Un enjambre en mi armario

Antonio Morales, apicultor aficionado, es uno de los encargados de recoger las colonias de abejas, que se asientan en los sitios más insospechados La Policía Local ha recibido este año multitud de avisos para retirar enjambres en la ciudad

MARÍA FERNÁNDEZCÁCERES.
Un enjambre en mi armario

«Esto es algo precioso». Antonio Morales repite la frase una decena de veces mientras retira un enjambre de abejas que se ha asentado en una de las ramas de un árbol en la calle Cien años de soledad, en Macondo. Y no le falta razón. Este apicultor aficionado es uno de los encargados de recoger las colonias de abejas en la ciudad, que durante este último año se han multiplicado de una manera más que notable. «Si normalmente suelo retirar unos veinte, este año han sido ochenta o más», certifica.

Y es que la primavera es la época de reproducción de las abejas y en la que las colmenas alcanzan un nivel de población y de actividades altas. Valga el dato de que una abeja reina puede poner en un día de 1.500 a 3.000 huevos. Por este motivo, parte del grupo de insectos se ven obligado a desplazarse para buscar una nueva casa.

Ante la proliferación de enjambres por diferentes puntos de la ciudad, se hace necesaria la intervención del servicio especial de 'Apiurgencias', del que forma parte Morales. Policía Local, Bomberos y Conyser recurren a dicho servicio para poner una solución a los avisos de los ciudadanos. Pero no todo acaba ahí: su trabajo continúa a título particular, cuando las abejas, guiadas por su maestra, forman una colonia en alguna vivienda.

«La lástima es que el enjambre es pequeño. Será de medio millar», apunta. Y es que el día anterior, este apasionado de las abejas había estado en Valdesalor, retirando una colonia de miles de abejas en una vivienda particular. «Lo curioso es que ya había estado allí, retiré una pequeñita y al día siguiente los propietarios me vuelven a llamar. Me planto allí y descubrimos que había un enjambre de siete u ocho mil abejas que se había alojado dentro de un armario», cuenta.

Obviamente, no es la única anécdota que guarda este encantador de abejas, cada una más sorprendente que la anterior. Ha retirado enjambres alojados en buzones, en garajes, detrás de la puerta principal de una vivienda, en edificios históricos de la parte antigua y por supuesto, en parques y jardines, el caso más habitual. «Cáceres es un lugar más que acogedor para las abejas», explica Morales.

Pero sin duda lo que más le extraña es la reacción de la gente ante los enjambres. Cuenta que en una ocasión, antes de que pudiera llegar a la vivienda donde se había asentado una colonia de abejas, el inquilino había tenido una peligrosa idea: prender fuego al enjambre. «Evidentemente cuando llegué no entendía a qué venía tanta agua, pero claro, ¿cómo iba a imaginar que la señora había provocado un fuego?», relata. «Es un mundo desconocido. Las instituciones locales apenas proporcionan información a los ciudadanos sobre el tema. A la gente le asustan las abejas y mientas que no estén produciendo miel y no se les moleste, no hay peligro».

El proceso

Morales pide que se observe minuciosamente el proceso. Una organizada bola en forma de huevo cuelga de una rama. Saca su equipo de apicultor que, en este caso, tan sólo requiere la careta y una enjambrera al tratarse de la retirada menos complicada.

Si la colonia estuviera colocada en otro lugar, el método más común sería salpicar con agua para que las abejas se agrupen bien e incitar al grupo, con paciencia, a entrar a la enjambrera con el cepillo y el ahumador. No obstante, su colocación, en este caso en una rama, facilita la tarea. Morales pone la enjambrera bajo la colonia y da un golpe seco contra la rama, propiciando que el grupo acabe en el habitáculo.

La enjambrera, ya cerrada, tiene una pequeña 'puerta de atrás', un orificio rectangular por el que van entrando una a una las abejas que se han quedado fuera tras el golpe sacudido a la rama del árbol. Hay que tener en cuenta que estos insectos se caracterizan por vivir en grupos altamente organizados, constituyendo colonias formadas por varios miles de individuos, por lo que su fidelidad a la reina les lleva a seguirla y a reunirse con ella.

¿Y ahora dónde las lleva? Morales contesta: «Ahora las junto con otra colonia y en uno de mis viajes a Badajoz, de donde soy, las suelto en plena sierra, en el campo», dice. «Es mi gran afición. Me encanta desde pequeñito», asegura. «Y claro, me he llevado bastantes picaduras».