Una gran casa en un pequeño pueblo

Dos hermanas de 66 y 74 años de edad regentan la casa rural de Berrocalejo, que fue ocupada por el bando Nacional durante la Guerra Civil

:: ELOY GARCÍA
Las hermanas a la puerta de la casa, con el patio de fondo./
Las hermanas a la puerta de la casa, con el patio de fondo.

El singular entorno que propicia la sierra de Gredos, el pantano de Valdecañas y los roquedos de Peñaflor son algunos de los atractivos que atesora la casa rural El Altozano, enclavada en uno de los municipios más pequeños de la región, Berrocalejo. De ahí que desde su apertura, a pesar de situarse fuera de las principales rutas turísticas, no le hayan faltado visitas. Al frente del establecimiento se encuentran las hermanas Dori y Pilar Martín, asociadas junto a otros cuatro familiares para hacer de lo que fue la casa familiar un establecimiento hostelero tan digno como cualquier hotel de primer nivel. La empresa -reconocen- no ha sido fácil. Pero no por que iniciaran la actividad cuando contaban 61 y 69 años de edad respectivamente, sino por los escollos propios que encuentra cualquier empresario en el día a día. «Ha sido muy arriesgado. Nos decían que era una locura, pero al final la apuesta ha salido bien», comentan orgullosas desde el patio de la casa, en el que coexisten lavaderos de piedra de mediados de siglo con una moderna piscina. «Aquí todo nos lo hemos hecho nosotras, hasta los cuadros de ganchillo», comentan riendo.

Desde finales de 1800

La construcción de la casa data de finales de 1800, tal y como reza la inscripción que aún conserva la piedra de la chimenea. También da fe del paso del tiempo el título de medicina del año 1881 que cuelga de la pared, propiedad de su bisabuelo, que fue médico y primer propietario de una casa que suma cerca de 800 metros cuadrados. Desde entonces ha ido pasando de bisabuelos a abuelos, padres. hasta ellas, que decidieron aprovechar la amplitud y singularidad de la casa.

Es Pilar quien, a sus bien llevados 74 años de edad, recuerda una casa casi recién construida. «Empecé a vivir aquí de pequeña. Fíjate si eran otros tiempos que a Santiago de Compostela teníamos que ir en diligencia», recuerda. Aquí rememora, no sin cierto pesar, que hubo una época en que no pudieron habitar la casa. «Cuando empezó la Guerra Civil el bando Nacional estableció aquí su cuartel y nos tuvimos que ir a otra casa, hasta que la Guerra se acabó, se marcharon, y pudimos regresar».

Entrados ya en el nuevo siglo y con ambas hermanas residiendo fuera, decidieron regresar a Berrocalejo e invertir en este proyecto y a su vez en su pueblo, pues no titubean al asegurar que la apertura de la casa ha supuesto que nuevos turistas puedan hospedarse en el municipio, toda vez que hasta la fecha carecían de plazas para pernoctar. «Además desde aquí les orientamos hacia donde viajar, qué visitar, rutas senderistas para hacer.», comenta Dori mientras muestra una guía de elaboración propia para repartir entre los clientes.

Ahora ambas miran el futuro con optimismo, deseando que la urbanización de lujo que se construye en la isla de Valdecañas repercuta en la comarca, aportando nuevos puestos de trabajo y poniendo en valor una de las zonas rurales mejor conservadas de Extremadura.

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