiples acontecimientos.

Sin embargo, tras un momento de asombro, la admiración de los peregrinos se transforma en sorpresa, e incluso asco. Entre un poderoso olor a gato observan unos garabatos que ni llegan a poder ser considerados graffiti a lo largo de las piedras milenarias hechas por un sociópata sin conocimiento de ortografía. Ya pueden intentar lo que sea, que el logotipo de Cáceres 2016 no es lo que van a recordar sobre esta ciudad, sino las marcas tribales que se ven garabateadas sobre todas las superficies planas y no tan planas de la ciudad.

Lo que los peregrinos que llegan a Santiago ven nada más llegar, los cacereños lo dejan para lo último. Esta es la calle que Cáceres ha dejado en el olvido. Lo que fue una de las puertas principales de la ciudad se ha convertido en refugio de gatos, los sin techo, drogadictos, perros callejeros y los vecinos desesperados que comparten el Adarve del Cristo con ellos.

Los peregrinos que caminan por el Adarve tienen que prestar más atención en donde pisan que en los caminos montañosos que pasan en su peregrinación por la Ruta de la Plata. La calle está llena de baches profundos esperando a sorprender algún tobillo despistado. Uno de sus vecinos que lleva viviendo en el Adarve sus ochenta años de vida tiene la pierna llena de moratones debido a una caída en uno de estos baches. En una ciudad que ha sido últimamente foco de coplillas por levantar calles a doquier, la coplilla más astuta pondría en su letra cómo esta calle ha podido pasar desapercibida, se ha quedado en el olvido.

Al menos, un cacereño no se ha olvidado de esta calle, pero sus recuerdos no deben ser muy queridos. El hombre que se ocupa de limpiar las calles y que quita los hierbajos con una hoz en un intento de que la hierba no lo invada todo después de un día lluvioso. Más aún, cuando el comportamiento poco cívico de algunos cacereños ha convertido la parte antigua en un enorme pipican donde soltar los perros.

Pero lo peor es la tragedia que a lo largo de la muralla espera darse a conocer en cualquier momento.

La torre de Caleros, una torre Almohade del siglo XII fallece lentamente. Desde la calle, este bloque en medio de la muralla puede parecer una casa abandonada, pero en realidad es una de las pocas torres que se conservan en la ciudad. Si te fijas atentamente olvidas incluso que es una casa puesto que lo que ves es chocante. La puerta entreabierta sirve de invitación a los curiosos. Dentro, la basura se amontona por todas partes, atrayendo las ratas que buscan un hogar. La oscuridad proporciona a los sintecho un refugio para dormir la siesta en su camino de vuelta del comedor social convenientemente situado en la esquina. Drogadictos se aprovechan del fácil acceso para colocarse y puede que pasar la noche esperando no ser molestados por los turistas curiosos que entran pensando encontrar la lámpara de Aladino.

Las repetidas quejas de los vecinos y de la asociación de vecinos al ayuntamiento no ha servido de nada. Las continuas visitas de la Policía Nacional y Kocal tampoco. Les aguarda el próximo Camino Llano, pero no pueden hacer nada e incluso piden a los vecinos que se movilicen ellos.

Recientemente en la noche de San Jorge niños buscaban la gallina allí dentro entre basura y jeringuillas sin saber lo que se podrían encontrar y adolescentes lo usaban como cuarto de baño mientras hacían botellón en la penumbra de estas calles.

Si el riesgo de los vecinos no es suficiente para presionar al Ayuntamiento a hacer algo, quizás si lo sea el peligro de que se derrumbe encima de los que ahora moran y merodean.

Mientras escribo oigo como desvalijan la torre y como llenan sus carritos para llevarlos calle abajo y desaparecer por la misma puerta por la que entran los peregrinos. La puerta es ahora espectadora del saqueo y del olvido. En su afán de conseguir ser Capital de la Cultura 2016, lo único que van a conseguir es ser ejemplo para otras ciudades de lo que no se debe hacer, olvida

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