El SES estudia quitar temporalmente la receta electrónica en algunas zonas

Es para analizar por qué los médicos extienden tantas recetas, y las farmacias venden medicinas «muy por encima» de la media

JOSÉ L. AROCAMÉRIDA.
El soporte en papel (la receta electrónica está en el ordenador) de un usuario en una farmacia de Mérida. ::                             BRÍGIDO/
El soporte en papel (la receta electrónica está en el ordenador) de un usuario en una farmacia de Mérida. :: BRÍGIDO

Si las farmacias cerraran durante dos meses, no pasaría nada porque los extremeños tienen tantas medicinas guardadas en casa que sería suficiente. Esta afirmación, medio en serio medio en broma, circula por los pasillos de la segunda planta en la sede central del Servicio de Salud en Mérida, donde tiene su despacho el director gerente, Ceciliano Franco.

En estos días no deja de hacer junto a sus colaboradores cuentas y análisis porque la factura farmacéutica regional crece a un ritmo anormal que duplica la media española, un nueve por ciento frente a un cuatro y medio.

El gasto fue el año pasado un total de 359 millones de euros, 29 más que el anterior.

La receta electrónica, extendida a toda la Comunidad hace justamente un año, ha tenido buenos efectos sobre la consulta médica, descargada de papeleo y cuyos facultativos pueden emplear más tiempo en el paciente, pero en cuanto al control del gasto ha tenido el efecto contrario.

En los últimos 12 meses algunas boticas han facturado el doble que en el año anterior, y hay otras 80 que han visto aumentar sus ventas entre el 20 y el 100 por cien; la inmensa mayoría (son 700 en Extremadura) se mueven sin embargo en los límites razonables.

Se ha disparado sobre lo previsto el número de recetas facturadas en la farmacia.

Tan es así que, en parte requerido por el colectivo médico, el SES ha decidido hacer un alto y estudia eliminar provisionalmente el procedimiento de receta electrónica en algunas zonas -que Ceciliano Franco no ha querido revelar- para volver a la periódica tradicional.

«Sabíamos que 2010 iba a ser un año malo e íbamos a estar por encima de la media, pero no tanto y esto es mucho dinero». Hasta ahora el SES ha venido aplicando ajustes sucesivos de procedimiento e informáticos sin llegar al extremo de parar la electrónica, «pero sí, vamos a estudiarlo in situ en determinadas zonas».

Se trata de áreas donde las recetas abundan «muy por encima» de la media, para poder analizar desde el punto de vista de la población local qué está pasando.

El Servicio Extremeño de Salud no tira la toalla. Está convencido de la bondad del sistema electrónico y de los resultados a medio y largo plazo. Sus dirigentes esperaban un aumento del gasto porque es lo que pasó en la experiencia de comunidades anteriores, algo que remitía tres o cuatro meses después pero aquí no ha sido el caso.

El gerente del SES admite un gran pecado, el que la implantación en la Comunidad ha sido muy rápida, «de golpe», mientras en otros territorios ha sido paulatina. Esto ha hecho que las 'rendijas' del sistema hayan dejado pasar mucho frío en forma de corriente de euros.

Fallos informáticos

La herramienta informática ha tenido fallos, y clamorosos. En un momento dado el programa permitía sacar la misma medicina hasta siete veces; cuando un médico cambiaba el tratamiento, pero se olvidaba de anular el anterior, salían los dos y el paciente se llevaba a su casa dos marcas del mismo preparado farmacéutico.

Por no hablar de que en los primeros momentos como la receta electrónica abarcaba un año de tratamiento, algunos boticarios sacaron las cajas de doce meses y se las entregaron al asegurado, cosa que está «prohibida» porque la Ley de Farmacia dice que como máximo se puede entregar lo de tres meses.

El director gerente del SES reconoce igualmente que al usuario «lo hemos mareado».

Primero los tratamientos caducaban si no los retiraba en su fecha, luego no, «posteriormente de nuevo sí», asegura Cecilio Venegas, presidente del Colegio Provincial de Farmacéuticos de Badajoz. La Junta sólo concede que durante 10 días de las navidades pasadas, para proceder a «ajustes», se perdían los tratamientos.

Ceciliano Franco -su departamento está preparando una campaña informativa dirigida a la población en ese sentido-, repite que los tratamientos en electrónica no se pierden por no retirarlos en un período determinado, y que por tanto el paciente debe sacarlos sólo cuando los necesita.

Es un sistema que no funciona si no hay corresponsabilidad de las tres partes, paciente, médico y farmacéutico.

El primero, no pidiendo al facultativo más medicinas de las precisas, y sobre todo no retirándolas de la botica si no las necesita; el segundo, en opinión del SES, no debería incluir en el documento electrónico medicamentos que no son crónicos sino de toma esporádica y a demanda, y el tercero, el boticario, sería bueno que ejerciera su papel de consejero farmacéutico si advierte que las posologías no son las convenientes, resume Ceciliano Franco.

Carlos Arjona, presidente del Colegio Provincial de Médicos en Cáceres, admite la posibilidad de que haya algún error en la prescripción por parte del facultativo, pero acusa al SES de no haberles informado de que había otras medicinas que no se debían incluir en receta de crónicos aparte de gotas, jarabes y pomadas. «El colegio está dispuesto a informar a todos los médicos para mejorar la prescripción si se nos hacen llegar esas normas».

Su compañero Pedro Hidalgo, del Colegio de Badajoz, sostiene que los médicos no prescriben más cantidad que antes, y que el error está en la dispensación y la retirada excesiva de preparados, aunque afortunadamente no se consumen porque si no «la población extremeña estaría intoxicada», una afirmación en la que los directivos del SES están totalmente de acuerdo.

«La electrónica no es una cartilla de racionamiento, sino de regulación del tratamiento», añade Hidalgo, que recuerda que avisaron al SES de lo que iba a pasar.

Todas las partes están sin embargo de acuerdo en que es una herramienta magnífica que hay que perfeccionar porque «si al final no funciona», advierte preocupado Pedro Hidalgo, «va a ser la ruina del sistema sanitario público».