«Irlanda recuerda a la Armada Invencible»

Ha situado a sus personajes en uno de los episodios más conocidos de la historia española: la derrota naval de 1588José Luis Gil Soto Escritor, autor de 'La colina de las piedras blancas'

MERCEDES BARRADO TIMÓNBADAJOZ.
José Luis Gil Soto muestra su segundo libro en el Hotel HC,  en un momento de la entrevista. ::                             CASIMIRO/
José Luis Gil Soto muestra su segundo libro en el Hotel HC, en un momento de la entrevista. :: CASIMIRO

La segunda novela de José Luis Gil Soto (Oliva de la Frontera, 1972) acaba de salir al mercado consolidando su nombre entre los escritores de novela histórica capaces de hacer revivir momentos del pasado más desconocido. Si 'La traición del rey' recreaba con rigor histórico la figura del extremeño Manuel Godoy, 'La colina de las piedras blancas' (ambas editadas por Styria) sitúa sus personajes en uno de los episodios más caricaturizados de la historia española: el desastre de la Armada Invencible, en 1588. El protagonista del libro, Rodrigo Díaz de Montiel, es un personaje inventado por Gil Soto que éste ha imaginado como uno de los naúfragos que sobrevivieron al hundimiento de la flota española frente a los acantilados irlandeses. Rodrigo viaja junto al capitán Francisco de Cuéllar, un personaje real que es autor de una carta donde se narraba lo ocurrido con aquellos desgraciados que fueron abandonados a su suerte tras el naufragio.

'La colina de las piedras blancas' quedó finalista a comienzos del año del Segundo Premio CajaGranada de Novela Histórica

-La carta Cuéllar permaneció inédita en el Archivo de Simancas hasta finales del siglo XIX. Es una carta extensa en la que narraba lo que le había sucedido tras naufragar en las costas de Irlanda. Fue de los pocos afortunados que salvó la vida. Hablar de Francisco de Cuéllar en España es hablar de nadie, pero hablar de él en Irlanda es hablar de un héroe- explica el autor.

-¿Cuales son los datos reales de esta historia?

-La pista del capitán segoviano Francisco de Cuéllar se pierde en Amberes, donde fecha la carta. La envía a España para que se sepa qué ha pasado con él, porque supone que le han dado por muerto. Casi un año después del naufragio se tiene noticia del capitán Francisco de Cuéllar. ¿Qué había pasado en ese tiempo? El capitán vivió en primera persona cómo Inglaterra había ocupado Irlanda, cómo los clanes todavía favorables al catolicismo resisten y él protagoniza la defensa de una de las fortalezas de esos clanes favorables a Felipe II. Yo cuento todo eso imaginando un soldado que lo acompaña, porque Cuéllar iba con otras ocho personas de las que no se sabe absolutamente nada. Yo imagino que una de esas personas es Rodrigo Díaz de Montiel, el protagonista de mi libro.

-¿Siguió la pista de Cuéllar en Irlanda antes de comenzar a escribir?

-No. La novela estaba prácticamente escrita con toda la documentación que había encontrado, principalmente en libros ingleses que son, como casi siempre, los que han visto nuestra historia de una forma más objetiva, menos visceral. Tras tener la novela prácticamente escrita me faltaba una pata y esa pata eran los paisajes de Irlanda y los sitios identificados por mí donde se había desarrollado la novela. Sólo faltaba ir a buscarlos. Algunos los encontré muy fácilmente porque son pueblos o castillos que todavía están en pie y otros son simples ruinas. Me adentré por caminos rurales muchos kilómetros desde las carreteras secundarias a orillas de los lagos irlandeses que son maravillosos. Otras veces estuve en acantilados que ponen los pelos de punta en medio de vendavales terribles. Visité todos esos puntos de la costa irlandesa, desde el Spanish Point como es conocido el lugar donde naufragaron los galeones San Marcos y San Esteban hasta el norte, en el condado de Donegan que es donde naufragó Francisco de Cuéllar.

Memoria popular

-Por lo que cuenta, los recuerdos de estos hechos no están sólo en lugares geográficos y monumentos, sino en la memoria popular.

-No sólo en los nombres geográficos. Allí está 'el arco de los españoles' que es de fecha anterior a la Armada Invencible porque allí existía una tradición comercial de los españoles y había una iglesia financiada por los mercaderes de España bajo la advocación de Santiago. Los irlandeses tienen la costumbre de no aglomerarse en las grandes ciudades y viven en casas en el campo, separadas unas de otras doscientos o trescientos metros y hay algunas de estas casas que llevan el nombre de galeones españoles hundidos allí. Hay una casa que es La Lavia, que es la embarcación en la que naufragó Francisco de Cuéllar. También hay un hotel magnífico en Spanish Point que es el Hotel Armada, cuyo logotipo es un galeón español. En el norte hay una ruta señalizada que es La Ruta de Cuéllar donde destacan todos los puntos por los que pasó el capitán desde que naufragó hasta que se puso a salvo camino de Escocia. Todo en la costa oeste irlandesa hace referencia a la Armada de España y y hablar de Cuéllar es decir muchas cosas. Aquí, hablar de la Armada Invencible es recordar una única frase, la de 'yo no mandé mis naves a luchar contra los elementos', que ni siquiera se sabe si realmente pronunció alguna vez Felipe II.

-Nuestra desmemoria respecto a este episodio puede estar generada por la derrota.

-Pero hasta eso es cuestionado por los propios autores ingleses. Estos dicen que no fue una derrota como tal. Sí es cierto que fue un drama personal y familiar, porque de los 30.000 hombres que iban embarcados en la Armada Invencible murieron 20.000. Eran españoles que en muchos casos eran primogénitos de las familias nobles. Se dice que no hubo familia noble que no se vistiera de luto en España después del episodio de la Armada Invencible. Pero hay autores ingleses que coinciden en que este episodio no fue un punto determinante de la historia de España porque no supuso el declive del imperio español, sino que sirvió para modernizar la flota que siguió siendo la más potente durante mucho tiempo. Las dos flotas tenían gran número de soldados y barcos y se enfrentaron en el Canal de la Mancha, un espacio relativamente reducido para lo que es el océano. Y ni siquiera hubo una batalla directa de los 130 barcos españoles contra los 100, en el principio, o 150 barcos ingleses que se juntaron al final. Fueron pequeñas escaramuzas porque los ingleses sabían del potencial de la Armada Invencible y en ningún momento buscaron la confrontación. Tenían la ventaja de que sus piezas de artillería alcanzaban más lejos pero sabían que en el abordaje llevaban las de perder porque la infantería española era la mejor del mundo. Con ciertas estratagemas consiguieron derrotar a la Armada Invencible. No fue una derrota brutal la que se produjo en el canal. El verdadero drama se produce cuando la flota regresa a España y se encuentra sin víveres, sin agua potable, con muchos barcos tocados y con los hombres totalmente desmoralizados. Al acercarse a la costa para aprovisionarse fue cuando se desataron tempestades que todos los historiadores coinciden en destacar como extraordinarias. Ello dio al traste con 62 barcos que naufragaron entre Francia, Inglaterra, Escocia e Irlanda.

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